sábado 7 de noviembre de 2009

POEMAS INÉDITOS DE ROXANA CRISÓLOGO

Desde Berín, la poeta Roxana Crisólogo (Lima, 1966) nos envía algunos de sus últimos poemas, nacidos en La Paz, Bolivia, el año 2007. Crisólogo es una de las más importantes representantes de la poesía peruana aparecida en los años 90. Ha publicado los poemarios Abajo sobre el cielo (1999), Animal del camino (2001) y Ludy D (2006). Es coautora de la antología de poesía escrita por mujeres sobre la violencia política en el Perú, Memorias in santas (2007) y de los proyectos de videopoesía Poéticas visuales de la resistencia y Poéticas visuales del exilio (2007 y 2009), un adelanto de su último poemario Trenes acaba de aparecer en la editorial cartonera PoesíaconC (Mälmo, 2009).



hace semanas que me confundo
con el olor de las frituras
el aroma de las frituras
los hígados las entrañas
restos
que veo empequeñecer en un aceite magro
y agradezco con una sonrisa

desde hace días que prometí
comprarle cualquier cosa
a quien acepte jugar con mi hija

enséñenle a jugar fulbito
que empuje
que corra

que se eche al barro
que aprenda a respirar
que caiga

hace semanas
una muchacha me ofrece
un trueque a cambio de su amistad

y la falta de oxígeno es una buena razón
para dosificar el silencio
no su ausencia

y en silencio la muchacha embolsa
pequeñas raciones
de lo que quedó del día

entonces llega el frío
y no muy lejos más viditas inmundas
se frien como símbolo de reciprocidad

y mastico hojitasde coca
con la certeza de recuperar
temperatura
e identidad perdidas


la nieve del Illimani que se aglomera
en más parques
mientras busco más niños
que quieran jugar con mi hija



imagínate una ciudad
aderezada en el sudor
de tantas lenguas

una ciudad
que se recla debería ser un auto
vestidos nuevos
baterías usadas

una ciudad
al borde
ando al borde de la realidad

subíamos al cielo
descendíamos al infierno

solo puedo dar fe del vértigo

razón tenía el maestro yatiri
debe tener el espíritu atrapado

en el fondo de una botella

palabras de las hojas
de los tallos
de los pies

palabras envueltas en hojas
de plátano

el arenal es un espejismo
el altiplano
la luna

esta basura que se quema
se quema en mí

soy la pequeña que ve el mundo
desde la rueda de chicago
a falta de electricidad dos muchachos
le ayudan a alzar vuelo

todo está a medio hacer
a medio destruir
o en medio camino de algo

una ciudad que se recicla
trozos de sangre que a estas horas
llamaré sol

luego aparecerán
las estrellas
trozos de hielo

parroquianos y comerciantes intercambiarán
algo más que autopartes
y cadenciosas miradas


la ilusión de la patria

que seguiremos bailando
alumbrados or la inquietud

de la diferencia



me deshago del mar que erosiona mi cuerpo
su tubería de espuma
la arena que me impide batirme con estas montañas
que empiezo a contar

subo a nacer
y apenas si puedo levantar el cuerpo

de cuclillas echo lo que el pesado viento
del sur empuja
boto
lo que queda de mí

de baches y edificios

en algún lugar de tren expulso
y me extravío en el centenar
de piedras
que vuelvo a contar

Una mujer me vende
un candelabro
como si fuera una ilusión

esta es la postal del Cusco
que más recuerdo

dos niños se frotan el rostro
el vagón de turistas lleno
el quechua ininteligible

de la estación
más niños vendiéndome frutas y dulces
mientras mis mejillas
se aguijonean de nada

Aguas Calientes
la entrada a una disco
que no perderé

el e-mail del desconocido
que me tomó de la cintura
mientras intuía su rostro ensortijado
a las sombras


Alturas
véanme

un puñado de hojas de coca
entre los dientes
esta confusión
esta falta de equilibrio



*La fotografía corresponde a Eeva-Liisa Bahnaan.

martes 3 de noviembre de 2009

HORA ZERO PRESENTA LOS BROCHES MAYORES DEL SONIDO

El poeta Fernando Obregón, quien ha venido impulsando en las redes sociales este importante acto poético de reafirmación y compromiso literario, publica hoy la siguiente nota en su conocido blog Pospost.


HORA ZERO PRESENTA LOS BROCHES MAYORES DEL SONIDO EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Con la presencia de poetas horazerianos e infrarrealistas procedentes de México, Chile, Canadá y España, esta noche se presentará la antología Hora Zero: Los broches mayores del sonido. Antología de Tulio Mora, que reúne autores de tres continentes, adscritos al movimiento literario, artístico y cultural del mismo nombre.

El autor del libro, Tulio Mora, incluye en 634 páginas todos los aportes que dieron forma a un movimiento caracterizado por una actitud de permanente crítica y reflexión sobre la poesía y el nacimiento de una nueva estética.

Precedido de un estudio en el que el autor explica la activa vigencia de Hora Zero, el libro contiene muestras de más de 70 autores de poesía, narrativa, pintura, escultura, testimonios, crónicas, cartas inéditas, los manifiestos más importantes y una nutrida bibliografía.

Siga leyendo.

Lea también un poema Roberto Bolaño dedicado a Jorge Pimentel.

