lunes, 16 de marzo de 2009

BLANCA VARELA: EL CANTO MÁS SECRETO

Octavio Paz no fue solo uno de los grandes amigos de Blanca Varela, recientemente fallecida, y uno de los que más la apoyó en la publicación de su primer libro, "Ese puerto existe". El Premio Nobel mexicano, quien además de excelente ensayista y crítico literario era un auténtico visionario, tuvo una mirada extraordinaria para vislumbrar el futuro de la poesía en general.

Estas cualidades le permitieron leer el destino de la obra de nuestra poeta peruana, al tiempo que interpretar con lucidez la coyuntura artística de finales de los años cincuenta. Con el paso del tiempo, sus palabras no han perdido vigencia, sino que constituyen una ventana de lectura para todo aquel que quiera mirar con determinación lo que ocurre en la actualidad en la poesía y tomar conciencia de las tendencias que nos muestra esta primera década del siglo XXI. Comparto con ustedes un fragmento del prólogo de Octavio Paz del año 1959, así como unas reflexiones que el poeta hace en voz alta sobre la esencia del ser humano.



No creíamos en el arte. Pero creíamos en la eficacia de la palabra, en el poder del signo. El poema o el cuadro eran exorcismos, conjuros contra el desierto, conjuros contra el ruido, la nada, el bostezo, el claxon, la bomba. Escribir era defenderse, defender a la vida. La poesía era un acto de legítima defensa. Escribir : arrancar chispas a la piedra, provocar la lluvia, ahuyentar a los fantasmas del miedo, el poder y la mentira. Había trampas en todas las esquinas. La trampa del éxito, la del "arte comprometido", la de la falsa pureza. El grito, la prédica, el silencio: tres deserciones. Contra las tres, el canto. En aquellos días todos cantamos. Y entre esos cantos, el canto solitario de una muchacha peruana: Blanca Varela. El más secreto y tímido, el más natural.




Extracto del prólogo de Octavio Paz a la primera edición de "Ese puerto existe" (1959), de Blanca Varela.




Octavio Paz: El hombre, ese desconocido

sábado, 14 de marzo de 2009

REFLEXIONES SOBRE POESÍA Y PERIODISMO


Una sala de espejos reflejando a las personas, una sala de personas reflejando a los espejos. Todo y nada al mismo tiempo: la posibilidad mayor de conocer la realidad y la mayor imposibilidad de conocernos.

En estos tiempos donde las imágenes y la información no nos dejan momento apropiado para detenernos a buscar lo que está en nosotros, sólo me surgen preguntas, escenas de interrogación, puentes invisibles para atravesar la niebla y llegar al otro lado de la vida, con los ojos abiertos y la mirada todavía limpia.

Dentro de estas preguntas surgen impostergables casi, la poesía y el poeta, el periodismo y el periodista, vistos como unidades inseparables: vida y obra fusionadas desde siempre y para siempre, sin intermediarios, sin interpretaciones separadas, sin visiones dispersas, sin desviaciones de ningún tipo ni justificación alguna. Los tiempos corren al margen del río de Heráclito, corren como caballos en las ciudades o en las praderas. Y en este movimiento incontenible, la conducta transita inseparable de la obra.

Recuerdo, entonces, a San Pablo: “Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe”. El amor entendido como bondad, como servicio, al igual que visión auténtica y clara de nosotros y quienes nos acompañan de cerca o lejos por las vastas extensiones de estos tiempos difíciles.

Hace poco en un foro de comunicación en Salamanca, la escritora española Espido Freyre señaló que en un momento como el que vivimos “en el que el punto de vista de las noticias afecta tanto”, la literatura “nos debe permitir soñar” y el periodismo “nos debe permitir conocer”. Espido deja en claro el papel de la literatura como vuelo permanente de la imaginación y de la belleza; en cuanto al periodismo rescata la vocación por la objetividad de la información que nos conecta con lo que ocurre en el mundo, tal y como en verdad ocurre.

