domingo, 14 de octubre de 2012

Antonio Cisneros: "Porque fui muerto y soy resucitado"



El poeta Hildebrando Pérez nos envía generosamente el siguiente texto que publicó hace poco en Prensa Latina. Hoy es domingo, ayer se cumplió una semana de la muerte física de Antonio Cisneros, sirvan estas palabras sinceras para acompañarnos en el recuerdo de un artista inacabable.


ANTONIO CISNEROS: PORQUE FUI MUERTO Y SOY RESUCITADO

Por Hildebrando Pérez Grande

La muerte es un escándalo. Más aun cuando nos parte el alma de un hachazo feroz. Y más aun cuando se trata de alguien que, desde diversos códigos y banderas y quehaceres comunes, forma parte de nuestras vidas. Es el caso del poeta y amigo Antonio Cisneros (Lima, 1942 -2012). Como él lo diría con su inconfundible tono burlón: no sé cuanto marca en el debe o el haber de mi vida, pues, desde los inicios de la década del 60’, tuvimos la dicha de conocerlo en las aulas sanmarquinas. Qué se perdió o ganó entre estas aguas. / Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí.

Desde Destierro (1961) hasta Un crucero a las islas Galápagos (2005), pasando por libros memorables como Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), que fue celebrado en todo el ámbito hispanoamericano y que aun mantiene su predicamento poético y Como higuera en un campo de golf (1972), acaso su libro más entrañable, sin postergar ese notable cambio de registro que hace gala en Las inmensas preguntas celestes (1992),  la poesía de Antonio Cisneros  ha sido una fiesta de la palabra, la inteligencia, el humor, la ironía y de una mirada impecable y redentora de la exaltante realidad que nos rodea, con el toque de una irreverencia saludable.

Desde la década de los 70’, la obra lírica de Antonio Cisneros lo perfila como uno de los mayores poetas en lengua española y uno de los más traducidos a otros idiomas modernos,  hecho que lo distingue visiblemente dentro de su marco generacional. Los estudiosos, desde diversas perspectivas críticas, coinciden en alabar  el virtuosismo de su escritura, su temprana maestría con el lenguaje poético contemporáneo, el atinado uso del distanciamiento brechtiano y el rigor crítico con el que rechaza el facilismo, el panfleto, el tono dulzón y melodramático y ejerce más bien la mirada interdisciplinaria, la actitud dialógica, la crítica  puntual de los desmanes de la alienación contemporánea, y la manera cómo verbaliza estremecedoramente–con el lenguaje culto o el vitalísimo lenguaje de la calle-, su sincera reconversión, esa suerte de dar la palabra al hijo pródigo, quien, con la magia de un nuevo lenguaje, distante ya del versículo y la vana actitud iconoclasta, expresa una visión ecuménica con una nueva y espléndida  dicción. Por todo ello, nuestro poeta mereció las más altas distinciones y reconocimientos tanto en el plano nacional como el internacional.

La obra lírica  de Antonio Cisneros no sólo honra a la poesía hispanoamericana sino que también es  un discurso ejemplar que desde hace ya medio siglo batalla de manera transparente por nuestra planetaria condición humana. Es verdad que ahora estamos tristes, consternados,  más despoblados que nunca, pero por siempre escucharemos su tambor.




POEMA DE ANTONIO CISNEROS

POR ROBERT LOWELL

Del avión al taxi,del taxi al sudor frío, del sudor al

diafragma cerrado.
90.000 kilómetros de sangre a la deriva en el fondo de un
taxi.
Rojos caballos bajando las colinas, evitando las altas
hierbabuenas,
corriendo, siendo, riendo,
hundiéndose en las aguas como el sol del Pacífico.
Más libres que un cadáver azul a la deriva.
Sólo tumbos y chillidos de delfín.
Sin duelo alguno en los acantilados. En el fondo de un taxi.
(No hay quien tome tu mano y te consuele y te seque el
sudor
y te recuerde -en 14 segundos- el mar Atlántico contra
un bosque de pinos
y el orden de la tierra perfecta como una tía vieja.)
Azul a la deriva
No hay duelo en los semáforos que guardan el camino
ni un abeto en tu puerta todavía.