sábado, 28 de marzo de 2009

MICROCLIMAS





Imágenes de niebla



(Uno)

Un parque enrejado en el que cada noche se extravía una ciudad.

(Dos)

A veces a uno se le escapan las pisadas. Y emprenden el camino de regreso.

(Tres)

Ignoramos si has marchado a buscarte a otro lado. Mas sabemos que al irte, te has olvidado de ti.

(Cuatro)

Ella caminaba hacia sí misma todos los días. Iba despacio. No tenía apuro. Pero antes de llegar siempre el espejo se rompía.

(Cinco)

Él decía que sus manos habían tocado alguna vez a las estrellas, mientras intentaba retratar el cielo. Yo no digo nada: moldeo la arcilla y me pongo a soñar con las estrellas.

(Seis)

Para que un condenado a muerte pueda vivir en paz lo que le resta de vida. No le diga cuándo y mátelo a traición.

(Siete)

Hay sombras en los rincones, pero ¿hay rincones en las sombras?

(Ocho)

Miro esa mancha azul que podría ser negra. La terquedad de su color es intachable. A pesar de los vaivenes de la luz se sostiene firmemente sobre la ventana, sin que ninguna intromisión del exterior la perturbe. Es un color primordial, pertenece a alguien y siempre estará vivo. Si uno descubre en este mundo cuál es su verdadero color, está salvado.

CONTRASEÑAS




Origen de una palabra

Una palabra nos remite, a la vez, al pasado y al futuro. Al pasado, porque antes de existir esa palabra, alguien tuvo que participar de un hecho y al hacerlo descubrió una determinada forma de expresarlo. Y al futuro, pues no obstante el acto previo que determinó el nacimiento de una palabra, esta también designa un acontecimiento que aún no ha ocurrido.

A pesar de carecer de un tiempo definido, la palabra sirve para definir un tiempo. Y el presente nos hace responsables de algo que no hemos cometido.



Apéndice

Nada ha sido escrito sin volver una vez más a la escena del crimen.



Pensar

Una catarsis razonable: cruzarnos de brazos, mientras el mundo se desangra y mancha la limpieza de nuestros más sucios pensamientos.



El mito en venta

Cuando el mito histórico expira, empieza entonces el comercio del mito. Allí están el saqueo y el tráfico ilegal de piezas arqueológicas. No es el contenido lo que está en juego, sino tan solo la apariencia, el valor real y prosaico de un objeto al que se ha despojado de aquello que sirvió para crearlo.



Un reo a su custodio

“Si no fuera por el laberinto, Teseo y el Minotauro hubieran sido amigos”.



Consejo de Descartes

Ejercitar las emociones, para que cuando lleguen las recibamos sin emoción alguna.



Desigualdades

La terca pretensión de ser distintos nos separa de los demás, pues en el fondo de lo que se trata es de ser iguales. Y en verdad somos iguales: desde el joven rebelde, hasta el más terrible usurero. La igualdad radica en que ambos son hombres. Lo que sucede es que aún no nos ponemos de acuerdo en lo que esa palabra significa. Si nos pusiéramos de acuerdo y decidiéramos realmente actuar como hombres, entonces dejaríamos de intentar ser distintos. El hombre sólo quería ser hombre.

Esencia

Aquello de lo que nunca debemos huir, porque nos hace libres.


Epígono

El silencio es un grito disfrazado.

viernes, 27 de marzo de 2009

"LA NOVELA TIENE UN PÚBLICO, LA POESÍA LECTORES"

En una entrevista publicada hoy por el Diario de Navarra, Luis García Montero (Granada, 1958), ha dicho: "La novela tiene público, la poesía lectores". García Montero, quien además de ser un importante poeta tiene el mérito de ser pareja de la también escritora Almudena Grandes, disertará mañana en la noche a partir de las 23.30 horas, sobre la Defensa de la literatura. Ello en Diálogos de Civican, organizado precisamente por el Diario de Navarra y la Fundación Caja Navarra.

Los invito a leer esta reveladora Entre-Vista.

LA ALHAMBRA: CUANDO EL SILENCIO NOS HABLA

La Alhambra nos habla, ¿pero qué nos dice? Esta pregunta ha recorrido siglos enteros de sueños, mitos y leyendas para detenerse ayer, al menos por un tiempo, con la presentación de la primera parte del “Corpus Epigráfico de la Alhambra”, un proyecto que devela el significado de más de 3 mil inscripciones árabes del Palacio de Comares.

Se trata de una labor asombrosa hecha realidad por un grupo de científicos que, bajo la batuta del investigador Juan Castilla del Consejo Superior de Investigaciones Cientítificas (CSIC), promovido por el Patronato de la Alambra y el Generalife, han aplicado las nuevas tecnologías de la información y la comunicación para reunir y ordenar de forma exhaustiva 3.116 inscripciones árabes del palacio de Comares, junto con sus interpretaciones en español.

Los epígrafes árabes del palacio de Comares son únicamente el 35% de las inscripciones que hay en la Alhambra, reunidos y ordenados a través de un novedoso método de recopilación con el uso de la informática, pero constituyen un paso histórico en la aproximación cada vez mayor al conocimiento de una de las más misteriosas joyas de la arquitectura del siglo XIV.

En ese siglo, en la Alhambra, llamada así por el color rojizo de sus muros («qa'lat al-Hamra'», Castillo Rojo), la corte de granada contaba con un número importante de célebres poetas. Los aposentos que el rey nazarí, Yusuf I, habitaba en el palacio de Comares, están llenos de misteriosas y deslumbrantes inscripciones en árabe clásico, que recogen poemas, sentencias, textos del Corán y jaculatorias.

Se cree que los textos podían haber sido escritos especialmente o corresponder a una etapa anterior. También se cree que los tres escritores más célebres y celabrados por la corte: Ibn al-Zayab, Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak son los autores de la mayoría de los poemas.