Relativismo de por medio, coincido con Freyre pero me viene a la mente una vez más otra de esas innumerables preguntas que surgen en esta especie de proyección del desierto de ideas con el que tenemos que convivir diariamente. La pregunta se trata del cómo: ¿Cómo actúa el poeta para hacernos soñar?¿cómo actúa el periodista para hacernos conocer? No es lo mismo mirar a través de un lente rasgado y sucio, que a través de uno pulcro y nítido. No es igual mirar a través de lo oscuro, que hacerlo en pleno mediodía. La realidad nos apercibe constantemente, pero ¿nos damos cuenta de ello?¿alcanzamos a vislumbrar lo que pasa?

Leo al amado Ryszard Kapuściński, quien en “Los cínicos no sirven para este oficio” declara lo siguiente, sobre el buen periodismo: “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser un buen hombre, o una buena mujer: buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. La explicación de lo que señala quizás se halla en el hecho de que “el verdadero periodismo es intencional, a saber; aquel que se fija un objetivo y que intenta provocar algún tipo de cambio”. En este marco es evidente que la bondad recobra felizmente su vigencia, pero una vigencia auténtica, no cínica ni retórica para lograr algo que nos interesa egoistamente que los demás hagan por nosotros. La bondad en sí misma cobra fuerza, al margen de lo que el poeta Gregory Corso llamaba “las extrañas enfermeras de la bondad”, falsas y oscuras como una trampa puesta en el camino por nosotros mismos.

Hace poco, otro poeta, el mexicano Juan Domingo Argüelles escribió una columna llamada “Malísimos buenos poetas”, en el suplemento del diario La Jornada. Allí sostiene que prefiere a una buena persona que además es poeta, en vez de a un buen poeta que es sin atenuantes una mala persona. “A este último lo leo si viene el caso –agrega-, pero me gusta verlo de lejos, saludarlo cordialmente y que cada quien siga su camino”.

Recuerdo que en un momento de mi vida decidí no conocer en persona a los poetas cuya poesía admiraba, porque temía desilusionarme de ellos -como había ocurrido varias veces- y que esto influyera en la valoración de la obra. Y sin embargo, me encantaban los malditos. Alguien, incluso, decía a voz en cuello que para ser un gran artista había que ser un maldito dictador e, incluso, un hijo de puta: abandonar a la familia a su suerte como Shakespeare, no tener conciencia de que se tenía una hija como Rilke o como Lord Byron alejarse de ella por la imposibilidad de ser un padre. En nombre del arte, en nombre del periodismo, se han escrito páginas de vida miserables que no tienen que ver para nada con la obra. Ya no me encantan los malditos, ya no existen. Hay fantoches que susurran palabras de mentira a su alrededor para vivir de los otros y no por y para los otros. Hay quienes simulan, además, que están viviendo; cuando en realidad son protagonistas de su propio simulacro.

En estos últimos días periodismo y poesía nos han tocado a fondo, con la muerte de dos figuras legendarias: Guillermo Thorndike y Blanca Varela. No voy a hacer juicios de valor al respecto, sólo voy a decir que se trata de dos personas esenciales para comprender el periodismo y la literatura del siglo XX. Sin embargo, como poeta, la imagen de Blanca me habla de una frase antigua cuya fuerza destacaba cuando yo estudiaba en San Marcos: “ser consecuentes”. La consecuencia de Blanca para soportar en esta existencia los vientos más feroces y diversos fue siempre impecable. “Nunca un poeta está contento con lo que escribe, y si lo está mejor le hacemos una cruz encima. En el arte en general hay que buscar la evolución, no repetirse”, declaró la poeta en una entrevista, ¿en esa evolución está contenida la bondad?

Volviendo a Juan Domingo Argüelles, el poeta dice en otra parte de su columna: “Si la poesía no nos mejora, ¿entonces para qué sirve?”. La poesía no sólo tiene que hacer mejores a los demás, sino también al propio poeta. Los tiempos de la inmolación han terminado, los malditos de entonces, ya no son los de ahora. Los verdaderos insulares ya no están en los márgenes del sistema sino que están peleando en el centro de este por una vida que realmente lo sea. Si formamos parte de este mundo actual, si queremos ser mejores para salvarnos del Apocalipsis que algunos espíritus creen inminente, ¿no deberíamos transitar el mundo sin separar persona y obra, conducta de poesía y periodismo?

