miércoles, 29 de julio de 2009

"La Mujer Es Ponja"

Conocí a la poeta Doris Moromisato Miasato, cuando estudiaba Derecho y Ciencias Políticas en La Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Aún recuerdo los poemas que por entonces escribió y que no han dejado de crecer con el tiempo.


Algunos de ellos, como una forma especial de vasos comunicantes, forman parte de cada uno de los libros que ha publicado a lo largo de estos años, y muestran el camino decidido por aquel entonces: el arte y la literatura, a la vez que ratifican una vida intensa, acompañada desde siempre por libros y palabras escritas, su verdadera pasión.

Ese camino nació en Chambala (Lima) y ahora estoy seguro que la acompaña en la nueva edición de su poemario "La Mujer Es Ponja" (la anterior publicación data de 2004), que se presentará el viernes 31 de julio, a las ocho y treinta de la noche, en la Sala José María Arguedas de la Décimo Cuarta Feria Internacional del Libro de Lima (FIL). Los comentarios estarán a cargo de Rocío Castro Morgado, Morella Petrozzi, Olga Rodríguez Ulloa y Gaby Cevasco por Ediciones Flora Tristán.

Les dejo, como muestra, dos poemas de "La Mujer Es Ponja":



Escena de Familia / con mujer adentro

Desvistes tu cuerpo
palpas en silencio el origen de tus pechos,
no te detiene el ruido de sus voces
avanzas sigilosa hacia la punta de tu miedo.
Tu familia cena esta noche la misma rutina,
trafica en la mesa los escombros de un día deshecho
Tú bajas hacia tu vientre caliente que te espera
como un negro pájaro la noche se instala en tu pubis
aletea y empieza a llover sobre tus muslos
Tu padre, ruidosamente, traga la sopa y eructa
tu madre se queja y hace lo mismo
tus hermanos se miran y la imitan
Tú te dejas caer sobre tu nuca
mansa, te abandonas al placer de tus orillas
Una boca escupe sobre el piso
Tu boca se abre lentamente
Otra boca lanza groserías
Gimes, no te explicas
Alguien arrastra los pies y sale a la calle
Dentro de ti otra tiembla cuando tiemblas
rehace el perfil de tu cintura
por la curva de tus nalgas se resbala
Tu padre derrama el vino sobre la mesa
Tú te derramas en un suspiro
Maldice a tu madre, tira la puerta y se marcha,
tu madre limpia y se llena de grasa
Tú, de rocío
Recoge los viejos trastos y su viejo destino
Tú aprendes a amarte con esa que te imita
Tu madre llama, se enfría la sopa
Abres la puerta, miras a la mesa
y del triste cajón de tus quince años
extraes una sonrisa.


La Mujer Esponja

¿Qué soy, quién soy?
Un punto bajo la luna
una despensa de su luz
y la luna
un punto verde
atrapado en el diminuto punto que soy yo.
Su inmensidad en mis pupilas
su nocturna y anciana caminata
la curva de su vientre atrapada en mí.
La luna,
soy yo.
Criatura que estira sus patas
bajo la luna
glándulas, salivas, metacarpos
atraviesan la noche
costras, paranoias, bilis
ganglios, obsesiones, bruma
sostienen la leyenda.
¿Qué soy?, pregunto a una hoja del hibiscus.
Veinticinco millones y no hay lugar para mí.
Mi bisabuelo no peleó por el salitre
mi abuela no enterró sus huesos aquí.

Ovarios, verborrea, la cicatriz de una tuberculosis
en el antiguo mapa de mis pulmones,
caries, laberintos, diástoles, desolaciones.
¿Quién soy?, me pregunto.
La luna brilla en la hoja del hibiscus.
Ah, la luna, la luna...
Tú no dudas, le digo, tú no te amilanas.
Cada noche despiertas
y ruedas
la anciana ruta de tus patas.
¿Qué soy?
Arterias, rutina, salmonellas, prejuicios.
Arranco la hoja del hibiscus
guardo la luna en mi bolsillo
guárdome con ella.
Otra noche.

domingo, 26 de julio de 2009

LAS PALABRAS DE LA TIERRA

Los muertos hablan a través de la tierra que los cobija, desde allí son rescatados por las palabras que viajan entre nosotros como mensajes silenciosos o imágenes invisibles. ¿Son cadáveres las palabras? ¿Son la evidencia de aquello que alguna vez estuvo entre nosotros?