El trabajo se ha basado en el arte, en la minuciosidad y en el respeto que merecen todas las aproximaciones de este tipo. Los especialistas han efectuado un barrido a lo largo del palacio de Comares, han sacado fotografías de todos los textos y esta labor titánica fue solo el comienzo. Después vino la etapa de estudio, lectura, traduccción y finalmente la de catalogación con su ubicación precisa.

Presentado en la Residencia de Estudiantes de Madrid, el DVD que recoge esta primera parte acabada del proyecto, hace posible embarcarse en un recorrido virtual por el palacio y con sólo un click en el Mouse (el touch pad o solamante el tacto en la pantalla de la computadora) vislumbrar el significado que hasta ahora permanecía oculto detrás de la belleza.

Faltan aún por entregarse cuatro DVD más, con los que estará ya debidamente catalogadas las 10 mil inscripciones árabes de la Alambra. Si Alá lo permite, esta catalogación terminará en el año 2010.

Apenas divulgada la buena noticia, aparecieron los detractores, quienes dijeron que lamentablemente la imagen idílica había sido negada con la interpretación de los textos. Señalan que las citas del Corán apenas superan el 4%, mientras que los poemas alcanzan tan sólo un poco más del 2%. Los detractores, sin embargo, se adelantan en sus juicios: faltan todavía darse a conocer las interpretaciones de un 65% de lo recopilado, es decir, queda aún por delante una minuciosa y sacrificada labor que cumplir.

Y aún si fuera cierto lo que se pretende deducir con premura, cuál es el problema de que –como ellos dicen inquisitivamente- las citas se repitan o no sean muchas. “Un haiku (forma poética del Japón de tres versos de 5-7-5 sílabas) puede tener más valor que una novela de 800 páginas, dijo alguna vez un gran escritor que sabe hasta hoy exactamente lo que dijo”. ¿Cuántos equivalentes habrán a ese haiku, cuántas páginas numerosas valdrán su peso en oro o en aire? ¡Qué importa! Las incripciones en sí mismas son poemas, si sabemos qué nos dicen, será un valor más a esta joya de la arquitectura que ya lo tiene de por sí y de sobra. Al fin y al cabo, muchas veces la poesía está callada, ecuchando su propia voz, como decía Martín Adán nuestro poeta peruano.

Entonces, a un lado los aguafiestas: abramos los ojos, callémonos un momento y, aunque lo que diga no nos guste, escuchemos cómo desde el silencio de la Alhambra nos habla el pasado. La belleza es verdad y la verdad puede ser terrible, pero es bella. Aceptémonos, como debemos aceptar las diferencias.

Y quiero terminar con un poema esculpido en el borde de la taza de la fuente de El Patio de los Leones, mítico espacio construido en 1377 por Mohamed V, hijo de Yusuf I. La fuente de mármol blanco representa una de las muestras esenciales de la escultura musulmana y su restauración iniciada en el 2007, y que finalizará el 2010, es realizada también con la aplicación de las nuevas tecnologías, en este caso del escáner láser 3D (tres dimensiones) que ha sido determinante para proseguir con el proyecto que busca recobrar el sentido de lo permanente. Pero volvamos a la poesía y el texto de Ibn Zamrak, el autor detrás de la inscripción, quien dice:

«Taca en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el mirador.
¡Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son como doncellas subidas a lo alto.
Regocíjate con Ismail, por quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!»


Es la Alhambra, es Granada, es el mundo de cada uno de los seres humanos, donde hay lugar para todos. Sí, para todos. El planeta entero.




Narciso Yepes interpreta recuerdos de la Alhambra




Una de las obras más conocidas de Francisco Tárrega. Recital realizado en 1979 en el Teatro Real de Madrid.



Enrique Morente sueña la Alambra



Actuación junto a Tomatito (2007).

sábado, 21 de marzo de 2009

LOS DIOSES FUGITIVOS

En el "Día Mundial de la Poesía" quiero compatir con ustedes algunos poemas inéditos

Juan Carlos De La Fuente






TROYA ES UN CABALLO


Escucha mi nombre
escucha
el sonido de mi nombre en la pared que estalla
de estrellas liberadas
está hecho mi corazón
escucha
al caballo que entra en la ciudad
cuando la ciudad es un caballo
y sus letreros peces luminosos
ahogándose en tu luz
escucha
la ciudad es un caballo
donde
otro caballo quiere entrar
y es ella misma
convertida en enemigo
en nombre de enemigo
en lanza de agua
en fuego de puñal clavado en el centro de tu voz
escucha
tu voz
cuando no hables
cuando no calles
cuando no digas nada que no sea
sino esta sencillez ardiendo
como una pluma en el aire
como una mecha ausente
como una cicatriz que estuvo
y te recuerda
la sangre y el amor
como una guerra
escucha
mi nombre en el papel
también es un caballo sumergido
en otro caballo
y estas calles jamás aprenderán a irse
estas calles
correrán hacia adentro
buscando el árbol / el bosque / la raíz
que nos creció a todos
el punto
de luz
que
no
quiere
ver
la luz / tu luz
amigo mío cuando estallas encerrado en
una estrella
y te preguntas
te respondes
y no te preguntas más ni te respondes / callado
porque la luz es tierra y mar y cielo
al mismo tiempo
escucha
el sonido que traen las sombras
los nombres
los atajos las esquinas secretas
y dime si esto es guerra paz o solo el aire
que sostiene al mundo
sobre cerros sin tamaño
sobre muros abiertos como heridas en el cielo
has de mirar
y si no miras serás mirado por la vida
escucha
escucha la música y el destino
¡Cómo sujetan tu cuerpo / los cuerpos / la ciudad!
¡Cómo levantan los pasos caídos / las huellas olvidadas y los ecos extraviados!
escúchate a ti mismo cuando sientas
que es imposible escuchar
y que el ruido lo gobierna todo
Ausente en la presencia
el rastro antes
del hombre
el hombre antes del animal / de la semilla
de la yerba que crece a tus pies
y que muere a tus pies cuando caminas
con astros en los ojos
como piedras o caricias
como azules o negros
como terciopelos de vidrio
como barcos sobre los edificios
el caballo
¡escucha al caballo que atraviesa veloz entre tus venas!
esa es la ciudad
amigo
ese es mi nombre
y estas palabras no son para ti
y estas palabras no son para nadie.