Hay cosas ahora que matan más que aquello que acabó con poetas como Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, así como con periodistas como Truman Capote o Abraham Valdelomar, geniales e infelices que hicieron más infelices a sus seres queridos y a otros inocentes. Esas cosas son la miseria del espíritu, la denigración de los valores, la autodestrucción. ¿Serán los robots, entonces, mejores que nosotros?

La complejidad del ser humano merece ser su mayor virtud, su oportunidad de elevarse hacia lo superior. El amor es lo superior y la bondad es parte del amor. No sustituyamos la muerte por la vida, ni la multitud por la soledad, ya que son parte de un mismo destino y no su contraparte. No sólo los espejos nos reflejan y reflejan a los demás. Todos nosotros somos espejos.



(Primera foto: Milagritos Ormeño)


(De "Contra Señas")

jueves, 12 de marzo de 2009

DONDE TODO TERMINA ABRE SUS ALAS

Donde todo termina y todo comienza, Blanca Varela (1926-2009) ha abierto hoy libremente sus alas, para volver a ese puerto que existe más allá de la memoria, a ese mar en el que puede navegar todo aquel que se embarque en el descubrimiento de su poesía. Un mundo lleno de una extraña belleza, donde la intensidad de sus versos nos refleja esa parte de nuestra existencia que aún no hemos visto o que nos rehusamos a ver. Señora de la soledad y de la melancolía, de la verdad por sobre todas las cosas, incluso, por sobre sus propias cosas, Blanca Varela camina dentro de nosotros, más viva que nunca.


Puerto Supe


Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.

Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.

¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!

Allí destruyo con brillantes piedras
la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro escapa
y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.

Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación, un mismo tiempo
de chorreantes dedos y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.

Amo la costa, ese espejo muerto
en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos.

Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre ciego
pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía,
el que no quiere ver la noche.

Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente en donde lloro a solas.


(De "Este puerto existe" (1959), Blanca Varela)



BLANCA VARELA EN EL PROGRAMA PRESENCIA CULTURAL EN EL AÑO 2006


Primera parte




Segunda





Tercera





Canto Villano

miércoles, 11 de marzo de 2009

SIMPLEMENTE EIELSON

Sin palabras te hablo, para callarme con un grito.




Primera parte del poema visual




Segunda parte





Tercera






(Documental de Gabriela Yepes)

martes, 10 de marzo de 2009

MARÍA ZAMBRANO: CAMINO PROPIO

“Nada separa más a los hombres que aquello que esperan y la esperanza más difícil de abandonar es la que todavía no ha encontrado su argumento. La esperanza, a su vez, oculta y lleva consigo una necesidad, y si no encuentra su argumento hasta un momento determinado es porque ha de recorrer su camino propio, el camino por el cual el hombre en quien anida apura su prueba, su “experiencia”. Los más claros pensamientos no pueden en ocasiones ser aceptados porque ahorrarían una experiencia que debe ser vivida. Y en último término ahorrarían la vida misma”.


Escribió en su obra cumbre, "El hombre y lo divino", María Zambrano (Vélez-Malaga, 1904 – Madrid, 1991), quien fundó su vida en un mundo regido por el pensamiento filosófico y la poesía, con una libertad que la ubicó por encima de la cárcel de la historia, y la puso a caminar libremente por un camino personal, único, incomparable. Las siguientes noticias son una especie de homenaje por el Día Internacional de la Mujer, que en verdad, de alguna manera, es todos los días. Porque muchos le debieron mucho, porque muchos le seguimos debiendo mucho. Ella, como lo señaló en su discurso al recibir Premio Cervantes 1988, en algún lugar del futuro, sigue “buscando la palabra perdida, la palabra única, secreto de amor divino-humano. La palabra tal vez señalada por aquellas otras palabras privilegiadas, escasamente audibles, casi como murmullo de paloma:

Diréis que me he perdido,
Que andando enamorada,
Me hice perdidiza y fui ganada
.”


