martes, 14 de agosto de 2012

Alda Merini (Italia 1931-2009)



            La belleza sólo es el descubrimiento de la tiniebla caída y la luz que de ella emanó.
            Así en la resurrección, así en el milagro de un Dios que permanece en nosotros, y cada día vivimos porque junto a nuestra ala se eleva la tiniebla del cuerpo, aquella tiniebla del cuerpo que es la casa del alma, nuestra casa tenebrosa, nuestra casa que no está abierta para nadie.

                                 *         *             *           *

Todos buscan endulzar la tristeza y el dolor, pocos han entendido que también el gozo necesita de consuelo. La persona que se regocija, que toca el acmé de la felicidad, que se perdió en Él, debe reencontrar la senda de la vida.
Pero en ese momento, en ese momento de gran abandono en el amor, necesitamos que alguien nos acaricie, porque también la dulzura es una gran bestia mansa y gigantesco unicornio que vuela hacia el Cielo en el amor.


(De “Cuerpo de amor”)



LOS POETAS TRABAJAN DE NOCHE


Los poetas trabajan de noche
cuando el tiempo no les urge,
cuando se calla el ruido de la multitud
y termina el linchamiento de las horas.
Los poetas trabajan en la oscuridad
como halcones nocturnos o ruiseñores
de canto dulcísimo
Y TEMEN OFENDER A DIOS,
Pero los poetas en su silencio
Hacen mucho más ruido
                Que una dorada cúpula de estrellas.



miércoles, 25 de julio de 2012

Poemas de "La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad", de Nilton Santiago



Me llamó la atención que un poeta peruano fuera reconocido casi al mismo tiempo en España
y nuestro país. En internet leí que Nilton Santiago ganó con La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad, el II Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro y también quedó finalista en la XV versión del Premio Copé Internacional de Poesía 2012, con Porque morir no es para tanto. Este jueves 26 de julio, en el marco de la Décima Séptima Feria Internacional del Libro de Lima, serán presentados los libros ganadores del Premio Copé, así como una selección de las obras finalistas.

Aprovecho esta ocasión para ofrecerles tres poemas que Nilton Santiago gentilmente me ha enviado y que corresponden a La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad, publicado recientemente en Madrid. El prólogo ha sido escrito por el reconocido poeta Juan Carlos Mestre, quien además ha elaborado los grabados que acompañan el libro y que, como dice Santiago, son como las huellas dactilares de un ángel.

Haciendo click aquí, pueden encontrar más sobre esta publicación.





TAMBIÉN EL CORAZÓN DE BORIS VIAN ERA UNA ROSA ENFERMA

También el corazón de Boris Vian era una rosa enferma.
Venia cada noche a nuestras largas sobremesas, porque nos conocía muy bien
como el cuchillo de eviscerar conoce el intersticio de luz
en el vientre del pescado,
también Vian conocía la teología de los peces
y de los centauros y de las bicicletas, porque fue él
quien le dejó la moneda a Rimbaud cuando se le cayó su primer diente de leche.
Es cierto, Boris, quién conoce su corazón está enfermo
pero también el que arroja su tristeza en la boca del pescado,
como una moneda de hielo dentro de una valija de fuego,
o los que tienen el oscuro oficio de sacrificar a los caballos heridos.
Sí Boris, tuvimos amigos y heridas y amigos heridos,
quizá ahora pueblen los jardines que crecen
en esos mismos corazones que se negaban a bombear la sangre de los que fuimos
sí también tuvimos padres
y un nombre que preferimos olvidar a cada instante.
Ahora que te conozco bien, ya no compartimos nada
y si nos encontramos algún día en el mercado o quizás en la parada de bus,
es casi un milagro, eso que compartimos ahora que estamos juntos
y que ya no necesitamos el uno del otro
porque después del segundo suicido o del tercero,
es mejor acostúmbranos al oficio de sacrificar a los pobres caballos heridos,
a las rosas enfermas.