(Del libro inédito: “Historias ajenas al acontecimiento”)




LOS DIOSES FUGITIVOS


Un rumor perseguía las olas temblorosas de tu cuerpo, Virgen Alada, y te llevaba
al corazón del hombre, a sus muros, plenamente dispuestos
alrededor de la playa.

¿De qué playa hablabas, si la playa no existía?

Virgen Alada entre barrotes encontré al arcoiris que te traía
mi posesión: la pulcra imagen de un bosque
en el que suenan tambores y silencios

de caballos.

Entraste en la penumbra como si el destino estuviera dentro de ti,
Emprendiste la Grossa fugue, el ascenso al precipicio del cielo.

Y estuvimos juntos todo el tiempo, mirando a nuestros muertos.
Sus rostros en fotos amarillentas, como semillas dispersas en las manos.
Eramos muchos entre la niebla, pero no podíamos vernos.

Sólo tú eras clara, Virgen Alada. Sólo tú sabías volar.

Habías venido de la aurora y entendías el lenguaje de los árboles.
Eras tú el guía sagrado, en la atormentada noche.

Intentamos guarecernos. El mundo era el infierno, eso decían afuera
los periódicos, la radio, la televisión que llevábamos dentro.
Nosotros, los perdidos navegantes de la tierra plana.

Plenos de fe te seguían, guerrero amarillo, pero tú no habías llegado
estabas en camino, luchando contra el espejo, la tormenta y la noche.

Enlazabas los mundos, Alada Nuestra, cruzabas los puentes rotos y
curabas las heridas de la historia. No tenías rostro aún, sólo el vuelo detenido

y el amor que dejabas.

¿Quién alertó al que nunca espera nada porque le pertenece todo?
¿Qué inédito rumor cabalgó sobre su música y despertó su corazón de espada?

Era tu cuerpo la razón y la sinrazón de la presencia, era la ausencia
revivida, el tiempo sin más venas que una sangre abandonada de minutos y relojes
descompuestos en el sol.

Entonces te miramos. Abriste tus alas, te alejaste de nosotros.

Nunca estuve allí, la muerte es el arma del tiempo para derrotar a los hombres.
Yo no era Virgen, yo no era Alada. Era sólo la mujer que acompañó tu camino, guerrero amarillo. Y que tú dejaste.

No debíamos, no podíamos perderte, pero te perdimos.
La oscuridad devoró nuestros pasos, nuestros nombres, nuestra historia, Virgen Alada.
¿Te alejaste o te perdimos?

Me perdiste. De tanto rondar a la muerte, te enamoraste de ella. Me cambiaste.
Confundido la amaste, como si fuera yo, que no era virgen ni tenía alas.

Sólo la muerte es Virgen, porque renace en cada muerto.
Sólo la muerte es Alada, porque escapó con mi corazón.




MADRE NUESTRA

(primer intento)


Sólo tengo preguntas y silencios, madre,
esta noche en la que los astros caen como pergaminos
en mis pies / y hay violencia en las calles.

Violencia de bondad.
Violencia invisible.
Violencia como negación del acto criminal y de la víctima.
Violencia del que muere a los pies de la nada.

Violencia del cordero, que despliega sus brazos para abrazar nuestra locura.

Sólo silencios.
Sólo preguntas, madre.

Y la soledad de un hombre incapaz de comprender el lenguaje.

Sed de tiempo
en el mar, una y otras vez más en el mar.

Galeones arrastrándose entre la niebla.
Seres de sal asomando a las riberas.
Puentes suspendidos entre el océano y las horas.

¿A dónde vamos,
con actitud de espina, de filo, de corte profundo y definitivo?

¿A dónde vamos en la noche impune que nos somete como fieras atrapadas en

nuestras propias fauces?

Madre. Y todo esto es un intento de hablar, de hablarte, pues la duda crece
y las estrellas son cada vez menos, y menos los árboles, las flores, las palabras. Madre.

Ayúdame a crecer más allá de esta hora.
Cruzar el puente.
Decir
este es el olvido, y entonces comenzar, comenzar de nuevo.

En el iris, donde moran los dioses fugitivos, aguardo
el dardo azul, estelar y la mirada
que nos salve.
Sin horas y sin sol,
sin lluvia, sin incendio en medio del refugio
y fuera de el, abro mis ojos, mis caminos, y mi sombra,
mi verdadera sombra, único lugar para mi cuerpo escondido.

Claustro de luz, me temo
que esta palabra ha caído,
está cayendo.
Ya no se levantará.
Por eso, grítala, grítala pronto, me dices,
antes que todo esté consumado.




AHORA LE TOCA A LA VIOLENCIA


La divinidad se ha roto como un pan.
Nosotros somos los pedazos.

Auden



Ahora le toca a la violencia mirarnos displicente, lejana como un golpe de sombra en el sol de tu cuarto que está lejos pero que llega a nosotros sin aviso para presentarnos al actor al único.

Y la sangre se derramó en la noche, como si el día
Pariera el verso aquel.

El olvido.

Y las hojas del cielo fueron lágrimas entusiastas sobre el pecho del vencido.
Y el vencido gritó hasta que la calle se le entró en las palabras.
Y tuvimos una ciudad alrededor de nuestros sueños.

Le toca el turno a la violencia de poder acariciar tus manos y matarme con ellas en secreto
Mientras tú te alejas y esto duele de una forma tal

Que podríamos envenenar a las flores, darles
Su bocado rojo-mortal-negro

Para que cuando se abran nos arrojen sus flechas allí

Donde comienza el mirar.