Las palabras son vida que nos apercibe a través de la muerte, muerte que nos habla de nosotros para enseñarnos a vivir realmente, incluso, más allá de ella misma, es decir, en nosotros y con nosotros: caminando el mundo, sin tiempos y sin límites impuestos. Hecha de palabras, la muerte nos regresa la vida.

Este parece ser el sentido de “Cadáveres”, el tercer poemario de Alejandro Susti (Lima 1959), editado por el Grupo Editorial Mesa Redonda, que se presenta el próximo jueves 30, a las siete de la noche, en la Feria Internacional del Libro de Lima (Vértice del Museo de la Nación, esquina Avenidas Javier Prado con Aviación, San Borja, Lima). Esta presentación estará a cargo de Rocío Silva Santisteban y Sandra Pinasco.

Además de poeta, Alejandro Susti es músico y profesor. Desde su regreso al Perú en 1999, después de concluir un doctorado en EEUU, ha publicado los poemarios Corte de amarras (2001), Casa de citas (2004) el estudio “Seré millones”. Eva Perón. Melodrama, cuerpo y simulacro (Rosario-Argentina, 2007) y, como co-autor, Ciudades ocultas. Lima en el cuento peruano moderno (2007). Ha editado los CDs Tren al Edén (1988), Sueño en la ruta (2003), Kaoscopio (2005) e Islas (2008).

A continuación algunas palabras del poeta sobre el proceso de creación de su nuevo libro y luego algunos textos de “Cadáveres”.


PALABRAS DEL AUTOR


“El libro lo comienzo a escribir por el 2005, cuando estoy preparando un curso de lírica hispanoamericana del siglo XX y tengo todo el verano por delante para hacerlo. Leo a Alejandra Pizarnik; “Yo canto/ No es invocación. / Sólo nombres que regresan”. Y luego leo a Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Raúl Zurita. Y leyéndolos empiezo a escribir los primeros poemas de este libro, porque uno necesariamente imita el gesto de los otros al pasar fugazmente por ese cementerio de palabras que es la literatura”.

“Pero, como sucede con las cosas de la memoria, uno siempre elige lo que recuerda y al hacerlo desfigura, barniza, oculta y, por último, hace desaparecer lo que fue. Y en esa curiosa operación de reinventar o construir un mundo de las cenizas uno se vale de las palabras y con ellas va erigiendo un castillo silencioso de palabras que tendrá una vida muy distinta a la de sus referentes.

“La imagen de la muerte asumió sucesivamente la forma de los insectos, las plantas, la hierba, los árboles, la playa, los cielos, la luz, las sábanas, los hijos, los padres, la familia. Agregué algunos textos de corte narrativo en la tercera sección con miedo a que el volumen perdiera su unidad (uno de ellos—“Ondas del éter”—incluso fue pensado para un volumen de narraciones que espero salga más adelante) y, por último, la sección erótica, la cuarta, creció súbitamente con unos tres poemas escritos durante el último verano, uno de ellos—“Espantos” —escrito desde la voz de una mujer, cosa que incluso a mí mismo me pareció extraño. Finalmente, la última sección quedó para los textos que directamente abordaban el tema de la muerte, uno de ellos—“Nómina de huesos”—basado en el terrible testimonio de una informante de las audiencias de la Comisión de la Verdad y, por su título, también alusión al poema de César Vallejo.


POEMAS DE “CADÀVERES”



Cadáveres

En cada fosa
caben miles de palabras
que la tierra roe como huesos
sacos de la pena
carrera de la especie descendiendo
hacia el hilo de la ausencia

Los cadáveres brotan como dorsos
entre la espuma rabiosa del mar
y ascienden por la falange del olvido
a impregnar de élitros el aire

Tu cuerpo es un cadáver
cada día despuntando hacia la distancia de una noche
infinita
espejo de una lágrima cosida al párpado
de la muerte


Espadas


Il sonne une cloche de feu rose
dans les nuages
A. Rimbaud


Edificio de la larva
tenso hilo del silencio:
desdentada la belleza
los ojos restituyen la destreza
del zarpazo


Cansados de la turbia ceremonia
caemos del caballo y en la lengua
desclavamos las espadas
de la espera