La actividad tendrá lugar a partir de las 18:30 horas en la Biblioteca Nacional, ubicada en la Av. de la Poesía 160, San Borja, Lima.

miércoles 28 de octubre de 2009

FUNDACIÓN CANAL: RODCHENKO: REVOLUCIÓN EN LA MIRADA EN MADRID

Del 23 de octubre de 2009 al 3 de enero de 2010, la Fundación Canal / Canal de Isabel II presenta la muestra Rotchenko fotógrafo, que constituye sin duda una verdadera revolución en la mirada del siglo XX. La exposición contiene 125 fotografías realizadas entre 1920 y 1940. El artista ruso fue uno de los maestros más influyentes del siglo XX, un creador polifacético que trató con éxito múltiples disciplinas artísticas y que revolucionó el mundo de la fotografía en medio de un mundo convulso por otra revolución, la Revolución Rusa, por la que acabó siendo devorado.

Alexander Rodchenko nació en San Petersburgo en 1891 y murió en 1956 en Moscú. Su gran transformación consistió en algo tan aparentemente sencillo como mover la cámara desde el ombligo a los ojos y desde ahí hacerlo alrededor del objeto.

Rodchenko fotografiaba de arriba a abajo y viceversa, logrando unos ángulos, unos contrapicados y una perspectiva única, conocida como escorzo. El resultado: edificios que parecían pirámides, árboles que simulaban chimeneas o escenas que parecían lo que realmente eran, pero que en ningún caso eran el resultado de un plano captado desde el ombligo.

Provenientes del Musée Nicéphore Niépce (Chalon-sur-Saône, Francia), donde se conservan las fotografías más representativas del artista, las 125 imágenes de esta muestra, realizadas entre 1920 y 1940, son en su mayoría impresiones de época en blanco y negro y algunas copias realizadas con posterioridad a partir de negativos originales.

Por su consistencia, la linealidad en la exposición y el conjunto de temas tratados, la muestra refleja con fidelidad el conjunto de la obra del autor ruso, tal y como explica Klaus Littman, comisario de la exposición.

Rodchenko fotógrafo es una oportunidad para adentrarse en esa estética experimental y nueva con la que el artista revolucionó el arte del siglo XX, mostrando que hasta los objetos más cotidianos y familiares pueden convertirse en algo diferente en función del ángulo desde el que se miren.


Vea el dossier de la muestra.


Visite la estupenda web de la Fundación Canal / Canal de Isabel II.


Fotos: La primera es Píramide © Aleksandr Rodchenko. VEGAP, Madrid, 2009; mientras la segunda es Retrato de O. M. Brik © Aleksandr Rodchenko. VEGAP, Madrid, 2009.

RAFAEL ALBERTI ENTRE LOS ÁNGELES

Un día como hoy hace diez años falleció el vate español Rafael Alberti (1902-1999). En los siguientes textos, los ángeles sobre los que escribió le hablan al poeta y al hablarle nos hablan a todos.


El ángel ángel

Y el mar fue y le dio un nombre
y un apellido el viento
y las nubes un cuerpo
y un alma el fuego.
La tierra, nada.
Ese reino movible,
colgado de las águilas,
no la conoce.
Nunca escribió su sombra
la figura de un hombre.


El ángel bueno

Un año, ya dormido,
alguien que no esperaba
se paró en mi ventana.

¡Levántate! Y mis ojos
vieron plumas y espadas.

Atrás montes y mares,
nubes, picos y alas,
los ocasos, las albas.

‹¡Mírala ahí! Su sueño,
pendiente de la nada.

¡Oh anhelo, fijo mármol,
fija luz, fijas aguas
movibles de mi alma!

Alguien dijo: ¡Levántate!
Y me encontré en tu estancia.


El ángel bueno 2

Dentro del pecho se abren
corredores anchos, largos,
que sorben todas las mares.

Vidrieras,
que alumbran todas las calles.

Miradores,
que acercan todas las torres.
Ciudades deshabitadas
se pueblan, de pronto. Trenes
descarrilados, unidos
marchan.

Naufragios antiguos flotan.
La luz moja el pie en el agua.

¡Campanas!

Gira más de prisa el aire.
El mundo, con ser el mundo,
en la mano de un niña cabe.

¡Campanas!

Una carta del cielo bajó un ángel.


El ángel bueno 3

Vino el que yo quería,
el que yo llamaba.

No aquel que barre cielos sin defensas,
luceros sin cabañas,
lunas sin patria,
nieves.
Nieves de esas caídas de una mano,
un nombre,
un sueño,
una frente.

No aquel que a sus cabellos
ató la muerte.

El que yo quería.
Sin arañar los aires,
sin herir hojas ni mover cristales.

Aquel que a sus cabellos
ató el silencio.

Para, sin lastimarme,
cavar una ribera de luz, dulce en mi pecho,
y hacerme el alma navegable.


El ángel ceniciento

Precipitadas las luces
por los derrumbos del cielo,
en la barca de las nieblas
bajaste tú, Ceniciento.
Para romper cadenas
y enfrentar a la tierra contra el viento.
Iracundo, ciego.
Para romper cadenas
y enfrentar a los mares contra el fuego.
Dando bandazos el mundo,
por la nada rodó, muerto.
No se enteraron los hombres.
Sólo tú y yo, Ceniciento.


El ángel de arena


Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,
temerosos de lazos y palabras duras.
Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,
cuya infancia era un robo de barcos y un crimen de soles y de lunas.
Duérmete. Ciérralos.
Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,
invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.
¡Sí, sí! Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.
Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.

Seriamente, en tus ojos era la mar dos niños que me espiaban,
temerosos de lazos y palabras duras.
Dos niños de la noche, terribles, expulsados del cielo,
cuya infancia era un robo de barcos y un crimen de soles y de lunas.