Recoge lo que te queda, es un poco solamente: es el mundo.

Si callas que sea para que se escuche por fin el solo grito del mundo.

Espera, sólo espera.

Ahora te toca.
Recoge tus pasos.

Acaricia la violencia mientras huye de tus manos y se ríe, se ríe hasta la ausencia:

Mutilado.




VIANDANTES


“Todos los locos son metáforas”, te dice tu corazón mientras cabalgas sobre un madero roto y lanzas tus palabras-cuchillos a la multitud.

Estás allí en vano.

Y la multitud aplaude más, conforme los cuchillos-palabras penetran sus infinitos cuerpos, sus tenazas invisibles, sus venenos.

¿Y los demás locos?

Están allí en vano. Están en ti como una puerta que se va cerrando a través de sus marcos hasta dejar sólo un pequeño hueco en la pared.

¿Y los demás locos?

Miran por ese orificio hasta descubrir que sus cuerpos yacen desnudos en otro lado del mundo, esperando algo que no va a llegar: la locura.

La locura está perdida, deambula entre los cuerdos, más lucida y más abismal, más ebria y más recta que un cuerpo que cae hacia la noche.

He bebido la noche.

Te he bebido, en verdad, en mentira, de todas las formas; te he bebido, imagen de dios en la azotea donde habitan las pesadillas y los sueños que se aman lejos de los que duermen o esperan despertar alguna vez fuera de este mundo.

He bebido la noche.

Y la locura me ha bebido. Soy aquel brebaje que despacio avanza hacia a tu sangre y te va a matar, te va a matar, aunque seas eterna.

Las metáforas, las metáforas nos amenazan con develar nuestras auténticas cicatrices. No las veas, no las señales ni con el corazón, ocúltate de forma tal que no puedas moverte para no despertar sospechas azules.

El azul no nos corresponde. Estamos aquí en vano, bebiendo la noche, los días atrapados y escondidos, y….

¿Los demás locos?




(Del libro inédito “Los dioses fugitivos”)

jueves, 19 de marzo de 2009

LA ROSA QUE MORIR NO SABE

Homenaje a Meira Delmar


La rosa no sabe morir y por eso nace cada día en los ojos de aquellos que aún pueden verla en el mundo como una sorpresa de amor. Y es que de amor estuvo llena la vida de Meira Delmar (1922-2009), nuestra hermana colombiana capaz de admirar con igual intensidad la locura de un Gustavo Adolfo Bécquer como la de un Raúl Gomez Jattin, locuras distintas: una literaria otra real, Porque a pesar del tiempo el romanticismo mantiene una misma visión, por encima de las formas y las épocas.

Delmar declaró que su poesía es distinta, porque tal vez ella tiene siempre un tono nostálgico. "El amor en mi poesía es de tonos medios, no es un amor que grita, no es un amor que exige, es un amor que se está siempre yendo, eso podía ser lo que hace que mi poesía sea siempre diferente", dijo a Álvaro Suescún en una entrevista para la revista "Puesto de combate".

De ancestros libaneses, Meira Delmar fue el seudónimo de Olga Chams Eljach. Amiga eterna de Gabriel García Márquez, formaron parte del Grupo de Barranquilla, ese colectivo de escritores que ha alumbrado tanto el escenario artístico colombiano.

En 1942, Delmar publicó su primer poemario, 'Alba del olvido' al que siguieron 'Verdad del sueño' (1946), 'Sus mejores versos' (1957), antología editada en Buenos Aires; 'Poesía' (1970), antología bilingüe (español-italiano) publicada en Siena (Italia), 'Huésped sin sombra' (1971) y 'Alguien pasa' (1998), entre otros.

Nunca quiso que la llamasen poeta, según le dice a Robinson Quintero Osa en una entrevista. "Sabemos bien que la definición inicial que aparece en el primer diccionario de la lengua dice: “Poeta: hombre o mujer que escribe versos”. Es decir que el calificativo está correcto. Pero, si existe en nuestro idioma un masculino y un femenino, ¿por qué no utilizar la palabra “poetisa”, que suena mucho más eufónico?".

Ideas, páisajes, colores propios, visiones únicas, como es única una voz, Delmar admiró a mujeres gigantes como Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarbourou, a quienes calificó como "un momento estelar en el sur de América".

En una carta Juana de Ibarbourou anunció que, permaneciendo fial a la poesía, Delmar llegaría a hacer, como efectivamente lo fue, una gran poeta o poetisa -como ella prefería que la nombrasen- de su país, de América, del mundo.

Dicen que hace dos días, Meira se embarcó en un largo viaje hacia el amor. Y que antes de partir le dio gracias al mundo por aquellas cosas que pudo ver y que no pudo, pero que ahora nosotros podremos admirar a través de su poesía: rosas que vienen del mar y que no saben ni sabrán morir nunca.




Nueva Presencia




Venías de tan lejos como de algún recuerdo.
Nada dijiste. Nada. Me miraste a los ojos.
y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.
Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,
y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.
Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre... Y se detuvo el tiempo.
La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.
Con los hombres cargados de frutos y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,
Y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio del cielo.
Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alma de un verso.
Una vez. No sé donde... Y el amor fue tan sólo
encontrarte de nuevo.



La Hoguera



Esta es, amor, la rosa que me diste
el día en que los dioses nos hablaron.
Las palabras ardieron y callaron.
La rosa a la ceniza se resiste.
Todavía las horas me reviste
de su fiel esplendor. Que no tocaron
su cuerpo las tormentas que asolaron
mi mundo y todo cuanto en él existe.
Si cruzas otra vez junto a mi vida
hallará tu mirada sorprendida
una hoguera de extraño poderío.
Será la rosa que morir no sabe,
y que al paso del tiempo ya no cabe
con su fulgor dentro del pecho mío.

CÁNTICO ESPIRITUAL

Un adelanto por el Día Mundial de la Poesía que se celebrará el próximo 21 de marzo.