Primer camino




Segundo camino

sábado, 7 de marzo de 2009

AUNQUE ELLA SE LLAMABA ÉL

“Cartas de la monja portuguesa”



Develado el misterio de quién las escribió en la realidad, permanece aún el símbolo que a su alrededor crearon estos mensajes impulsados por un amor auténtico y absoluto. Se trata, a fin de cuentas, de un homenaje a la sensibilidad de la mujer, al margen de la historia y de los géneros.



Nunca fueron tan públicas unas cartas de amor tan íntimas como las que escribió, a su amante ausente, una monja portuguesa del siglo XVII llamada Mariana Alcoforado. Lejos de permanecer en el silencio de la esfera privada, sus palabras tomaron felizmente el destino equivocado –que es en realidad el verdadero-, para navegar desde 1669 por casi todos los idiomas del mundo y llegar hasta nosotros intactas y luminosas como en la época en que fueron redactadas.

Mariana Alcoforado, sin embargo, no era una mujer sino el seudónimo de un hombre desconocido, Gabriel de Guilleragues, quien sólo se atribuyó en vida la condición de traductor de estas joyas literarias dedicadas a un incierto oficial francés, Noël Bouton, conde de Chamilly, quien supuestamente formó parte de las tropas auxiliares francesas que peleaban a favor de la independencia de Portugal. Participación militar que hoy en día no sería recordada, si no fuera por la autoridad de las cartas.

Durante más de trescientos años, la autoría de estas ha sido el motivo para que se llenaran cientos de páginas con rigurosos trabajos de investigación. El resultado, después de tanto camino recorrido, ha sido finalmente que ella se llamaba él y que detrás de una máscara femenina se ocultaba el rostro nebuloso y tímido de un hombre que logró reflejar sin equivocaciones el sentimiento propio de una mujer.

Gabriel de Guilleragues transitó a contracorriente las costumbres de su época. En primer lugar, su trasvestismo literario fue al revés: no era Aurora Dupin escondiéndose tras el disfraz varonil de George Sand; no era Mary Evans cobijándose bajo la sombra de George Eliot, y tampoco Cecilia Böhl de Faber disfrazada como Fernán Caballero. No era, en fin, la mujer que cambiaba su nombre para enfrentar el “establishment”. Por el contrario, era un hombre que, apercibido por su extraordinaria sensibilidad y su luminosa inteligencia, había decidido hablar, incluso, más allá de su propia condición masculina.

En segundo lugar, Guilleragues, al presentarse como lo hizo y hablar como habló, creó un estilo del que en 1782 se haría deudora la novela epistolar por excelencia, “Relaciones peligrosas”, de Pierre Choderlos de Laclos.

Poco importa quien escribió las “Cartas de una monja portuguesa”, ya que la historia de los sentimientos que en ellas se describen soprepasan cualquier tipo de parámetros bibliográficos y se instalan con sus sombras, sus luces y sus intermitencias en la memoria literaria del mundo.

“Te desafío a que me olvides completamente”, dice en las cartas Mariana Alcoforado, sobre la que el poeta Rainer María Rilke ha manifestado que “su voz carece de destino, como la del ave”. Porque además su amor es radical y absoluto, como cuando la monja señala: “...todo lo que estoy obligada a ver y todo lo que inexcusablemente tengo que hacer me resulta odioso, estoy tan celosa de mi pasión que me parece que todas mis acciones y todos mis deberes os conciernen. Sí, siento escrúpulos si no os dedico todos los momentos de mi vida”.

Mariana Alcoforado, es decir, Gabriel de Guilleragues, logró hacer a través de la confesión una auténtica revelación de la vida y de todas las vidas poseídas por el amor. “Porque la confesión –como pensaba la filósofa María Zambrano- es una acción, la máxima acción que es dado ejecutar con la palabra”.



En la foto: convento en Beja (Portugal), donde habría vivido Mariana Alcoforado.



Cartas de amor





Trío Odemira, Portugal.


Las cartas de amor según Fernando Pessoa

lunes, 2 de marzo de 2009

FUGA DE LA MUERTE

Antes de cumplir los cincuenta, Paul Celan se fugó para siempre de la muerte arrojándose a las aguas sin tiempo del río Sena. Desde ese momento, ciudadano del mundo, permanece entre nosotros.

