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lunes, 30 de noviembre de 2009

José Emilio Pacheco gana el Premio Cervantes 2009

No cabe duda que José Emilio Pacheco, el prestigioso poeta Mexicano, está viviendo un año de reconocimientos a la calidad de su obra literaria. Su exigencia en la escritura, su constancia para navegar con fuerza en el mar de las palabras sin rendirse ni agotarse en el camino, lo han hecho merecedor no sólo del respeto interencional, sino también de dos premios claves en el mundo de la literatura: hace poco el Premio Reina Sofía y hoy día el Premio Cervantes 2009, que es considerado el equivalente al Nóbel en el ámbito de la lengua castellana. A continuación la nota difundida por la agencia EFE.


El escritor mexicano José Emilio Pacheco ha ganado este lunes el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas, según el fallo del jurado anunciado por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, en una rueda de prensa. Poeta mexicano, prosista y traductor, con una obra poética incluida desde los años 50 entre las principales antologías latinoamericanas por su enfoque universal. Con motivo de recibir el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2009, aludió al hecho de escribir poesía porque es una forma de resistencia contra la barbarie.

Pacheco nació el 30 de junio de 1939 en Ciudad de México, urbe que a lo largo de los años se ha convertido en inhóspita y, para este prosista, en la perfecta desconocida, como recoge el título A la extranjera de su poemario La edad de las tinieblas (2009): Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada.
Miembro del Colegio Nacional mexicano desde 1986 y, desde 1994, creador emérito del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (SNCA), ha sido director y editor de colecciones bibliográficas y diversas publicaciones y suplementos culturales.

Dirigió la colección Biblioteca del estudiante universitario y, con Carlos Monsiváis, el suplemento de la revista Estaciones; y fue secretario de redacción de la Revista de la Universidad de México, donde él estudió Derecho y Filosofía y Letras e inició su actividad literaria dentro de la revista Medio siglo.

Ha editado La antología del Modernismo y obras de autores como Federico Gamboa y Salvador Novo. Entre sus traducciones figuran Cómo es (Samuel Beckett), De profundis (Oscar Wilde), Un tranvía llamado deseo (Tennesse Williams) -en 1983 Premio de la Sociedad de Críticos Teatrales a la mejor traducción-, Cuatro cuartetos (T.S. Eliot) o Vidas imaginarias (Marcel Schwob).

También ha ejercido la docencia en Universidades de EEUU, Canadá y Reino Unido, y ha sido investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH Quintana Roo). Desde 1976 publica la columna Inventario en la importante revista política de México Proceso.

En 2006 fue homenajeado durante los Encuentros de Poetas Iberoamericanos (Salamanca) y de Poetas del Mundo Latino (México). Pacheco, que se califica a sí mismo como un observador consternado, que opta por la cobardía ante los acontecimientos en su país y en el mundo
-según reveló a la prensa en junio de 2009, cuando Ciudad de México le homenajeó por su cumpleaños 70-, fue ese año uno de los autores a los que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) dedicó actos en su honor.

Títulos representativos de su poesía, reunidos todos ellos en 2000 como Tarde o temprano (Poemas 1958-2000): El castillo en la aguja (1962); Los elementos de la noche(1963); El reposo del fuego 1966); No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969, Premio Nacional de Poesía Aguascalientes); Irás y no volverás (1973); Islas a la deriva(1976); Ayer es nunca jamás (1978); y Desde entonces (1980).

Después aparecieron Trabajos en el mar (1983); Fin de siglo y otros poemas (1984); Album de zoología (1985); Alta traición: Antología (1985); Miro la tierra (1986); Ciudad de la memoria (1989); El silencio de la luna (1994, Premio colombiano de Poesía José Asunción Silva de Colombia); La arena errante (1999); y las antologías Gota de lluvia y otros poemas (2006); Epitafio de fuego" (2006); la antología Contraelegía (2007), que incluyó tres textos inéditos; y sus poemas en prosa de La edad de las tinieblas (2009). En su narrativa cabe citar las novelas Morirás lejos (1967, Premio Magda Donato) y Batallas en el desierto (1981), y cuatro libros de cuentos: El viento distante y otros relatos (1963); El principio del placer (1972, Premio Xavier Villaurrutia un año después, compartido con su compatriota Jaime Sabines, autor de Mal tiempo); El pozo y el péndulo (1977); La sangre de medusa (1977, edición aumentada en 1990); y Las batallas en el desierto (2006).