Pedradas

Me dolerán los testículos
lo sé:
masturbarse con el cuerno de la luna
es doloroso
embriagarse con el cuento de la prima
peor
y más aún cuando la espina de una rosa
hinca pie en el glande
y fermenta la orina sus diamantes
piedras el esófago
sales la saliva

Blando crítico sesudo:
me dolerán los testículos
entenderás entonces una dos
tres pizcas
y luego de eructadas las sentencias
volverás a defecar

Te dolerán los ojos
y tus cisnes alumbrado púbico serán
y la piedra te reconocerá porque anduvo alojada
en tu garganta
en tu rima seca nuez molida

Te dolerá el jumento
el piano animal
tocar apenas una tecla será morder
espumas como un perro
y la gran puta dolorosa aullará
por tu ano con palabras como
estas
alumbradas a pedradas.


Película de amantes
(a la manera girondina)

Se soban se frotan se palpan
se tocan se rozan acarician
animales perfectos
ella ensortijada deseante
virgen de carne bruta y labios
gruta viscosa radiante sedienta
él ascendiendo por sus volutas
sorbiéndola mordiéndola hurgándola
moldeándola bajo su sexo de obsidiana
ella abriéndose curvándose alisándose
montándose girando volteándose
perforada horadada mutándose en cuerda
pulsada tensa floja insistiendo pidiendo
él rodeando midiendo sus ancas
asiendo envolviendo royendo aplastando
metido entre sus huesos vulva nalgas
maza cortante anudando hundiendo
puliendo gastando meciendo
ella mortero carnaza ondulante
tejido pie suspendido cabalgada
abrasada exhalante remecida suplicante
él impulsado insistente mordiente
ella saliente sibilante doliente
ella salina hoyo joya turgente canto
él cayendo doliente gimiente viviente
ellos lejanos
distantes silenciosos
nombres amantes
vestidos para la sombra



Mujeres

Esta mujer bajo mi cuerpo
coceante exhalante
voz cantante de la misma muerte
mujer de huesos curvos duros y bemoles
que no reconozco
excesiva y turbia
esta mujer partida en dos caminos
una niña cándida y sonora
otra lúcida serena y tierna
bajo mi sexo ambas yaciendo
ella misma doblando el paso de su tiempo
torva corneja cuadrúpeda
ángel bicéfalo llagado
ambas crujiendo bajo el paso de mi glande
turbadas encendidas como cruces
sin apenas conocerse
horadadas por el mismo deseo


Nómina de huesos

Entonces no me quedaba nada, pasaron días y tras días, siguía buscando, preguntando y entonces sabía de que, al no encontrar ninguna respuesta, dije, estará por ahí porque el huayco, el río, el huayco de Yahuarcuna era un lugar de echadero de todos los muertos, hechos por los infantes de la marina, entonces me fue para allá, sabía de que había que cambiarse de ropa, me ponía mi ropa del campo, cargada mi bebe busqué. Verdad muchos muertos, busqué, (llora) tampoco encontré, no estaba ahí mi esposo, (llora) preguntaba por dónde, por todo sitio busqué, huaycos, quebradas; (llora) entonces alguien me dijo, por Iribamba, había una fosa común, fue para allá, igual encontré verdad, que un resto de un ser humano estaba comiéndose un perro, le quité el pedazo, me fue buscando para ver si ahí estaba, sí había esa fosa común, (llora) senté a mi bebe, empecé buscar, arañar…la tierra, porque estaba tapada con…con un poco de ra…rama espinosas y un poco de tierra, empecé a jalar, sólo salió la pierna de uno de ellos, quise sacar al otro y el brazo…(llora) ya no podía.

Voz de Cipriana Huamani Janampa
Comisión de la Verdad
Audiencias públicas (Huanta)



Me pongo a buscar palabras para nombrar los huesos
las voces enterradas
escarbo en la tierra y encuentro tu hueso y el mío
soldados por el mismo olvido
pero miento como mienten los vivos
porque tú y yo sabemos que nos quedamos
tan solos como los nombres:
espinosas ramas de palabras
que no alcanzan a cubrir los agujeros las fosas los restos
de nuestros padres
y en la página virtual de la memoria sentimos
que todo el sol no basta
porque los muertos
regresan
como el mar sediento
que todo lo reclama



lunes, 20 de julio de 2009

LA BELLEZA NO ES UN LUGAR

La madrugada me sorprende más allá del tiempo, miro mi libro en la pantalla de la computadora, las imágenes me desbordan.