Duérmete. Ciérralos.

Vi que el mar verdadero era un muchacho que saltaba desnudo,
invitándome a un plato de estrellas y a un reposo de algas.
¡Sí, sí! Ya mi vida iba a ser, ya lo era, litoral desprendido.
Pero tú, despertando, me hundiste en tus ojos.


El ángel de los números

Vírgenes con escuadras
y compases, velando
las celestes pizarras.
Y el ángel de los números,
pensativo, volando del 1 al 2, del 2
al 3, del 3 al 4.
Tizas frías y esponjas
rayaban y borraban
la luz de los espacios.
Ni sol, luna, ni estrellas,
ni el repentino verde
del rayo y el relámpago,
ni el aire. Sólo nieblas.
Vírgenes sin escuadras,
sin compases, llorando.
Y en las muertas pizarras
el ángel de los números,
sin vida, amortajado
sobre el 1 y el 2,
sobre el 3, sobre el 4...


El ángel del carbón

Feo, de hollín y fango.
¡No verte!

Antes, de nieve, áureo,
en trineo por mi alma.
Cuajados pinos. Pendientes.

Y ahora por las cocheras,
de carbón, sucio.
¡Te lleven!

Por los desvanes de los sueños rotos.
Telarañas. Polillas. Polvo.
¡Te condenen!

Tiznados por tus manos,
mis muebles, mis paredes.

En todo,
tu estampado recuerdo
de tinta negra y barro.
¡Te quemen!

Amor, pulpo de sombra,
malo.

El ángel del misterio

Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
pisados por un nombre y una sombra.
No sé si por un nombre o muchos nombres,
si por una sombra o muchas sombras.
Reveládmelo.
Sé que habitan los pozos frías voces,
que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
de un alma sola o muchas almas.
No sé.
Decídmelo.
Que un caballo sin nadie va estampando
a su amazona antigua por los muros.
Que en las almenas grita, muerto, alguien
que yo toqué, dormido, en un espejo,
que yo, mudo, le dije...
No sé.
Explicádmelo.


El ángel desconocido

¡Nostalgia de los arcángeles!
Yo era...
Miradme.
Vestido como en el mundo,
ya no se me ven las alas.
Nadie sabe como fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
y chaqueta inglesa.
Dime quién soy.
Y, sin embargo, yo era...
Miradme.

El ángel falso

Para que yo anduviera entre los nudos de las raíces
y las viviendas óseas de los gusanos.
Para que yo escuchara los crujidos descompuestos del mundo
y mordiera la luz petrificada de los astros,
al oeste de mi sueño levantaste tu tienda, ángel falso.
Los que unidos por una misma corriente de agua me veis,
los que atados por una traición y la caída de una estrella me escucháis,
acogeos a las voces abandonadas de las ruinas.
Oíd la lentitud de una piedra que se dobla hacia la muerte.
No os soltéis de las manos.
Hay arañas que agonizan sin nido
y yedras que al contacto de un hombro se incendian y llueven sangre.
La luna transparenta el esqueleto de los lagartos.
Si os acordáis del cielo,
la cólera del frío se erguirá aguda en los cardos
o en el disimulo de las zanjas que estrangulan
el único descanso de las auroras: las aves.
Quienes piensen en los vivos verán moldes de arcilla
habitados por ángeles infieles, infatigables:
los ángeles sonámbulos que gradúan las órbitas de la fatiga.
¿Para qué seguir andando?
Las humedades son íntimas de los vidrios en punta
y después de un mal sueño la escarcha despierta clavos
o tijeras capaces de helar el luto de los cuervos.
Todo ha terminado.
Puedes envanecerte, en la caída marchita de los cometas que se hunden,
de que mataste a un muerto,
de que diste a una sombra la longitud desvelada del llanto,
de que asfixiaste el estertor de las capas atmosféricas.

El ángel superviviente

Acordáos.
La nieve traía gotas de lacre, de plomo derretido
y disimulos de niña que ha dado muerte a un cisne.
Una mano enguantada, la dispersión de la luz y el lento asesinato.
La derrota del cielo, un amigo.
Acordáos de aquel día, acordáos
y no olvidéis que la sorpresa paralizó el pulso y el color de los astros.
En el frío, murieron dos fantasmas.
Por un ave, tres anillos de oro
fueron hallados y enterrados en la escarcha.
La última voz del hombre ensangrentó el viento.
Todos los ángeles perdieron la vida.
Menos uno, herido, alicortado.

El ángel tonto

Ese ángel,
ése que niega el limbo de su fotografía
y hace pájaro muerto
su mano.
Ese ángel que terne que le pidan las alas,
que le besen el pico,
seriamente,
sin contrato.
Si es del cielo y tan tonto,
¿por qué en la tierra? Dime.
Decidme.
No en las calles, en todo,
indiferente, necio,
me lo encuentro.
¡El ángel tonto!
¡Si será de la tierra!
-Sí, de la tierra sólo.
El ángel del misterio
Un sueño sin faroles y una humedad de olvidos,
pisados por un nombre y una sombra.
No sé si por un nombre o muchos nombres,
si por una sombra o muchas sombras.
Reveládmelo.
Sé que habitan los pozos frías voces,
que son de un solo cuerpo o muchos cuerpos,
de un alma sola o muchas almas.
No sé.
Decídmelo.
Que un caballo sin nadie va estampando
a su amazona antigua por los muros.
Que en las almenas grita, muerto, alguien
que yo toqué, dormido, en un espejo,
que yo, mudo, le dije...
No sé.
Explicádmelo.