Aparte del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009) y otros galardones ya citados, ha recibido el Premio Nacional de Periodismo Literario (1980); Premio Nacional a la trayectoria ensayística Malcolm Lowry (1991); Premio Nacional de Lingüística y Literatura (1992); Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (2001); Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2003); Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2004); Premio Internacional Alfonso Reyes a su labor divulgadora de la literatura y la cultura hispanoamericanas (2004); Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca (2005); y Medalla de Bellas Artes de Ciudad de México (2009).


POEMAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO


La diosa blanca

Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en
su ausencia,
la nieve vino a despedirme.
Pintó de Brueghel los árboles.
Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

Imposible dar gusto a todos.
La nieve que para mí es la diosa, la novia,
Astarté, Diana, la eterna muchacha,
para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
Estorba sus labores y sus ganancias.
La odian por verla tanto y haber crecido con ella.
La relacionan con el sudario y la muerte.

A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca
que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.
Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día.
Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.


El reposo del fuego
(Don de Heraclito)

Pero el agua recorre los cristales
musgosarnente :
ignora que se altera,
lejos del sueño, todo lo existente.

Y el reposo del fuego es tomar forma
con su pleno poder de transformarse.
fuego del aire y soledad del fuego.
al incendiar el aire que es de fuego.
Fuego es el mundo que se extingue y prende
para durar (fue siempre) eternamente.

Las cosas hoy dispersas se reúnen
y las que están más próximas se alejan:

Soy y no soy aquel que te ha esperado
en el parque desierto una mañana
junto al río irrepetible en donde entraba
(y no lo hará jamás, nunca dos veces)
la luz de octubre rota en la espesura.

Y fue el olor del mar: una paloma,
como un arco de sal,
ardió en el aire.

No estabas, no estarás
pero el oleaje
de una espuma remota confluía
sobre mis actos y entre mis palabras
(únicas nunca ajenas, nunca mías):
El mar que es agua pura ante los peces
jamás ha de saciar la sed humana.


Tarde o temprano

Homenaje a Nezahualcoyotl *
I

No tenemos raíces en la tierra.
No estaremos en ella para siempre:
sólo un instante breve.

También se quiebra el jade
y rompe el oro
y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.

No tendremos la vida para siempre:
sólo un instante breve.

II

En el libro del mundo Dios escribe
con flores a los hombres
y con cantos
les da luz y tinieblas.

Después los va borrando:
guerreros, príncipes,
con tinta negra los revierte a la sombra

No somos reyes:
somos figuras en un libro de estampas.

III

Dios no fincó su hogar en parte alguna.
Solo, en el fondo de su cielo hueco,
está Dios inventando la palabra.

¿Alguien lo vio en la tierra?

Aquí se hastía,
no es amigo de nadie.
Todos llegamos al lugar del misterio.

IV

De cuatro en cuatro nos iremos muriendo
aquí sobre la tierra.

Somos como pinturas que se borran,
flores secas, plumajes apagados.

Ahora entiendo este misterio, este enigma:
el poder y la gloria no son nada:
con el jade y el oro bajaremos
al lugar de los muertos.

De lo que ven mis ojos desde el trono
no quedará ni el polvo en esta tierra.

* A partir de las traducciones de Angel María Garibay
y Miguel León Portilla.