BUSCANDO LA SOLEDAD EN CORAZONES DE SEGUNDA MANO

Entonces, ante mi insistencia, fuimos directos desde el 24 de Russell Square
hasta el 23 de Fitzroy Road (Chalk Farm tube station)
sorteando, durante el camino, a cientos de calaveras de paraguas
y bicicletas
y también a frías mujeres con el desayuno / el amor del día anterior a cuestas.
El cielo no era un cielo, era más bien un cenicero repleto de colillas
(ciertamente, era un cielo “panza de burro”,
como llamábamos al cielo de Lima).
2000 turistas japoneses sacaban fotos de un vagabundo dormido bajo un coche
del siglo pasado
y otros cientos limpiaban sus aletas de pescado
bajo el inmenso mar que era la ciudad.
Aquellos días amanecía de a pocos, palabra, como si una gran ballena
se hubiera tragado el sol y hubiese luz tan sólo cuando bostezara.
Ah sí, pero finalmente llegó el día que amaneció del todo y los queridos animales
(invertebrados) que ahora somos
olíamos a esos huesos de pollo que mamá arrojaba a la sopa, en silencio,
mientras se desvanecía como un escarabajo solar.
No teníamos dinero ni para yerba (felizmente)
y por eso decidimos quemar el coche de alquiler en el baño
tirar todo el Pentotal que te quedaba por el wáter.
Hoy el coche sigue ardiendo y ya has terminado de pasar mi corazón
por el ojo de una aguja.
Cosas interesantes pasaron esa noche.
Sí, por ejemplo,
vimos rabiosas nubes meterse en el hígado de los asesores políticos de Dios,
vertimos nuestros fantasmas, uno a uno, malheridos e insomnes
sobre nuestros labios
y no sólo lloramos por el paro o el recibo de teléfono, sino también
por los corazones de segunda mano que esperan su turno en los supermercados,
(ese aparato subversivo de algunos estados liberales).
Lo sé, estás cansada y ahora duermes envuelta en la barba de tu padre,
allí, donde ambos nos conocimos
como una sola gota de alguna materia
de la que ya jamás hablamos.
Es cierto, vale, esta mañana nos ha pillado desnudos y sin huesos,
mientras tu corazón se desvanecía
como un cubo de azúcar en un café caliente, pero…
quién diría que hemos dormido noches enteras sin despertar
con el solo pensamiento de tu abuelo mirando la luna con dos gorriones
en los pulmones / quién diría que éramos como peces
que ya en las redes se dan besos antes de morir.
Te parecerá absurdo, pero por en ese entonces
tenía la mala costumbre de buscar tu soledad en el invierno que llenaba los cafés
baratos
(donde la sonrisa de los amigos de alquiler
era tan falsa, como el juicio a un afroamericano en Norteamérica)
mientras que veía tus ojos sobre el espejo del baño, allí
donde no me veía hace siglos,
sino como esa larga grieta que se parece al contenido del corazón de Mestre
o de Mark Strand. Sí, te buscaba
como buscabas tú la soledad en un billete Barcelona –Lima /
Lima- Ayacucho
o en el aliento del pescado que nos sonríe ya en el mercado con su último suspiro.
(Antes de morir / el salmón, conmovido, / saborea el agua).

Pero de nada nos servía y ahora lo entiendo,
era yo el que buscaba tu soledad para encontrar la mía.


ESTA NOCHE HA VUELTO MI ANGEL A HUSMEAR LOS DESECHOS

En vano das de comer a las palomas del parque muertas hace años
de hambre y sed.
Es triste, lo sé, pero es posible que también tú tengas que morir
como los tristes animales de los laboratorios,
(como los desprestigiados chimpancés o los amables conejos albinos,
que, por sus grandes ojos y por su “bajo precio”,
son los más solicitados para el test Draize).
También ellos conocen el contenido de los cuchillos
y el contenido de los espejos cuando nos miramos y no nos vemos
y también las camillas repletas de bisturís y herrumbre
sobre la que los humanos, esos extraños seres, expiamos sus sueños.
Entonces, como un ridículo pelicano soñoliento,
entiendo, finalmente, la soledad de los grandes edificios abandonados
(sí Adam, como declaraciones de amor de las ciudades)
o el suave corazón de los gorriones al pronunciar tu nombre.
También tú has visto cómo las mariposas trabajan la soledad del hombre,
cómo su escalofrío penetra en nuestra espina dorsal
y en nuestros relojes blandos, perdidos en las horas,
entre desayunos fríos y camareros, muy mal pagados,
que cada día te hablan del atroz ángel que todos sabemos vive contigo
pero que, según dices, nunca has visto.
De pronto pienso en ti, en el blanco músculo de azúcar
que brotó de la piedra
para que la veas volar o, mejor aún, para que tan sólo lo imagines.
Sí, pienso en ti, como una fotografía recién nacida que se diluye entre mis manos
o como ese amable ángel que cada noche husmea mis deshechos
y me susurra al oído ese poema que nunca escribiste:
“entre la niebla
una barca hundiéndose / también yo parto”.



martes, 3 de julio de 2012

Ezra Pound (Hailey, EE UU, 1885-Venecia, Italia, 1972)






UN PACTO

Yo hago un pacto contigo, Walt Whitman. 
Ya te he detestado lo suficiente. 
Llego a ti como un niño crecido 

Que ha tenido un padre testarudo; 
Ya tengo edad para hacer amigos. 