Ángel de las bodegas

Fue cuando la flor del vino se moría en penumbra
y dijeron que el mar la salvaría del sueño.
Aquel día bajé a tientas a tu alma encalada y húmeda,
y comprobé que un alma oculta frío y escaleras
y que más de una ventana puede abrir con su eco otra voz, si es buena.
Te vi flotar a ti, flor de agonía, flotar sobre tu mismo espíritu.
(Alguien había jurado que el mar te salvaría del sueño.)
Fue cuando comprobé que murallas se quiebran con suspiros
y que hay puertas al mar que se abren con palabras.

Los ángeles feos

Vosotros habéis sido,
vosotros que dormís en el vaho sin suerte de los pantanos
para que el alba más desgraciada os reanime en una gloria de estiércol,
vosotros habéis sido la causa de ese viaje.
Ni un solo pájaro es capaz de beber en una alma
cuando sin haberlo querido un cielo se entrecruza con otro
y una piedra cualquiera levanta a un astro una calumnia.
Ved.
La luna cae mordida por el ácido nítrico
en las charcas donde el amoníaco aprieta la codicia de los alacranes.
Si os atrevéis a dar un paso,
sabrán los siglos venideros que la bondad de las aguas es aparente
cuantas más hoyas y lodos ocultan los paisajes.
La lluvia me persigue atirantando cordeles.
Será lo más seguro que un hombre se convierta en estopa.
Mirad esto:
ha sido un falso testimonio decir que una soga al cuello no es agradable
y que el excremento de la golondrina exalta al mes de mayo.
Pero yo os digo:
una rosa es más rosa habitada por las orugas
que sobre la nieve marchita de esta luna de quince años.
Mirad esto también, antes que demos sepultura al viaje:
cuando una sombra se entrecoge las uñas en las bisagras de las puertas
o el pie helado de un ángel sufre el insomnio fijo de una piedra,
mi alma sin saberlo se perfecciona.
Al fin ya vamos a hundimos.
Es hora de que me dierais la mano
y me arañarais la poca luz que coge un agujero al cerrarse
y me matarais esta mala palabra que voy a pinchar sobre las tierras que se derriten.

Los ángeles mohosos

Hubo luz que trajo
por hueso una almendra amarga.
Voz que por sonido,
el fleco de la lluvia,
cortado por un hacha.

Alma que por cuerpo,
la funda de aire
de una doble espada.

Venas que por sangre,
Y el de mirra y de retama
Cuerpo que por alma,
el vacío, nada.


Los ángeles mudos

Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme.
-¿Cómo tú por aquí y en otra parte?
Querrían hombres y mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
-Si eres tú, párate.
Hombres, mujeres, mudos, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
-Habla.
Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.

Los ángeles muertos

Buscad, buscadlos:
en el insomnio de las cañerías olvidadas,
en los cauces interrumpidos por el silencio de las basuras.
No lejos de los charcos incapaces de guardar una nube,
unos ojos perdidos,
una sortija rota
o una estrella pisoteada.
Porque yo los he visto:
en esos escombros momentáneos que aparecen en las
neblinas.
Porque yo los he tocado:
en el destierro de un ladrillo difunto,
venido a la nada desde una torre o un carro.
Nunca más allá de las chimeneas que se derrumban
ni de esas hojas tenaces que se estampan en los zapatos.
En todo esto.
Mas en esas astillas vagabundas que se consumen sin fuego,
en esas ausencias hundidas que sufren los muebles
desvencijados,
no a mucha distancia de los nombres y signos que se
enfrían en las paredes.

Buscad, buscadlos:
debajo de la gota de cera que sepulta la palabra de un libro
o la firma de uno de esos rincones de cartas
que trae rodando el polvo.
Cerca del casco perdido de una botella,
de una suela extraviada en la nieve,
de una navaja de afeitar abandonada al borde de un
precipicio.

Los ángeles sonámbulos

1

Pensad en aquella hora:
cuando se rebelaron contra un rey en tinieblas
los ojos invisibles de las alcobas.
Lo sabéis, lo sabéis. ¡Dejadme!
Si a lo largo de mí se abren grietas de nieve,
tumbas de aguas paradas
nebulosas de sueños oxidados,
echad la llave para siempre a vuestros párpados.
¿Qué queréis?
Ojos invisibles, grandes, atacan.
Púas incandescentes se hunden en los tabiques.
Ruedan pupilas muertas,
sábanas.
Un rey es un erizo de pestañas.

2

También,
también los oídos invisibles de las alcobas,
contra un rey en tinieblas.
Ya sabéis que mi boca es un pozo de nombres
de números y letras difuntos.
Que los ecos se hastían sin mis palabras
y lo que jamás dije desprecia y odia al viento.
Nada tenéis que oír.
¡Dejadme!
Pero oídos se agrandan contra el pecho.
De escayola, fríos,
bajan a la garganta,
a los sótanos lentos de la sangre,
a los tubos de los huesos.
Un rey es un erizo sin secreto.
Como yo, como todos.
Y nadie espera ya la llegada del expreso,
la visita oficial de la luz a los mares necesitados,
la resurrección de las voces en los ecos que se calcinan.

Los ángeles vengativos

No, no te conocieron
las almas conocidas.
Sí la mía.

¿Quién eres tú, dinos, que no te recordamos
ni de la tierra ni del cielo?

Tu sombra, dinos, ¿de qué espacio?
¿Qué luz la prolongó, habla,
hasta nuestro reinado?