Más poemas.

sábado, 10 de octubre de 2009

JOSÉ EMILIO PACHECO: EN LA POESÍA LO QUE NO ES EXCELENTE ES DESPRECIABLE

“La edad de las tinieblas” es el más reciente poemario de José Emilio Pacheco publicado por la editorial Visor, en Madrid, que contiene párrafos como este:

Me intriga pensar en lo que han dicho mis padres: en el petróleo de la lámpara flotan reducidos a esencia bosques y dinosaurios de la prehistoria. Millones de años se han necesitado para humedecer la lengüeta de jerga que convertida en mecha soporta la llama. Una campana de cristal la protege y le permite iluminarnos. En el quinqué se consumen los restos fósiles de una vida improbable. La noche huele a luz carbonizada.

O este otro:

Los veo formarse indefensos y salir en busca de alguien que los resguarde. La inmensa mayoría les da la espalda. Cuando ellos se acercan las personas desvían la mirada y hacen como si los versos no existieran.

Y también este:

A usted le duele esta ciudad que también ha hecho suya y lamenta ver cómo la hemos destruido y la seguimos arrasando. No entiendo sus razones para amar un sitio desesperante y sin esperanza. O tal vez existe la esperanza porque usted se encuentra aquí una vez más y llena de luz otra estación sombría.

Nací en un lugar que se llamaba como éste y ocupaba su espacio. Ahora también en mi suelo natal soy extranjero en tierra extraña. Ya no conozco a nadie ni reconozco nada. Usted, en cambio, no es extranjera en ningún lado. Usted es de todas partes como la música.

Por favor, no se vaya. No se lleve al partir un fragmento de luz entre el desierto pardo y la barbarie que por codicia y estupidez hemos engendrado.


Con motivo de la aparición del nuevo libro, el suplemento Babelia del diario el País ofrece una entrevista al poeta que el próximo mes recibirá el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.


ENTREVISTA: EN PORTADA/Entrevista
LA CURIOSIDAD DEL POETA
PABLO ORDAZ 10/10/2009

Hay una voz que emociona a los jóvenes mexicanos. Es la de un hombre de 70 años que conoció a Octavio Paz, a Luis Cernuda, a Vicente Aleixandre, a Max Aub, a Jorge Luis Borges. Hay un poema de 1967 que emociona a todas las generaciones de mexicanos. Se llama Alta Traición y dice así: No amo mi patria. / Su fulgor abstracto / es inasible. / Pero (aunque suene mal) / daría la vida / por diez lugares suyos, / cierta gente, / puertos, bosques de pinos, fortalezas, / una ciudad deshecha, gris, monstruosa, / varias figuras de su historia, montañas / -y tres o cuatro ríos. La voz y el poema pertenecen a José Emilio Pacheco, pero más allá de lo extenso de su obra, de la importancia de los premios recibidos, lo que inspira la vida y la obra del último premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana se resume en una frase que intercala en la conversación: "Es muy curioso todo". Y es en la manera gozosa en que lo dice, en el deseo inagotable de aprender y en su forma de transmitir lo que sabe, siempre como un regalo, nunca como una lección, donde está el alma de José Emilio Pacheco, su conexión tan íntima con lo mejor de México.

-Qué casa más bonita.
-La queremos mucho.

La cita es a las nueve de la mañana, en su casa, para desayunar. José Emilio Pacheco estrecha la mano del periodista y en ese momento, fin del verano, ciudad de México, colonia de La Condesa, dos temores se sientan frente a frente. El del poeta a las entrevistas. El del periodista ante un sabio que odia las entrevistas. Después de un primer café de tanteo, y ante las primeras preguntas, José Emilio Pacheco decide confesar: ¿Ves?, encendiste la grabadora y enmudecí. Hay gente que tiene el talento para hacer entrevistas, pero yo carezco absolutamente de ese talento. Después de cada entrevista, me quedo pensando: ¿por qué no le dije esto...? Debería haberle dicho aquello otro... Ten en cuenta que yo estoy acostumbrado a escribir, a ver lo que pienso. Y si no veo lo que estoy diciendo, ¿cómo puedo pensar?.