Fuiste tú el que partió la nueva leña, 
Ahora es el tiempo de tallar. 

Nosotros tenemos la raíz y la savia: 
Que haya intercambio entre nosotros.





Versión de Marcelo Covian 



viernes, 29 de junio de 2012

Héctor Viel Temperley (Buenos Aires 1933 - 1987)





"CHRISTUS PATOKRATOR"


La postal tiene una leyenda: "Christus Pantokrator, siglo XIII". 


A los pies de la pared desnuda, la postal es un Christus 
    Pantokrator en la mitad de un espigón larguísimo. (1985) 


"Christus Pantokrator" 


Entre mis ojos y los ojos de Christus Pantokrator nunca 
     hay piso. Siempre hay dos alpargatas descosidas, 
     blancas, en un día de viento. 


Con la postal en el zócalo, con Christus Pantokrator en el 
     espigón larguísimo, mi oscuridad no tiene hambre de 
     gaviotas. (1985) 


"Christus Pantokrator" 


La postal viene de marineros, de pugilistas viejos en ese bar 
     estrecho que parece un submarino—de maderas y latas—
     hundiéndose en el sol de la ribera. 


La postal viene de un Christus Pantokrator que cuando bajo
     las persianas, apago la luz y cierro los ojos, me pide que 
     filme Su Silencio dentro de una botella varada en un 
     banco infinito. (1985) 


"Christus Pantokrator"


Delante de la postal estoy como una pala que cava en el 
     sol, en el Rostro y en los ojos de Christus Pantokrator. (1985) 

Sé que sólo en los ojos de Christus Pantokrator puedo cavar 
      en la transpiración de todos mis veranos hasta llegar
      desde el esternón, desde el mediodía, a ese faro 
      cubierto por alas de naranjos que quiero para el niño 
      casi mudo que llevé sobre el alma muchos meses. 
      (Mes de Abril de 1986)

martes, 26 de junio de 2012

Georg Trakl (Austria 1887 – Polonia 1914, en Cracovia, Polonia)





Dos poemas de Georg Trakl traducidos por Antonio Gamoneda, publicados en la prestigiosa revista Letras Libres.




CANCIÓN DEL SOLITARIO

Cargado de armonía está el vuelo de los pájaros. En las praderas cristalinas de los ciervos, los verdes
            bosques se reúnen al atardecer en torno a cabañas silenciosas.

La oscuridad hace más tenue el murmullo de las aguas. Vienen húmedas sombras

y, melodiosas en el viento, vienen también las flores del verano.

Ya anochece en la frente del hombre pensativo y una llama de bondad arde en su corazón.

Es la paz de la cena: el pan y el vino están benditos por las manos de Dios

y, en silencio, con sus ojos nocturnos, tu hermano te mira y descansa de los caminos espinosos.

Ah vivir en el azul y en el espíritu de la noche.

En las habitaciones, el silencio rodea con amor las sombras de los antepasados,

los martirios purpúreos, el lamento de una estirpe

que, piadosa, se extingue en el descendiente solitario.

En el umbral de piedra el enfermo despierta de los negros instantes de la locura

y le rodean la frescura azul, el luminoso final del otoño,

el sosiego de la casa y las leyendas del bosque.