¿De dónde vienes, dinos,
sombra sin palabras,
que no te recordamos?
¿Quién te manda?
Sí relámpago fuiste en algún sueño,
relámpagos se olvidan, apagados.

Y por desconocida
las almas conocidas te mataron.
No la mía.


Los dos ángeles

Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos
donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.

¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas
múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas,
en lo que nadie ve,
vida.

Me estas quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Lucifer
de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas
sin sueño,
ya carbón del espíritu,
sol, luna.

Me duelen los cabellos
y las ansias
¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡:Quémame!

¡Quémalo, ángel de luz,
custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado
en las tinieblas!

¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!

martes 27 de octubre de 2009

CÉSAR VALLEJO. TEXTOS RESCATADOS

Después de varios meses de investigación en archivos públicos y privados,Carlos Fernández López y Valentino Gianuzzi han editado César Vallejo. Textos Rescatados, libro que, según la nota de prensa que nos remite la periodista Romy Gibu desde Londres, contiene algunos textos hasta ahora desconocidos o poco conocidos de los primeros años de nuestro genial poeta que ayudan a establecer una cronología más exacta de su obra y a resolver algunas cuestiones textuales que no estaban muy claras debido a testimonios divergentes entre sus contemporáneos.

El libro fue presentado el último jueves en la Embajada del Perú en el Reino Unido y los comentarios estuvieron a cargo de Stephen Hart, Director del Centro de Estudios Cesar Vallejo de la Universidad de Londres.

César Vallejo. Textos Rescatados es la primera de varias entregas que planean realizar los jóvenes investigadores quienes se encuentran realizando sus estudios de doctorado en la Universidad de Londres sobre temas vinculados a Vallejo. Uno de los próximos proyectos incluye la realización de una investigación similar a la realizada en el Perú sobre la etapa del poeta en París, ciudad en la que planean presentar el libro próximamente, añade la nota.

Durante la presentación los autores adelantaron el nuevo material a incluir en El Archivo Vallejo, página Web que han diseñado y que contiene la poesía completa del poeta peruano. Este sitio pronto incluirá también fotografías y facsímiles encontrados por Fernández y Gianuzzi durante su investigación en el Perú.


*Carlos Fernández y Valentino Gianuzzi durante la presentación.


Ver El Archivo Vallejo

jueves 22 de octubre de 2009

Poemas de María Luisa Adrianzén

Con el libro A/M, María Luisa Adrianzén (Mayu), recibió mención honrosa en el I Concurso de Poesía de Mujeres “Scriptura”, convocado por la Comisión de Escritoras del PEN CLUB INTERNACIONAL DEL PERÚ y el Centro Cultural de España en el país.
No nos sorprende esta estupenda revelación como poeta. Conocemos la cercanía permanente de Mayu con la literatura, así como de la sensibilidad y el talento que la han acompañado desde siempre y que la han llevado a crear textos que revelan una voz que se caracteriza por su valentía para expresar paisajes interiores a través de los escenarios que componen la realidad exterior. Es en esa fusión en la que se apoya para construir una mirada personal y ponerla al alcance de los demás con toda la claridad posible. A continuación cuatro textos que muestran la personalidad poética de Mayu Adrianzén.




UNO

Dicen que escribir es una forma de domar a las bestias que llevamos a cuestas. Tal vez sea verdad. Yo llevo una entre las piernas. Es la bestia del amor.

Mi corazón late en mi sexo. Nada hay más cierto en mí. Y mi sexo es un animal que galopa feroz, encendido, vibrante. No sé si yo soy ese animal, solo sé que mi piel, mi sangre, mis articulaciones le pertenecen. Que el hálito que es la vida respira en su calor. En mi vulva hirviente. Abierta. Deseosa.

He intentado matarlo, estrangular al animal de mis entrañas. Vencerlo es morir viviendo. Entonces fui un remedo que no sabía despertar en la mañana. Mi cuerpo se lleno de dolor, no de un dolor metafórico, fue un dolor real que carcomía mis rodillas, que no me dejaba caminar. Y mi sangre comenzó a salirse, a no encontrar su rumbo en mis venas. Se salía por mis encías, por mis labios. Se salía bajo mi piel. Ningún médico encontró la causa porque mi sangre estaba sana. Pero se iba dejando mi cuerpo moreteado, manchado, golpeado. El animal no iba a morir sin pelear, no quería morir solo quería hacerlo conmigo. Quería no dejarme caminar, despertar, quería obligarme a cortar mi cuerpo para dejar que la sangre se vaya de una vez. Libre. Mi corazón late en mi sexo. En cada estremecimiento. Sin ellos deja de latir. Y la sangre se desparrama toda.



PEZ

No hay femenino de pez. No puedo decir la pez, pero ahora está muerta. Con la boca enterrada entre las piedras. Atracada. Inmóvil. Tampoco puedo asegurar que fuera hembra, solo lo imaginé cuando la introduje en la pecera. Porque era hermosa.

Roja y brillante, casi transparente. Nadaba sinuosa, moviendo en ondas sus aletas largas y flacas. Por eso pensé que debía ser mujer. Es tonto pero lo creí cuando la dejaba en el agua. Que si era frágil y bonita solo podía ser un pez hembra.

Y está muerta. Sus aletas se partieron, sus piernas se enredaron entre las algas de su casa.

Por eso murió, porque dejó de ser bella, tu belleza.



SEGUNDA CARTA

No me hagas caso mi amor, solo escribo para apaciguar mi miedo.