Extracto de la versión musical de Amancio Prada de 1977



La Esposa

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero:
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.


(Juan de Yepes y Álvarez, San Juan de la Cruz)

lunes, 16 de marzo de 2009

BLANCA VARELA: EL CANTO MÁS SECRETO

Octavio Paz no fue solo uno de los grandes amigos de Blanca Varela, recientemente fallecida, y uno de los que más la apoyó en la publicación de su primer libro, "Ese puerto existe". El Premio Nobel mexicano, quien además de excelente ensayista y crítico literario era un auténtico visionario, tuvo una mirada extraordinaria para vislumbrar el futuro de la poesía en general.

Estas cualidades le permitieron leer el destino de la obra de nuestra poeta peruana, al tiempo que interpretar con lucidez la coyuntura artística de finales de los años cincuenta. Con el paso del tiempo, sus palabras no han perdido vigencia, sino que constituyen una ventana de lectura para todo aquel que quiera mirar con determinación lo que ocurre en la actualidad en la poesía y tomar conciencia de las tendencias que nos muestra esta primera década del siglo XXI. Comparto con ustedes un fragmento del prólogo de Octavio Paz del año 1959, así como unas reflexiones que el poeta hace en voz alta sobre la esencia del ser humano.



No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo. El poema o el cuadro eran exorcismos, conjuros contra el desierto, conjuros contra el ruido, la nada, el bostezo, el claxon, la bomba. Escribir era defenderse, defender a la vida. La poesía era un acto de legítima defensa. Escribir : arrancar chispas a la piedra, provocar la lluvia, ahuyentar a los fantasmas del miedo, el poder y la mentira. Había trampas en todas las esquinas. La trampa del éxito, la del "arte comprometido", la de la falsa pureza. El grito, la prédica, el silencio: tres deserciones. Contra las tres, el canto. En aquellos días todos cantamos. Y entre esos cantos, el canto solitario de una muchacha peruana: Blanca Varela. El más secreto y tímido, el más natural.




Extracto del prólogo de Octavio Paz a la primera edición de "Ese puerto existe" (1959), de Blanca Varela.




Octavio Paz: El hombre, ese desconocido

sábado, 14 de marzo de 2009

REFLEXIONES SOBRE POESÍA Y PERIODISMO


Una sala de espejos reflejando a las personas, una sala de personas reflejando a los espejos. Todo y nada al mismo tiempo: la posibilidad mayor de conocer la realidad y la mayor imposibilidad de conocernos.

En estos tiempos donde las imágenes y la información no nos dejan momento apropiado para detenernos a buscar lo que está en nosotros, sólo me surgen preguntas, escenas de interrogación, puentes invisibles para atravesar la niebla y llegar al otro lado de la vida, con los ojos abiertos y la mirada todavía limpia.

Dentro de estas preguntas surgen impostergables casi, la poesía y el poeta, el periodismo y el periodista, vistos como unidades inseparables: vida y obra fusionadas desde siempre y para siempre, sin intermediarios, sin interpretaciones separadas, sin visiones dispersas, sin desviaciones de ningún tipo ni justificación alguna. Los tiempos corren al margen del río de Heráclito, corren como caballos en las ciudades o en las praderas. Y en este movimiento incontenible, la conducta transita inseparable de la obra.

Recuerdo, entonces, a San Pablo: “Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe”. El amor entendido como bondad, como servicio, al igual que visión auténtica y clara de nosotros y quienes nos acompañan de cerca o lejos por las vastas extensiones de estos tiempos difíciles.

Hace poco en un foro de comunicación en Salamanca, la escritora española Espido Freyre señaló que en un momento como el que vivimos “en el que el punto de vista de las noticias afecta tanto”, la literatura “nos debe permitir soñar” y el periodismo “nos debe permitir conocer”. Espido deja en claro el papel de la literatura como vuelo permanente de la imaginación y de la belleza; en cuanto al periodismo rescata la vocación por la objetividad de la información que nos conecta con lo que ocurre en el mundo, tal y como en verdad ocurre.

Relativismo de por medio, coincido con Freyre pero me viene a la mente una vez más otra de esas innumerables preguntas que surgen en esta especie de proyección del desierto de ideas con el que tenemos que convivir diariamente. La pregunta se trata del cómo: ¿Cómo actúa el poeta para hacernos soñar?¿cómo actúa el periodista para hacernos conocer? No es lo mismo mirar a través de un lente rasgado y sucio, que a través de uno pulcro y nítido. No es igual mirar a través de lo oscuro, que hacerlo en pleno mediodía. La realidad nos apercibe constantemente, pero ¿nos damos cuenta de ello?¿alcanzamos a vislumbrar lo que pasa?

Leo al amado Ryszard Kapuściński, quien en “Los cínicos no sirven para este oficio” declara lo siguiente, sobre el buen periodismo: “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. La explicación de lo que señala quizás se halla en el hecho de que “el verdadero periodismo es intencional, a saber; aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”. En este marco es evidente que la bondad recobra felizmente su vigencia, pero una vigencia auténtica, no cínica ni retórica para lograr algo que nos interesa egoistamente que los demás hagan por nosotros. La bondad en sí misma cobra fuerza, al margen de lo que el poeta Gregory Corso llamaba “las extrañas enfermeras de la bondad”, falsas y oscuras como una trampa puesta en el camino por nosotros mismos.

Hace poco, otro poeta, el mexicano Juan Domingo Argüelles escribió una columna llamada “Malísimos buenos poetas”, en el suplemento del diario La Jornada. Allí sostiene que prefiere a una buena persona que además es poeta, en vez de a un buen poeta que es sin atenuantes una mala persona. “A este último lo leo si viene el caso –agrega-, pero me gusta verlo de lejos, saludarlo cordialmente y que cada quien siga su camino”.