No obstante la naturaleza de su fluir, apenas las alcanzo a percibir realmente, pues sólo las veo en forma irreal.

Estoy frente a mi hijo de papel mirando el mundo que se escribe a todas horas a pesar mío y de todos.

Sin embargo, fugazmente intento adherirme a la hora suprema. Les dejo estas huellas de mi tránsito por el mundo, mientras la madrugada sigue en pie, en mi piel.



POEMAS INÉDITOS DE JUAN CARLOS DE LA FUENTE



(Origen)

No saber
no pensar que esta luna
que esta calle
se levantan sobre ti sin piedad
para alcanzarte antes de que empieces
a salirte del mar y llegues
a nosotros
desierto.


(Puente)

Escucha cómo bulle el río
cómo se enreda en tus cabellos
y baja por las calles
llevándose tu sueño
para que nos toque a todos.


(Puertas)

Entrar en la noche como en una mirada.
Aferrarse a ella, a sus caminos bloquedados,
a sus pasadizos sin final, a sus estrellas
en el piso, a sus astros en las paredes,
a sus aguas sumergidas en el polvo,
en la raíz, en las hojas de tus huellas.
Y seguir como un milagro que no acaba
hasta saber que ya no existe la partida
y sólo es cierto este regreso.


(Voces)

Escribe la noche que pasa sin ningún atavío
y se contagia de una sed extrema, de un latido.

Luz salvaje para tus ojos de camino.
La verdad se rompe como el aire entre tus manos.

Recuerdo de ave grabado en la sombra,
donde un ojo se abre mientras otro se pierde.


(Sombras de luz)

Reflejo del aire
en la pared
otra pared crece
como el viento
y como el viento
se va
a crecer en otro mundo.


(Otra vez el río)

Eres el mismo río de mi infancia:
oscuro a mediodía, luminoso de noche.
Te he escuchado llegar, he intentado hablarte,
he perseguido tu voz.
Y al nacer, he muerto.


(Preguntas y silencios)

¿Qué hay adentro?
Un hombre solo.

¿Qué hay afuera?
Una calle vacía.

¿Una calle sola?
¿Un hombre vacío?


(Lago)

Busco mis pasos como otros
buscan peces.


(Casa)

He aquí la noche
que cae
dentro
de la noche
en la que
habitas tú,
que sólo
eres el día.


(Dos crímenes de ilesa humanidad)

1


La luz entró
como un disparo.

Mi corazón era la luz.
Mi corazón era el disparo.

2

¿Elige el río su fluir?
¿Elige el cuerpo su lugar en el mar?
¿Elige otro río?
¿Se seca en el sol
O en su desierto interior?
No sé, mi mano
Aprieta el gatillo del aire.
Y encuentra un destino
O una estrella,
Mientras levanta el cadáver de una palabra.


(Del libro inédito: "La belleza no es un lugar").

*La foto es una adapatción de Jerry Uelsman.

martes, 14 de julio de 2009

LIHN Y WATANABE: LOS EXTREMOS DEL MISMO SER SÍ SE TOCAN



¿Quién es del aire y quién de la tierra? ¿Quién es de ambos lugares? ¿Quién es de ninguno y atraviesa el laberinto de la historia como si esta fuera una vereda abierta o un paisaje detenido en la mirada? En 1979, el poeta chileno Enrique Lihn (1929 – 1988) incluyó en su libro “A partir de Manhattan”, un texto titulado Para Andrea donde aborda la transformación de la oruga en mariposa desde un tiempo sin tiempo nacido de la propia y cruda realidad. Es un texto escrito en tercera persona con la distancia con que uno observa el devenir de las formas, cuando estas manifiestan su condición que oscila entre la muerte y el renacimiento.



En su libro “Historia Natural”, publicado en 1994, el poeta peruano José Watanabe (1945- 2007) tocó el mismo tema en su en su poema La oruga. Escribió un texto en segunda persona; le habló directamente a lo transitorio, asumió una cercanía, una complicidad y después la dejó partir para encontrarse con su devenir y su futuro. Sólo habló de la oruga, sin nombrar a la mariposa. Lihn, en cambio, habló de ambas, oruga y mariposa; no pidió noticias como Watanabe; llegó a visionar lo que sería la noche sin la noche y el efímero día. ¿Qué miró cada quien? ¿Qué sintió? ¿Qué pensó? ¿Lo saben acaso las palabras? ¿Alcanzaron en verdad a reflejar lo que los poetas pretendían? Enigma del poema que nos muestra que a veces los extremos del mismo ser sí se tocan.