Confesión por confesión, el reportero le cuenta que hasta la noche anterior no le llegó por correo electrónico su último libro, La edad de las tinieblas, que en España publica Visor. Y que fue abrir el archivo, empezar a leer los 50 poemas en prosa y sentir ternura con Bolotó, "el terror de las hormigas", miedo ante la mirada del insecto, "en la noche del insecto hay un minuto en que se pregunta a qué sabrá sentirse humano", nostalgia de aquella lejana tarde con aquella mujer, nos llevamos tan bien que sin decirlo preferimos no volver a vernos.... Al apagar el ordenador, ya alta la madrugada, el periodista había desaparecido y se había convertido en uno más de sus rendidos admiradores. Cuando José Emilio Pacheco acude a alguna celebración literaria en México, los organizadores saben que habrá lleno absoluto, y que sus lectores no se conformarán con la delicia de escucharlo hablar, sino que querrán saludar al autor de Las batallas en el desierto, que se retrate con ellos, que les dedique un libro... Cuando se pregunta aquí y allá por José Emilio Pacheco, las respuestas coinciden: "¿Lo vas a entrevistar? ¡Qué suerte! Es una persona encantadora, un sabio como los de antes. Eso sí -bajan la voz-, ten en cuenta que José Emilio Pacheco odia las entrevistas". Pacheco se disculpa: La paradoja es que a mí me gusta mucho leer las entrevistas, pero hay veces que me preguntan: ¿y usted qué intentó reflejar con este poema...? Ah, pues yo, no sé qué responder... Prefiero que hablemos tranquilamente y luego tú escribes lo que creas más conveniente. ¿Te he ofrecido ya café? ¿Qué poema me decías que te había gustado?.

Siga leyendo.


viernes, 8 de mayo de 2009

JOSÉ EMILIO PACHECO: “PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA”

Ha transitado quizás todos los estados poéticos –como los llama Hernán Sánchez Martínez- o todas las realidades no ordinarias –como las nombra Carlos Castaneda- y ha continuado su tránsito como un río de palabras, como un mar, como “Una gota de lluvia tiembla en la enredadera”. El poeta mexicano José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939) ha sido galardonado con el XVIII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, que en el 2007 obtuviera nuestra poeta Blanca Varela. Esta distinción es convocada por Patrimonio Nacional y la Universidad de Salamanca (España).

Terco como el viento, ha sido consecuente con una poética en continuo desplazamiento: “Todos somos poetas de transición: / la poesía jamás se queda inmóvil”. Una poética que ingresa en territorios diversos para habitar el corazón de cada uno de ellos e intentar ser su expresión más auténtica. He dicho intentar, porque como la cita de T.S. Eliot, que aparece al inicio de “Tarde o temprano”, su obra 1958-2000) publicada por el Fondo de Cultura Económica, para los poeta “…solo existe el intento. / Lo demás no es asunto nuestro.

Pleno de poder, Pacheco no ha tenido avances ni retrocesos, sino más bien una línea de continuidad salida de las múltiples voces que lo habitan. Desde su primer libro, “Los elementos de la noche” (1958-1962) hizo patente su voluntad firme: “Sitiado entre dos noches / el día alza su espada de claridad”. Este es el rol del verdadero cantor, este es el rol de este mexicano sincero que ha confesado, aludiendo a su admiración por López Velarde, Gorostiza, Paz y Sabines, que “no podría escribir ni sabría qué hacer / en el caso de que no existieran / Zozobra, Muerte sin fin, Piedra de Sol, Recuento de Poemas”.

“Ni la misma casa ni la misma ciudad, ni los mismos amores ni las mismas costumbres, ni los mismos libros ni los mismos amigos. De aquellos tiempos lo único que conservo en mi nombre”, ha escrito en su libro “Desde Entonces”. Porque Pacheco es un poeta errabundo: todos los tiempos y todas los elementos lo acompañan, en esta trayectoria sin descanso a través de los versos y la literatura: “Fracasé. Fue mi culpa. Lo reconozco. / Pero en manera alguna pido perdón o indulgencia: / Eso me pasa por intentar lo imposible, dice al final de “Tarde o temprano”. Pero tarde o temprano la vida le ha dado la razón o la sinrazón de la poesía: espacio donde perdura el instante fugaz. “Una gota de lluvia tiembla en la enredadera. / Toda la noche está en esa humedad sombría. // De repente la luna la ilumina”.