Recuerdo que en un momento de mi vida decidí no conocer en persona a los poetas cuya poesía admiraba, porque temía desilusionarme de ellos -como había ocurrido varias veces- y que esto influyera en la valoración de la obra. Y sin embargo, me encantaban los malditos. Alguien, incluso, decía a voz en cuello que para ser un gran artista había que ser un maldito dictador e, incluso, un hijo de puta: abandonar a la familia a su suerte como Shakespeare, no tener conciencia de que se tenía una hija como Rilke o como Lord Byron alejarse de ella por la imposibilidad de ser un padre. En nombre del arte, en nombre del periodismo, se han escrito páginas de vida miserables que no tienen que ver para nada con la obra. Ya no me encantan los malditos, ya no existen. Hay fantoches que susurran palabras de mentira a su alrededor para vivir de los otros y no por y para los otros. Hay quienes simulan, además, que están viviendo; cuando en realidad son protagonistas de su propio simulacro.

En estos últimos días periodismo y poesía nos han tocado a fondo, con la muerte de dos figuras legendarias: Guillermo Thorndike y Blanca Varela. No voy a hacer juicios de valor al respecto, sólo voy a decir que se trata de dos personas esenciales para comprender el periodismo y la literatura del siglo XX. Sin embargo, como poeta, la imagen de Blanca me habla de una frase antigua cuya fuerza destacaba cuando yo estudiaba en San Marcos: “ser consecuentes”. La consecuencia de Blanca para soportar en esta existencia los vientos más feroces y diversos fue siempre impecable. “Nunca un poeta está contento con lo que escribe, y si lo está mejor le hacemos una cruz encima. En el arte en general hay que buscar la evolución, no repetirse”, declaró la poeta en una entrevista, ¿en esa evolución está contenida la bondad?

Volviendo a Juan Domingo Argüelles, el poeta dice en otra parte de su columna: “Si la poesía no nos mejora, ¿entonces para qué sirve?”. La poesía no sólo tiene que hacer mejores a los demás, sino también al propio poeta. Los tiempos de la inmolación han terminado, los malditos de entonces, ya no son los de ahora. Los verdaderos insulares ya no están en los márgenes del sistema sino que están peleando en el centro de este por una vida que realmente lo sea. Si formamos parte de este mundo actual, si queremos ser mejores para salvarnos del Apocalipsis que algunos espíritus creen inminente, ¿no deberíamos transitar el mundo sin separar persona y obra, conducta de poesía y periodismo?

Hay cosas ahora que matan más que aquello que acabó con poetas como Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, así como con periodistas como Truman Capote o Abraham Valdelomar, geniales e infelices que hicieron más infelices a sus seres queridos y a otros inocentes. Esas cosas son la miseria del espíritu, la denigración de los valores, la autodestrucción. ¿Serán los robots, entonces, mejores que nosotros?

La complejidad del ser humano merece ser su mayor virtud, su oportunidad de elevarse hacia lo superior. El amor es lo superior y la bondad es parte del amor. No sustituyamos la muerte por la vida, ni la multitud por la soledad, ya que son parte de un mismo destino y no su contraparte. No sólo los espejos nos reflejan y reflejan a los demás. Todos nosotros somos espejos.



(Primera foto: Milagritos Ormeño)


(De "Contra Señas")

jueves, 12 de marzo de 2009

DONDE TODO TERMINA ABRE SUS ALAS

Donde todo termina y todo comienza, Blanca Varela (1926-2009) ha abierto hoy libremente sus alas, para volver a ese puerto que existe más allá de la memoria, a ese mar en el que puede navegar todo aquel que se embarque en el descubrimiento de su poesía. Un mundo lleno de una extraña belleza, donde la intensidad de sus versos nos refleja esa parte de nuestra existencia que aún no hemos visto o que nos rehusamos a ver. Señora de la soledad y de la melancolía, de la verdad por sobre todas las cosas, incluso, por sobre sus propias cosas, Blanca Varela camina dentro de nosotros, más viva que nunca.


Puerto Supe


Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.

Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras
la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro escapa
y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación, un mismo tiempo
de chorreantes dedos y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.

Amo la costa, ese espejo muerto
en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos.

Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre ciego
pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía,
el que no quiere ver la noche.

Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente en donde lloro a solas.


(De "Este puerto existe" (1959), Blanca Varela)



BLANCA VARELA EN EL PROGRAMA PRESENCIA CULTURAL EN EL AÑO 2006


Primera parte




Segunda





Tercera





Canto Villano

miércoles, 11 de marzo de 2009

SIMPLEMENTE EIELSON

Sin palabras te hablo, para callarme con un grito.




Primera parte del poema visual




Segunda parte





Tercera






(Documental de Gabriela Yepes)

martes, 10 de marzo de 2009

MARÍA ZAMBRANO: CAMINO PROPIO

“Nada separa más a los hombres que aquello que esperan y la esperanza más difícil de abandonar es la que todavía no ha encontrado su argumento. La esperanza, a su vez, oculta y lleva consigo una necesidad, y si no encuentra su argumento hasta un momento determinado es porque ha de recorrer su camino propio, el camino por el cual el hombre en quien anida apura su prueba, su “experiencia”. Los más claros pensamientos no pueden en ocasiones ser aceptados porque ahorrarían una experiencia que debe ser vivida. Y en último término ahorrarían la vida misma”.


Escribió en su obra cumbre, "El hombre y lo divino", María Zambrano (Vélez-Malaga, 1904 – Madrid, 1991), quien fundó su vida en un mundo regido por el pensamiento filosófico y la poesía, con una libertad que la ubicó por encima de la cárcel de la historia, y la puso a caminar libremente por un camino personal, único, incomparable. Las siguientes noticias son una especie de homenaje por el Día Internacional de la Mujer, que en verdad, de alguna manera, es todos los días. Porque muchos le debieron mucho, porque muchos le seguimos debiendo mucho. Ella, como lo señaló en su discurso al recibir Premio Cervantes 1988, en algún lugar del futuro, sigue “buscando la palabra perdida, la palabra única, secreto de amor divino-humano. La palabra tal vez señalada por aquellas otras palabras privilegiadas, escasamente audibles, casi como murmullo de paloma:

Diréis que me he perdido,
Que andando enamorada,
Me hice perdidiza y fui ganada
.”