Ésta es la medida y la costumbre, así son los caminos lunares

de quienes se retiran a las cercanías de la muerte. ~



SUEÑO Y LOCURA
(fragmentos)

Al anochecer, su padre se convertía en un anciano; en las oscuras habitaciones se petrificaba el rostro de su madre y sentía que sobre él pesaba la maldición de una estirpe. Se acordaba de su infancia cargada de enfermedad y de tinieblas; se acordaba de los juegos sigilosos en el jardín, bajo las estrellas, y de cuando alimentaba a las ratas en el patio invadido por el crepúsculo. De un espejo azul salía la delgada figura de la hermana y él se precipitaba en las sombras. En la noche, su boca se abría como una fruta roja y las estrellas derramaban luz sobre su dolor silencioso. La vieja casa de los padres se llenaba con sus sueños. Le gustaba cruzar el cementerio en ruinas, contemplar los cadáveres depositados bajo bóvedas y las verdes manchas de la descomposición en la belleza de las manos. [...] Al llegar el otoño, se adentraba cargado de visiones en la campiña dorada. Ah las horas de éxtasis salvaje, la tarde roja en el verdor del río, las cacerías secretas. Ah el alma cantando suavemente la canción del junco amarillo. La piedad ardía. Miraba los ojos estelares de los sapos, palpaba con manos temblorosas la frialdad de las piedras y consideraba la leyenda de la fuente azul. Ah los peces plateados y los frutos desprendidos de árboles sarmentosos. [...] ~



Nota del autor.

Para la reescritura de estos fragmentos de Georg Trakl me he servido de las siguientes fuentes en castellano:
Cantos de muerte. Antología, traducción de Angélica Becker, Seix-Barral, 2001.
Sebastián en sueños, traducción de Américo Ferrari, Pre-Textos, 1995.
Obras completas, traducción de José Luis Reina Palazón, Trotta, 1994.
Poemas, traducción de Ángel Sánchez, Visor, 1973.

lunes, 25 de junio de 2012

Paul Celan (Rumanía 1920 - París 1970)




ELOGIO DE LA LEJANÍA


En la fuente de tus ojos
viven las redes de los pescadores de la mar del extravío.
En la fuente de tus ojos
el mar cumple su promesa.
Aquí arrojo yo,
un corazón que se detuvo entre los hombres,
mi ropa y el esplendor de un juramento:

Más negro en lo negro, más desnudo voy.
Sólo infidente soy fiel.
Yo soy tú cuando yo soy yo.

En la fuente de tus ojos
desvarar suelo y sueño un rapto.

Una red prendió una red:
nos separamos abrazados.

En la fuente de tus ojos
Estrangula la soga un ahorcado.


miércoles, 20 de junio de 2012

José Viñals (Argentina, 1930 — España 2009)







DILUVIO Y BATRACIO

Viscosidad del sueño.
Mareas antiguas barren los umbrales.
Un lago maloliente de petróleo y resaca
se ha encharcado en los patios.
Y no cesa la lluvia.
Flotan zapato blanco de mujer,
muñeco y palangana;
flotan maderas y maromas;
flotan rama de sauce
y botella con vela;
flota caballo muerto;
flota misal sobre atril de madera rojiza;
flota silla con gorrión aterido en el respaldo;
flota caja partida de guitarra;
flota ropero con espejo ovalado;
flota oso de peluche ocreamarillo;
flota cielo invertido,
sin pájaros;
flota azul frío,
azul roto,
azul muerto.
En el fondo del fondo,
batiendo la inmundicia y el légamo,
con su ya cuerpo de renacuajo adulto
a punto de emerger por las cloacas,
bucea el poeta rebuscando la luna.
Si lo que halle brilla,
será feliz;
si opaco,
será triste.

Raúl Gómez Jattin (Cartagena de Indias, Colombia, 1945 - 1997)







ME DEFIENDO


Antes de devorarle su entraña pensativa
Antes de ofenderlo de gesto y palabra
Antes de derribarlo
Valorad al loco
Su indiscutible propensión a la poesía
Su árbol que le crece por la boca
con raíces enredadas en el cielo

Él nos representa ante el mundo
con su sensibilidad dolorosa como un parto

lunes, 18 de junio de 2012

Poema de Jacobo Fijman (Besarabia -hoy Rumania- / Buenos Aires 1970)




TODO LO QUE UNO RECIBE ES PASIÓN


Todo lo que uno recibe es pasión
No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz. 

Quiénes son mis jueces…Quiénes responderán por mí.
Hice conducta de poesía. Pagué por todo.
Sentí de pronto que tenía que cambiar de vida. Alejarme del mundo. Y me aislé. 

Me fui de todos, aun de mí…
Hoy es la demencia un estado natural.
Todas las palabras son esenciales. Lo difícil es dar con ellas.
El delirio son instantes. Puede durar toda la vida.
Mi poesía es toda medida.
El arte tiene que volver a ser un acto de sinceridad.