ALGUNOS POEMAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO



Mar eterno


Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes.



Éxodo


En lo alto del día
eres aquel que vuelve
a borrar de la arena la oquedad de su paso;
el miserable héroe que escapó del combate
y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
para que el mar no arroje su cadáver a solas;
el perpetuo exiliado que en el desierto mira
crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
porque las profecías se están cumpliendo: atónito
y sin embargo cierto de haber negado todo;
el que abre la mano
y recibe la noche.



Prehistoria


A la memoria de Jaime Sabines

1
En las paredes de esta cueva
pinto el venado
para adueñarme de su carne,
para ser él,
para que su fuerza y su ligereza sean mías
y me vuelva el primero
entre los cazadores de la tribu.

En este santuario
divinizo las fuerzas que no comprendo.
Invento a Dios,
a semejanza del Gran Padre que anhelo ser,
con poder absoluto sobre la tribu.

En este ladrillo
trazo las letras iniciales,
el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.
La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.
La M es el mar desconocido y temible.

Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,
habrá un solo Dios: el mío.
Y no tolerará otras deidades.
Una sola verdad: la mía.
Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.

Habrá jerarquías, memoria, ley:
mi ley: la ley del más fuerte
para que dure siempre mi poder sobre el mundo.

2
Al contemplar por vez primera la noche
me pregunté: ¿será eterna?
Quise indagar la razón del sol, la inconstante
movilidad de la luna,
la misteriosa armada de estrellas
que navegan sin desplomarse.

Enseguida pensé que Dios es dos:
la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,
O es dos en uno:
la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.

¿De dónde viene la lumbre del cielo?
¿La produce el estruendo? ¿O es la llama
la que resuena al desgarrar el espacio?
(como la grieta al muro antes de caer
por los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).

¿Dios es el bien porque regala la lluvia?
¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?
¿Dios es el agua que cuando falta aniquila
y cuando crece nos arrastra y ahoga?

A la parte de mí que me da miedo
la llamaré Demonio.
¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?
Porque sin el dolor y sin el mal
no existirían el bien ni el placer,
del mismo modo que para la luz
son necesarias las tinieblas.

Nunca jamás encontraré la respuesta.
No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.
Se acabó el que me dieron.

3
Ustedes, los que escudriñen nuestra basura
y desentierren puntas
de pedernal, collares de barro
o lajas afiladas para crear muerte;
figuras de mujeres en que intentamos
celebrar el misterio del placer
y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo
-enigma absoluto
para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje-,
lo llamarán mamut.
Pero nosotros en cambio
jamás decimos su nombre:
tan venerado es por la horda que somos.

El lobo nos enseñó a cazar en manada.
Nos dividimos el trabajo, aprendimos:
la carne se come, la sangre fresca se bebe,
como fermento de uva.
Con su piel nos cubrimos.
Sus filosos colmillos se hacen lanzas
para triunfar en la guerra.
Con los huesos forjamos
insignias que señalan nuestro alto rango.
Así pues, hemos vencido al coloso.
Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.

Qué lástima.
Ya se acabaron los gigantes.
Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.

4
Mujer, no eres como yo
pero me haces falta.

Sin ti seria una cabeza sin tronco
o un tronco sin cabeza. No un árbol
sino una piedra rodante.

Y como representas la mitad que no tengo
y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,
diré: nació de mí, fue un desprendimiento:
debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.
Tu fuerza me da miedo.
Debo someterte
como a las fieras tan temidas de ayer .
Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,
labran los campos, me transportan, me cuidan,
me dan su leche y hasta su piel y su carne.

Si no aceptas el yugo,
si queda aún como rescoldo una chispa
de aquellos tiempos en que eras reina de todo,
voy a situarte entre los demonios que he creado
para definir como El Mal cuanto se interponga
en mi camino hacia el poder absoluto.



Lectura de Prehistoria (Fragmento)