Pongo el cuchillo en tus manos porque a mí me da temor llevarlo. Sostenlo mi amor.

Yo sé que me amas.

Que darías tus nervios para que me cosa un vestido que me adorne.

Y yo te obligo a agujerearme.



CINCO

Por qué no puedo amar sin antes sentir dolor. Por qué necesito esta herida de sangre blanca.

Sentir que mi cuerpo es el grito de un animal agonizante.

Por qué espero que muerdas antes de besar.
Y dejes tu olor hasta asfixiarme para luego maldecirlo. No sé existir sin él.


Quiero correr pero pongo mis piernas en tus manos para que me quiebres los huesos. Y lloro.


No sé huir. No sé escapar de este encierro. Y solo soy un poco de carne que me atrapa.


Una hembra que mira como hembra.


Te odio mi amor.

Te amo.




Imágenes de la premiación.




miércoles 21 de octubre de 2009

CALIGRAFÍA TRADICIONAL CHINA: ESCRITURA PARA EL ALMA

El poeta Julio Heredia nos envía una interesante nota sobre la Conferencia, video y performance de David Kamt Fupuy, que tendrá lugar hoy 21 de octubre, a las 7.30 p.m, en la Sala Lumières de la Alianza Francesa de la Av. Arequipa 4595, Miraflores, Lima. La entrada es libre. Están todos invitados


EL ARTE-SANO DE LA CALIGRAFÍA TRADICIONAL CHINA

Se trata de un arte que traduce una disciplina de vida y que, en su culminación benéfica, revela don de sanación. Como toda escritura, la caligrafía tradicional china comenzó siendo un vehículo social de comunicación para convertirse, en su muy singular proceso depurativo, en puente hacia el yo esencial.

Sobre los simples misterios de este oficio versará la conferencia de David Kamt Fupuy, quien además nos presentará en estreno el video Los caminos hacia las montañas del cielo, producido y dirigido por él mismo y Rodrigo Otero Heraud.

David Kamt abordará, asimismo, el significado ideopictográfico de los puntos de acupuntura en la medicina tradicional china, vasto planteamiento de la antigüedad casi perdido en nuestros días que es menester rescatar en aras de su continuidad.
La noche culminará con una performance caligráfica es escena que permitirá a los asistentes experimentar los códigos de armonía, pulcritud y belleza, inmanentes en los movimientos energéticos de sus trazos, una poesía que se toca.

Ya a los 15 años Kamt asistía a su padre −uno de los pioneros de la acupuntura en el Perú− en su consultorio. Su abuelo fue también acupunturista. Llamado por el arte, muy joven partió a París para estudiar en la Escuela de Pintura del Museo del Louvre.

En 1979 obtiene una beca de Naciones Unidas para estudiar medicina tradicional china en la Universidad de Pekín. Es así que accedió a las eminencias médicas del país de sus ancestros durante los cinco años que permaneció en ese país.





lunes 12 de octubre de 2009

EXISTIR EN POESÍA: ENCUENTRO CON CARMEN LUZ BEJARANO

Un día como hoy hace setenta y seis años, nació la gran poeta peruana, Carmen Luz Bejarano. En el año 2001 conversé con ella, a raíz de la publicación de “Existencia en poesía”, libro que recoge sus poemas completos y que publicó el sello Carpe Diem que dirige la escritora Marita Troiano. Aquí el texto que sucedió al encuentro. Carmen Luz murió el año 2002 y está pendiente aún el descubrimiento de su obra.


ENCUENTRO CON CARMEN LUZ BEJARANO

Carmen Luz Bejarano no tiene edad. Se pasea de un lado a otro del tiempo, como si pasado, presente y futuro fueran sólo juegos inventados por la vida. Y es que esta poeta, nacida en Acarí (Arequipa) en 1933, es esencial como un haiku. No se ubica en una sola época y por eso mismo las recorre todas. Coge el instante fugaz, lo retrata y al hacerlo escribe las palabras que pronunciaremos mañana o que quizá, sin darnos cuenta, ya hemos pronunciado ayer.

“Siempre tomé en serio mis poemas, siempre creí en ellos. Cuando era pequeña, solía sentarme a la puerta de nuestra casa en Tanaka, un balneario ubicado en Yauca (Arequipa) y me ponía a conversar con alguien que no existía, que no estaba, pero que de una manera u otra me permitía escribir mis propios textos. Hiciera lo que hiciese estaba creando problemas que tenían que ver más con la literatura que con la realidad”, confiesa con franqueza la poeta, quien desde 1961, fecha en que publicó “Abril y lejanía”, su primer libro que felizmente sobrevivió a muchos otros destruidos por ella, no ha dejado de trabajar la palabra con un rigor sagrado, patente en todas sus obras.

Luego de ese libro vendrían Giramor (1961), Aracanto (1966), Del amor y otros asuntos (1984) y La Dama del Sosiego (1991), entre otros, en los cuales siempre mantuvo la misma firmeza y terquedad en el cuidado del lenguaje. “Ni siquiera en los momentos más difíciles de la vida he dejado de contemplar al poema. Un poema no es la expresión de un dolor, de sentimientos, sino expresar todo eso a través de una calidad poética. Es decir, el verso limpio de toda cosa estentórea. Sin embargo, en los momentos más difíciles yo no voy a escribir poesía. Entonces quizás se produce la elaboración interna, tal vez el alambique interior va procesando el poema, que aparecerá años después o días después, cuando el grito sea lo que yo quiero realmente que sea”.