Para Andrea

La oruga es una trabajadora infatigable, mata
con su apetito sin boca algunos centenares de hojas
que el árbol le tiende compasivo de su ceguera
para ayudarla a cruzar la calle.
No deja más que huecos a su paso tal como la pinta esta tarjeta postal
La mariposa, en cambio, salta del capullo
en el instante mismo de su transfiguración
en que como una flecha de nacimiento
abre los ocelos de sus alas a la luz
pero quizá no los ojos, porque también está ciega
Ella baila con sus alas de artista
como una gitana al son de violines húngaros
y no se detiene dos veces en la misma flor.
La mariposa no puede recordar que ha sido oruga
así como la oruga no puede adivinar que será mariposa
porque los extremos del mismo ser no se tocan.


(De “A partir de Manhattan”, ediciones Ganymedes, Valparaiso, 1979).





La oruga

Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.

Hace mucho supe que no eras un animal terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿Sabes que mañana serás del aire?
¿Te han advertido que esas dos molestias aún invisibles
serán tus alas?
¿Te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, una turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo?

Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros.

Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba.
Haz que te vea,
quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar.
Hazme saber
si acaso es mejor no despegar nunca la barriga de la tierra.


(De “Historia Natural”, Peisa 1994 )

ELIZABETH BISHOP: EL HOMBRE POLILLA

Reconocida como una auténtica renovadora de la poesía estadounidense contemporánea, Elizabeth Bishop (1911-1979), tras ganar en 1946 el premio Houghton Mifflin Prize de poesía publicó el notable “North & South”, del que sólo se imprimieron mil ejemplares. Uno de los textos emblemáticos de este poemario es The Man-Moth (El hombre polilla), auténtica y radical metáfora del hombre moderno enfrentado a una realidad despiadada que lo obliga a resguardar del mundo y de los otros sus verdaderos sentimientos, que son precisamente aquellos que lo hacen más frágil, más vulnerable, es decir, más humano que nunca. Felizmente, como la propia poeta lo dice -con esa belleza de la que ella sigue siendo capaz de enaltecernos- siempre habrá un espacio para el asombro, para la sorpresa, para la poesía. Bishop fue distinguida como poeta laureada de los Estados Unidos (1949-1950) y obtuvo el Premio Pulitzer en 1956.



El hombre polilla


Aquí, arriba,
las grietas de los edificios se llenan de desmesurada luz de luna.
Toda la sombra total del hombre es sólo tan grande como su sombrero.
Yace a sus pies y semeja a un círculo donde puede pararse una muñeca
y él es como un alfiler invertido, la imantada punta hacia la luna.
No ve la luna; observa solamente sus infinitas propiedades,
y siente la extraña luz sobre sus manos, ni cálida ni fría,
una temperatura imposible de registrar en termómetros.

Pero cuando el Hombre Polilla
hace sus raras y ocasionales visitas a la superficie,
la luna parece muy distinta. Emerge
desde una abertura bajo el borde de una de las aceras
y nervioso comienza a escalar las caras de los edificios.
Piensa que la luna es un agujero en lo alto del cielo,
demostrando que la protección del cielo es del todo inútil.
Tiembla, pero debe investigar hasta dónde puede escalar.

Por las fachadas,
arrastra tras de sí su sombra como un trapo de fotógrafo,
sube con miedo, pensando que esta vez conseguirá
meter su pequeña cabeza en esa abertura redonda y limpia
y ser arrastrado a través de ella como por un tubo en
volutas negras contra la luz.
( El hombre, parado debajo de él, no se hace esas ilusiones.)
Pero el Hombre Polilla debe hacer lo que más teme, aunque,
claro, fracase, y caiga asustado pero sin lastimarse apenas.

Entonces vuelve
a los pálidos subterráneos de cemento a los que llama casa.
Revolotea, se agita, y no puede montarse en los trenes silenciosos
con la celeridad que le convendría. Las puertas se cierran rápidamente.
El hombre polilla siempre se sienta en sentido contrario
y el tren arranca de inmediato, a toda velocidad,
sin cambiar de marchas ni moverse gradualmente.
No puede calcular la velocidad a la que viaja hacia atrás.