Primer camino




Segundo camino

sábado, 7 de marzo de 2009

AUNQUE ELLA SE LLAMABA ÉL

“Cartas de la monja portuguesa”



Develado el misterio de quién las escribió en la realidad, permanece aún el símbolo que a su alrededor crearon estos mensajes impulsados por un amor auténtico y absoluto. Se trata, a fin de cuentas, de un homenaje a la sensibilidad de la mujer, al margen de la historia y de los géneros.



Nunca fueron tan públicas unas cartas de amor tan íntimas como las que escribió, a su amante ausente, una monja portuguesa del siglo XVII llamada Mariana Alcoforado. Lejos de permanecer en el silencio de la esfera privada, sus palabras tomaron felizmente el destino equivocado –que es en realidad el verdadero-, para navegar desde 1669 por casi todos los idiomas del mundo y llegar hasta nosotros intactas y luminosas como en la época en que fueron redactadas.

Mariana Alcoforado, sin embargo, no era una mujer sino el seudónimo de un hombre desconocido, Gabriel de Guilleragues, quien sólo se atribuyó en vida la condición de traductor de estas joyas literarias dedicadas a un incierto oficial francés, Noël Bouton, conde de Chamilly, quien supuestamente formó parte de las tropas auxiliares francesas que peleaban a favor de la independencia de Portugal. Participación militar que hoy en día no sería recordada, si no fuera por la autoridad de las cartas.

Durante más de trescientos años, la autoría de estas ha sido el motivo para que se llenaran cientos de páginas con rigurosos trabajos de investigación. El resultado, después de tanto camino recorrido, ha sido finalmente que ella se llamaba él y que detrás de una máscara femenina se ocultaba el rostro nebuloso y tímido de un hombre que logró reflejar sin equivocaciones el sentimiento propio de una mujer.

Gabriel de Guilleragues transitó a contracorriente las costumbres de su época. En primer lugar, su trasvestismo literario fue al revés: no era Aurora Dupin escondiéndose tras el disfraz varonil de George Sand; no era Mary Evans cobijándose bajo la sombra de George Eliot, y tampoco Cecilia Böhl de Faber disfrazada como Fernán Caballero. No era, en fin, la mujer que cambiaba su nombre para enfrentar el “establishment”. Por el contrario, era un hombre que, apercibido por su extraordinaria sensibilidad y su luminosa inteligencia, había decidido hablar, incluso, más allá de su propia condición masculina.

En segundo lugar, Guilleragues, al presentarse como lo hizo y hablar como habló, creó un estilo del que en 1782 se haría deudora la novela epistolar por excelencia, “Relaciones peligrosas”, de Pierre Choderlos de Laclos.

Poco importa quien escribió las “Cartas de una monja portuguesa”, ya que la historia de los sentimientos que en ellas se describen soprepasan cualquier tipo de parámetros bibliográficos y se instalan con sus sombras, sus luces y sus intermitencias en la memoria literaria del mundo.

“Te desafío a que me olvides completamente”, dice en las cartas Mariana Alcoforado, sobre la que el poeta Rainer María Rilke ha manifestado que “su voz carece de destino, como la del ave”. Porque además su amor es radical y absoluto, como cuando la monja señala: “...todo lo que estoy obligada a ver y todo lo que inexcusablemente tengo que hacer me resulta odioso, estoy tan celosa de mi pasión que me parece que todas mis acciones y todos mis deberes os conciernen. Sí, siento escrúpulos si no os dedico todos los momentos de mi vida”.

Mariana Alcoforado, es decir, Gabriel de Guilleragues, logró hacer a través de la confesión una auténtica revelación de la vida y de todas las vidas poseídas por el amor. “Porque la confesión –como pensaba la filósofa María Zambrano- es una acción, la máxima acción que es dado ejecutar con la palabra”.



En la foto: convento en Beja (Portugal), donde habría vivido Mariana Alcoforado.



Cartas de amor





Trío Odemira, Portugal.


Las cartas de amor según Fernando Pessoa

RELACIONES PELIGROSAS



Sobre las parejas literarias


El 8 de marzo se cumplen diez años de la muerte de Adolfo Bioy Casares (1914-1999). Su amistad con Jorge Luis Borges (1899-1986) es un punto de partida para hablar sobre las parejas literarias.


Siempre que buscamos a Borges encontramos a Bioy. Y siempre que buscamos a Bioy encontramos a Borges. Bioy y Borges son la pareja perfecta de la literatura hispanoamericana, precisamente porque nunca lo fueron. La mejor pareja no es aquella que recorre un sendero uniforme sino la que se desplaza con libertad en el territorio dispar de la diferencia.

En 1931, cuando el autor de El Aleph escribía en la revista Sur que dirigía Victoria Ocampo, esta tuvo el acierto de presentarle a Adolfo Bioy Casares. Borges tenía entonces 32 años y, quien sería en adelante su mejor amigo, contaba sólo con 17. Eran, sin embargo, literariamente el uno para el otro, tanto así que más tarde engendraron otro escritor: H. Bustos Domecq.

Borges ha dicho al respecto: “Yo había inventado algo que pensábamos podía convertirse en un buen argumento para una novela policial. Se lo comenté a Bioy y unos días después él me dijo que teníamos que intentar algo con ese material. Yo no estaba demasiado convencido, pero nos pusimos a trabajar, nos entusiasmamos, y casi enseguida hizo su aparición un tercer hombre, que pasó a dominar la situación”.