Había nacido en 1920 con otro nombre, Paul Antschel, en Czernowitz, capital de Bucovina, una región ubicada entre Transilvania y Besarabia.

Allí fue tocado por la poesía y desde entonces no pudo vivir sin ella.

En la alegría, en la desgracia o en la terrible orfandad del limbo, permanecería con ella, su único territorio, una vez que las fuerzas oscuras de los nazis le arrebataran madre, padre, patria y todos sus recuerdos queridos.

En “Todesfuge”, su poema más célebre, Celan utiliza la técnica de la fuga de Johann Sebastian Bach, para testimoniar esas macabras vejaciones a las que las tropas alemanas sometían a las jóvenes judías en los campos de concentración, y que tenían como fondo cruel la música de artistas también judíos, quienes eran obligados a tocar el dolor -que veían padecer y padecían ellos mismos- de manera festiva, cruel, horripilantemente bella.

Esas voces aún se escuchan en las noches más negras.

La palabra de Celan recorre la historia desde la segunda guerra mundial hasta nuestros días, no para hablarnos de política o en defensa de algún tipo de ideología, sino para recordarnos que sin memoria no hay futuro ni belleza, y que lo terrible es parte de la verdad, así como la verdad está contenida en la poesía.

Escuchemos a Celan desde todos los tiempos.


Todesfugue




Leche negra del alba la bebemos al atardecer
la bebemos al mediodía y a la mañana la bebemos de noche
la bebemos y bebemos
cavamos una fosa en los aires allí no hay estrechez

En la casa vive un hombre que juega con las serpientes y escribe
escribe al anochecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
lo escribe y sale a la puerta de casa y brillan las estrellas silba llamando a
sus perros
silba y salen sus judíos manda cavar una fosa en la tierra
nos ordena toquen ahora música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
te bebemos y bebemos
En la casa vive un hombre que juega con serpientes y escribe
y escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
Tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una fosa en los aires allí no hay
estrechez.

Grita cava más hondo en el reino de la tierra los unos y los otros canten y
toquen
echa mano al hierro en el cinto lo blande tiene ojos azules
hinquen más hondo las palas los unos y los otros vuelvan a tocar música de
baile.

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía a la mañana te bebemos al atardecer
te bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita tu cabello de
ceniza Sulamita él juega con serpientes.
Grita toquen más dulcemente a la muerte la muerte es un amo de Alemania
grita toquen más sombríamente los violines después subirán como humo en el aire
después tendrán una fosa en las nubes allí no hay estrechez

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un amo de Alemania
te bebemos al atardecer y a la mañana te bebemos
y bebemos la muerte es un amo de Alemania su ojo es azul
te alcanza con bala de plomo te alcanza certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
azuza sus perros contra nosotros nos regala una fosa en el aire
acosa con las serpientes y sueña la muerte es un amo de Alemania
tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita.


El arte de la fuga



Johann Sebastian Bach (1685-1750) Die Kunst der Fuge BWV 1080 Contrapunctus I Contrapunctus II Contrapunctus IV Musica Antiqua Köln Reinhard Goebel

domingo, 1 de marzo de 2009

EL BELLO OJO DE DIOS

Uno de los milagros de la belleza cósmica más cercanos e impactantes es la nebulosa Hélix, o NGC 7293, que se encuentra observándonos armoniosamente a “solo” 700 años-luz de distancia, desde la constelación de Acuario. Gocemos de esta nueva imagen obtenida por el Observatorio Europeo Austral a través de su Wide Field Imagen.

Noticias de esta pintura del universo aparecen por primera vez en un listado de objetos nuevos compilado por el astrónomo alemán Karl Ludwig Harding en 1824. Como para verla una y otra vez, despiertos o en sueños, como aquel poema del japonés Saiba:

Acerco
mi almohada
a la luna llena.


Para mayor información y observación minuciosa, pueden ingresar viajar a http://www.eso.cl/noticia_2009feb25.php.




Mirada divina



jueves, 26 de febrero de 2009