Tras cuarenta años de escritura permanente, esta mujer que ama los atardeceres más que la luz del mediodía –porque aquellos le permiten “ver un paisaje con diferentes tonalidades, cuando este adquiere una forma distinta instante a instante”–, siente que sus poemas iniciales no han envejecido. “El primer poema de mi primer libro no lo considero fuera de lugar ni de tiempo. No sé si eso está bien o mal, simplemente es así. A veces pienso que podría corregir mis antiguos textos, pero eso sería traicionar lo que significaron en el momento en que fueron escritos, porque la poesía debe ser fiel con ese instante irrepetible que es la propia escritura”.

Carmen Luz dice que poco antes de que se publicara Existencia en poesía, el título que reúne sus poemas completos, hizo una exclamación: “¡Qué bueno debe ser amanecer sin inéditos!”. Sin embargo, en estos momentos, ya tiene inéditos un poemario, El jardín de la delicia y acaba de terminar una nouvelle, La ruta del ciprés.

La poeta no puede con su amor, su pasión por la escritura, que es lo que la lleva a escribir, incluso, más allá de su propia decisión, porque es inherente a ella: “Escribo poesía porque es lo único que sé hacer. Lo hago en cualquier circunstancia, incluso frente al dolor. Si yo no tengo ningún reparo en respirar cuando a mi alrededor alguien muere y tampoco tengo reparo en comer un trozo de pan, por qué tendría que dejar de hacerlo”, afirma Carmen Luz, y seguramente en ese mismo instante está ya preparando interiormente el poema que escribirá después.


(Escrito en 2001)




POEMAS DE CARMEN LUZ BEJARANO


Imagen Sideral


Nos pueblan los antiguos
Lovecraft
tus pingüinos del alba casi ciegos
las nebulosas del terror
tus cangrejos asmáticos
las simas donde el hombre
se acuclilla con la muerte
las garras de los bosques
sus dislocados árboles
y lo invisible
ataca
golpea
desde el ojo del pez
o el tentáculo de agua

Sólo un sueño fugaz distrae las esferas
el horror de los tiempos
acecha las estrellas

permanece

desboca las montañas
se retuerce en los vientos

cae el color del cielo
y un tiempo sin agujas
acuchilla el espacio

A través de las sombras
las cerebrales pulpas
la red de los insomnios
sólo huella y latido

Pululan los antiguos
Lovecraft

y no en tus ojos perfil de las montañas
ni en tu soledad acerada de espejos
ni en las rutas del mar
que abrasaron tus algas

sus huellas contenidas
en un clamor de estrellas
más allá de tus pasos recorrieron caminos

Pululan los antiguos
y sus huellas atacan
la diaria condición del espejo
y su faz de reflejos
sus faros invisibles
fotografían gestos y silencios
Lovecraft
Lovecraft
tus antiguos distantes
agazapados en cáscaras astrales
de vez en cuando tan sólo
sus pezuñas hendían en celo el universo

Ahora nos habitan

Corpúsculos de luna amasijan la arcilla
y las algas trascienden
y el pez lunar aguarda

Ahora
invernaderos de cristal donde las vísceras
son universos de espera
Atado el cordón umbilical de los cohetes
alguien se bebe a sorbos las noches
del espacio
descascara los astros

Se derrumban los cielos en espirales
diáfanas
pero no hay inocencia en el color del cielo
nadie pone en el fuego su mano
por la hierba
por el río
o la imagen
por la silla
o el pez

En los frutos del árbol se alimentó
la especie
y el fuego de la espada
nos abre el infinito

escama el aire
un ovni
la sibila espacial
quién sabe
una gaviota
tal vez
sólo el silencio
que talla sus cristales

Lovecraft
Lovecraft
nos pueblan los antiguos
la medusa innombrable

mientras Narciso bebe en aguas siderales


(1970)


* * * * * * * *

Amanece
Un encuentro de pájaros
dinamita el silencio
alguien besa mis párpados
y pasa.
Nos sorprende la tarde
con su juego de sombras,
avanzamos:
alguien mide los pasos
y aguarda.
¿Será ya noche
en el corazón de tiempo.

(De “Abril y lejanía”, 1961)


* * * * * *
Una niña derrama
sobre la hierba
el canto del agua.


* * * * * *


Sigo la ruta marina de la tarde
y oigo el reir de las estrellas.


(De “Aracanto”, 1966 )


* * * * * *

Nada persiste en mí. Soy como las olas
que al romperse no dejan memoria
sobre las rocas o la arena que besan al
partir.
No quieras de detenerme.
Viajaré por tu cuerpo. Amaré lo que amas.
Me detendré un instante desanudando el
tiempo.


* * * * *

Déjame partir ahora. Tú eres la piel que
inventó mi soledad para tocarla.
Déjame.
No ves que ya mi cuerpo se va alejando.
No ves que ya empecé a caminar en
huella inversa a tu recuerdo.
Es verde el mar que miro. El engañoso
verde desalojará el amor y sus recreos.


* * * * * *


Mujer
para que fuera solidaria me acunaste los
días
con fuego de luna y aracantos y mimbre
escarbaste la tierra hasta el hondo
cogollo
y en un cuenco de manos defendiste mi sueño

Como tú
me hice diáfano el vientre y albergué
la semilla
fui paraje de siembra tierra oscura y solemne
amasé la alegría de los cuerpos que
crecen
del fulgor que se expande conteniendo la vida

No pusimos
coraza ni distancia ni pared ni muralla
inmolé tu ternura inmolaron la mía otros
vientres
mañana abrirán sus espuertas

Finalmente
tus ojos andarán sobre el tiempo
tu cuerpo
en el único gesto más puro
que la almendra del aire



(De “Del amor y otros asuntos”, 1984)

* * * * * *

Desbrazando las brumas
me abrazaré a mi cuerpo como al cadáver
más gozosamente amado.


