miércoles, 15 de julio de 2009

LIHN Y WATANABE: LOS EXTREMOS DEL MISMO SER SÍ SE TOCAN



¿Quién es del aire y quién de la tierra? ¿Quién es de ambos lugares? ¿Quién es de ninguno y atraviesa el laberinto de la historia como si esta fuera una vereda abierta o un paisaje detenido en la mirada? En 1979, el poeta chileno Enrique Lihn (1929 – 1988) incluyó en su libro “A partir de Manhattan”, un texto titulado Para Andrea donde aborda la transformación de la oruga en mariposa desde un tiempo sin tiempo nacido de la propia y cruda realidad. Es un texto escrito en tercera persona con la distancia con que uno observa el devenir de las formas, cuando estas manifiestan su condición que oscila entre la muerte y el renacimiento.



En su libro “Historia Natural”, publicado en 1994, el poeta peruano José Watanabe (1945- 2007) tocó el mismo tema en su en su poema La oruga. Escribió un texto en segunda persona; le habló directamente a lo transitorio, asumió una cercanía, una complicidad y después la dejó partir para encontrarse con su devenir y su futuro. Sólo habló de la oruga, sin nombrar a la mariposa. Lihn, en cambio, habló de ambas, oruga y mariposa; no pidió noticias como Watanabe; llegó a visionar lo que sería la noche sin la noche y el efímero día. ¿Qué miró cada quien? ¿Qué sintió? ¿Qué pensó? ¿Lo saben acaso las palabras? ¿Alcanzaron en verdad a reflejar lo que los poetas pretendían? Enigma del poema que nos muestra que a veces los extremos del mismo ser sí se tocan.





Para Andrea

La oruga es una trabajadora infatigable, mata
con su apetito sin boca algunos centenares de hojas
que el árbol le tiende compasivo de su ceguera
para ayudarla a cruzar la calle.
No deja más que huecos a su paso tal como la pinta esta tarjeta postal
La mariposa, en cambio, salta del capullo
en el instante mismo de su transfiguración
en que como una flecha de nacimiento
abre los ocelos de sus alas a la luz
pero quizá no los ojos, porque también está ciega
Ella baila con sus alas de artista
como una gitana al son de violines húngaros
y no se detiene dos veces en la misma flor.
La mariposa no puede recordar que ha sido oruga
así como la oruga no puede adivinar que será mariposa
porque los extremos del mismo ser no se tocan.


(De “A partir de Manhattan”, ediciones Ganymedes, Valparaiso, 1979).





La oruga

Te he visto ondulando bajo las cucardas, penosamente, trabajosamente,
pero sé que mañana serás del aire.

Hace mucho supe que no eras un animal terminado
y como entonces
arrodillado y trémulo
te pregunto:
¿Sabes que mañana serás del aire?
¿Te han advertido que esas dos molestias aún invisibles
serán tus alas?
¿Te han dicho cuánto duelen al abrirse
o sólo sentirás de pronto una levedad, una turbación
y un infinito escalofrío subiéndote desde el culo?

Tú ignoras el gran prestigio que tienen los seres del aire
y tal vez mirándote las alas no te reconozcas
y quieras renunciar,
pero ya no: debes ir al aire y no con nosotros.

Mañana miraré sobre las cucardas, o más arriba.
Haz que te vea,
quiero saber si es muy doloroso el aligerarse para volar.
Hazme saber
si acaso es mejor no despegar nunca la barriga de la tierra.


(De “Historia Natural”, Peisa 1994 )

2 comentarios:

Michael dijo...

dos poemas excelentes que tocan la naturaleza...

Jorge Ampuero dijo...

Interesantes extremos de una misma raíz.

Saludos.