Cada noche debe
Ser transportado a través de túneles artificiales y tener sueños recurrentes.
Así como las traviesas se repiten bajo su tren, éstas subyacen
en su precipitado cerebro. No se atreve a mirar por la ventana,
porque el tercer raíl, la intacta corriente de veneno,
corre ahí a su lado. La mira como a una enfermedad
cuya susceptibilidad ha heredado. Tiene que llevar
las manos en los bolsillos, como otros deben llevar mitones.

Si lo atrapas,
ilumínale los ojos con una linterna. Es todo pupila negra,
una noche entera en sí misma, cuyo horizonte de pelos se
contrae cuando él devuelve la mirada y cierra los ojos. Entonces, de
los párpados se desliza, como el aguijón de una abeja, una lágrima, su única posesión.
Se la enjuga con disimulo, y si no estás atento
se la tragará. Pero si lo vigilas, te la entregará,
fría como de manantiales subterráneos y lo bastante pura para ser bebida.



The Man- Moth


Here, above,
cracks in the buildings are filled with battered moonlight.
The whole shadow of Man is only as big as his hat.
It lies at his feet like a circle for a doll to stand on,
and he makes an inverted pin, the point magnetized to the moon.
He does not see the moon; he observes only her vast properties,
feeling the queer light on his hands, neither warm nor cold,
of a temperature impossible to record in thermometers.
But when the Man-Moth
pays his rare, although occasional, visits to the surface,
the moon looks rather different to him. He emerges
from an opening under the edge of one of the sidewalks,
and nervously begins to scale the faces of the buildings.
He thinks the moon is a small hole at the top of the sky,
proving the sky quite useless for protection.
He trembles, but must investigate as high as he can climb.

Up the façades,
his shadow dragging like a photographer´s cloth behind him,
he climbs fearfully, thinking that this time he will manage
to push his small head through that round clean opening
and be forced through, as from a tube, in black scrolls on the light.
( Man, standing below him, has no such illusions.)
But what the Man-Moth fears most he must do, although
he fails, of course, and falls back scared but quite unhurt.
Then he returns
to the pale subways of cement he calls his home. He flits,
he flutters, and cannot get aboard the silent trains
fast enough to suit him. The doors close swiftly.
The Man- Moth always seats himself facing the wrong way
and the train starts at once at its full, terrible speed,
without a shift in gears or a gradation of any sort.
He cannot tell the rate at which he travels backwards.

Each night he must
be carried through artificial tunnels and dream recurrent dreams.
Just as the ties recur beneath his train, these underlie
his rushing brain. He does not dare look out the window;
for the third rail, the unbroken draught of poison,
runs there beside him. He regards is as a disease
he has inherited the susceptibility to. He has to keep
his hands in his pockets, as others must wear mufflers.

If you catch him,
hold up a flashlight to his eye. It´s all dark pupil,
an entire night itself, whose haired horizon tightens
as he stares back, and closes up the eye. Then from the lids
one tear, his only possession, like the bee´s sting, slips.
Slyly he palms it, and if you´re not paying attention
he´ll swallow it. However, if you watch, he´ll hand it over,
cool as from underground springs and pure enough to drink.

lunes, 13 de julio de 2009

ARTE POÉTICA


Escribir impunemente. Escribir poseído por seres extraños y divinos. Escribir poseído de sí mismo. Escribir con ojos y con manos. Sin ojos y sin manos, trazar una línea otra luz en el horizonte. Escribir con la severidad de quien mata para honrar al universo. Escribir sin universo, fuera del comienzo y del final. Inundar un agujero negro de semen y de lluvia. Hacer crecer arena, árboles, corazones en un abismo, para que pueda subir la mañana hasta nosotros. Escribir culpablemente. Escribir esta verdad rosa y este deseo azul que te apuñala a traición. Escribir con libertad, lejos de la prisión de los sueños, de los viajes, de la historia. Sólo escribir. Solo escribir. En medio de la noche o en el centro del oleaje, reventar de tantas voces, tantos símbolos, tantos vestigios sin origen y sin forma. Y otra vez escribir y seguir escribiendo. Aunque reboten las palabras unas contra otras alguien las recibirá. Alguien les abrirá su casa, les mostrará sus más recónditos secretos. Palabras de todos: oraciones calladas que despiertan, se incorporan, escapan. Palabras que no vuelven, pero siempre nos encuentran. Y nos hablan.