* * * * * *


Garrapatea su número
la muerte
sobre el ala dormida
a ras del viento.
Grávida de claridad
en el ocaso
el alma ensaya
su quietud
en vuelo.
Hiere la sombra,
la vigilia sueña.
Se alza la frente,
caracola en trance,
e instantáneas
se ausentan las pupilas.


(De “La dama del sosiego”, 1991)


* * * * *


¿Escuchas?
Es la muerte que pasa
y el mar que se deshace
en jadeos de espuma.

(De “Juegos de Casandra”, 1999)


*En la segunda foto aparecen, entre otros, César Calvo y Javier Heraud (primera fila), Arturo Corcuera (segunda fila) y Carmen Luz Bejarano (tercera fila).


Visite su web.



sábado 10 de octubre de 2009

JOSÉ EMILIO PACHECO: EN LA POESÍA LO QUE NO ES EXCELENTE ES DESPRECIABLE

“La edad de las tinieblas” es el más reciente poemario de José Emilio Pacheco publicado por la editorial Visor, en Madrid, que contiene párrafos como este:

Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada.

O este otro:

Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran.

Y también este:

A usted le duele esta ciudad que también ha hecho suya y lamenta ver cómo la hemos destruido y la seguimos arrasando. No entiendo sus razones para amar un sitio desesperante y sin esperanza. O tal vez existe la esperanza porque usted se encuentra aquí una vez más y llena de luz otra estación sombría.

Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada. Usted, en cambio, no es extranjera en ningún lado. Usted es de todas partes como la música.

Por favor, no se vaya. No se lleve al partir un fragmento de luz entre el desierto pardo y la barbarie que por codicia y estupidez hemos engendrado.


Con motivo de la aparición del nuevo libro, el suplemento Babelia del diario el País ofrece una entrevista al poeta que el próximo mes recibirá el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.


ENTREVISTA: EN PORTADA/Entrevista
LA CURIOSIDAD DEL POETA
PABLO ORDAZ 10/10/2009

Hay una voz que emociona a los jóvenes mexicanos. Es la de un hombre de 70 años que conoció a Octavio Paz, a Luis Cernuda, a Vicente Aleixandre, a Max Aub, a Jorge Luis Borges. Hay un poema de 1967 que emociona a todas las generaciones de mexicanos. Se llama Alta Traición y dice así: No amo mi patria. / Su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, montañas / -y tres o cuatro ríos. La voz y el poema pertenecen a José Emilio Pacheco, pero más allá de lo extenso de su obra, de la importancia de los premios recibidos, lo que inspira la vida y la obra del último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se resume en una frase que intercala en la conversación: "Es muy curioso todo". Y es en la manera gozosa en que lo dice, en el deseo inagotable de aprender y en su forma de transmitir lo que sabe, siempre como un regalo, nunca como una lección, donde está el alma de José Emilio Pacheco, su conexión tan íntima con lo mejor de México.

-Qué casa más bonita.
-La queremos mucho.

La cita es a las nueve de la mañana, en su casa, para desayunar. José Emilio Pacheco estrecha la mano del periodista y en ese momento, fin del verano, ciudad de México, colonia de La Condesa, dos temores se sientan frente a frente. El del poeta a las entrevistas. El del periodista ante un sabio que odia las entrevistas. Después de un primer café de tanteo, y ante las primeras preguntas, José Emilio Pacheco decide confesar: ¿Ves?, encendiste la grabadora y enmudecí. Hay gente que tiene el talento para hacer entrevistas, pero yo carezco absolutamente de ese talento. Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?.

Confesión por confesión, el reportero le cuenta que hasta la noche anterior no le llegó por correo electrónico su último libro, La edad de las tinieblas, que en España publica Visor. Y que fue abrir el archivo, empezar a leer los 50 poemas en prosa y sentir ternura con Bolotó, "el terror de las hormigas", miedo ante la mirada del insecto, "en la noche del insecto hay un minuto en que se pregunta a qué sabrá sentirse humano", nostalgia de aquella lejana tarde con aquella mujer, nos llevamos tan bien que sin decirlo preferimos no volver a vernos.... Al apagar el ordenador, ya alta la madrugada, el periodista había desaparecido y se había convertido en uno más de sus rendidos admiradores. Cuando José Emilio Pacheco acude a alguna celebración literaria en México, los organizadores saben que habrá lleno absoluto, y que sus lectores no se conformarán con la delicia de escucharlo hablar, sino que querrán saludar al autor de Las batallas en el desierto, que se retrate con ellos, que les dedique un libro... Cuando se pregunta aquí y allá por José Emilio Pacheco, las respuestas coinciden: "¿Lo vas a entrevistar? ¡Qué suerte! Es una persona encantadora, un sabio como los de antes. Eso sí -bajan la voz-, ten en cuenta que José Emilio Pacheco odia las entrevistas". Pacheco se disculpa: La paradoja es que a mí me gusta mucho leer las entrevistas, pero hay veces que me preguntan: ¿y usted qué intentó reflejar con este poema...? Ah, pues yo, no sé qué responder... Prefiero que hablemos tranquilamente y luego tú escribes lo que creas más conveniente. ¿Te he ofrecido ya café? ¿Qué poema me decías que te había gustado?.

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