H. Bustos Domecq se independizó totalmente de los dos escritores en 1942, cuando publicó el libro “Seis problemas para don Isidro Parodi”, al que siguió una importante producción narrativa. Fue acaso este extraño personaje el que inventó a Bioy y a Borges, ya que la grandeza de estos dos escritores no sería tal sin la presencia de Bustos Domecq.

La literatura es pródiga en esta clase de peligrosas relaciones, en las que está presente una poderosa dinámica creativa que abre nuevos e inesperados destinos. El caso de los dos escritores argentinos no es el único. En el siglo XVI, los poetas místicos españoles Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz mantuvieron una fuerte comunión literaria y mística. La presencia del uno hacía ausentarse al otro hasta el punto de que un poema de Santa Teresa podía ser fácilmente atribuible a San Juan y viceversa.

El encuentro de César Vallejo con el filósofo Antenor Orrego en 1915, no ha sido evaluado en toda su dimensión. Cuando Orrego conoció a Vallejo, este era un poeta en ciernes, con una inteligencia y sensibilidad especiales, pero sin mayores certezas literarias. Es el líder del Grupo Norte de Trujillo quien empuja a Vallejo a la libertad creativa, acontecimiento que se consolida con la aparición de Trilce en 1922, precisamente con prólogo de Orrego. Orrego ilumina al poeta, le revela al verdadero Vallejo.
Lou Salomé y Rainer María Rilke se conocieron en 1897, cuando el autor de “Las Elegías de Diuno” era sólo un joven sediento de absoluto y de belleza. La relación amorosa con Lou Salomé representa para Rilke el reconocimiento de sí mismo y de su esencia poética: “Dios sabe que tu ser fue la verdadera puerta por la que accedí por primera vez al aire libre”, le dice Rilke a Lou, en una carta.

Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir sostuvieron una relación amorosa que duró casi toda una vida. El encuentro con Simone motivó en el filósofo francés un permanente cuestionamiento. Esto hizo posible una de las mayores contribuciones al pensamiento y a la literatura contemporáneas. “No quería alienarse, por lo que en más de una ocasión optó por pensar contra sí mismo”, dice Simone en su libro “La ceremonia del adiós”. La celebridad los cobijó a ambos, a Simone y Jean Paul, después de que recorrieron juntos el peligroso trayecto de la búsqueda de la verdad, cada uno impulsado por la presencia del otro.

Porque el otro es el verdadero peligro. Aquel que nos hace ausentarnos de nosotros y que, al mismo tiempo, nos recuerda hasta qué punto estamos realmente presentes. Esta forma de ausencia en la presencia es la que da lugar al nacimiento de una tercera persona, distinta del uno y del otro, una especie de tercer corazón.



*Foto: Bioy en 1968.

lunes, 2 de marzo de 2009

FUGA DE LA MUERTE

Antes de cumplir los cincuenta, Paul Celan se fugó para siempre de la muerte arrojándose a las aguas sin tiempo del río Sena. Desde ese momento, ciudadano del mundo, permanece entre nosotros.

Había nacido en 1920 con otro nombre, Paul Antschel, en Czernowitz, capital de Bucovina, una región ubicada entre Transilvania y Besarabia.

Allí fue tocado por la poesía y desde entonces no pudo vivir sin ella.

En la alegría, en la desgracia o en la terrible orfandad del limbo, permanecería con ella, su único territorio, una vez que las fuerzas oscuras de los nazis le arrebataran madre, padre, patria y todos sus recuerdos queridos.

En “Todesfuge”, su poema más célebre, Celan utiliza la técnica de la fuga de Johann Sebastian Bach, para testimoniar esas macabras vejaciones a las que las tropas alemanas sometían a las jóvenes judías en los campos de concentración, y que tenían como fondo cruel la música de artistas también judíos, quienes eran obligados a tocar el dolor -que veían padecer y padecían ellos mismos- de manera festiva, cruel, horripilantemente bella.

Esas voces aún se escuchan en las noches más negras.

La palabra de Celan recorre la historia desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días, no para hablarnos de política o en defensa de algún tipo de ideología, sino para recordarnos que sin memoria no hay futuro ni belleza, y que lo terrible es parte de la verdad, así como la verdad está contenida en la poesía.

Escuchemos a Celan desde todos los tiempos.


Todesfugue




Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
la bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes y escribe
escribe al anochecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba llamando a
sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena toquen ahora música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
te bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con serpientes y escribe
y escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí no hay
estrechez.

Grita cava más hondo en el reino de la tierra los unos y los otros canten y
toquen
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules
hinquen más hondo las palas los unos y los otros vuelvan a tocar música de
baile.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía a la mañana te bebemos al atardecer
te bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita tu cabello de
ceniza Sulamita él juega con serpientes.
Grita toquen más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de Alemania
grita toquen más sombríamente los violines después subirán como humo en el aire
después tendrán una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana te bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de Alemania
tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita.


El arte de la fuga



Johann Sebastian Bach (1685-1750) Die Kunst der Fuge BWV 1080 Contrapunctus I Contrapunctus II Contrapunctus IV Musica Antiqua Köln Reinhard Goebel

domingo, 1 de marzo de 2009

EL BELLO OJO DE DIOS

Uno de los milagros de la belleza cósmica más cercanos e impactantes es la nebulosa Hélix, o NGC 7293, que se encuentra observándonos armoniosamente a “solo” 700 años-luz de distancia, desde la constelación de Acuario. Gocemos de esta nueva imagen obtenida por el Observatorio Europeo Austral a través de su Wide Field Imagen.

Noticias de esta pintura del universo aparecen por primera vez en un listado de objetos nuevos compilado por el astrónomo alemán Karl Ludwig Harding en 1824. Como para verla una y otra vez, despiertos o en sueños, como aquel poema del japonés Saiba:

Acerco
mi almohada
a la luna llena.


Para mayor información y observación minuciosa, pueden ingresar viajar a http://www.eso.cl/noticia_2009feb25.php.




Mirada divina