sábado, 9 de abril de 2011

Poemas de Nora Alarcón


La poeta Nora Alarcón Ayacucho, 1967) participó este jueves último en en la quinta fecha de “Poemas del Jueves”, ciclo de recitales poéticos en el distrito de Barranco que cada vez gana mayor presencia en el ámbito literario. En esta ocasión comparte con nosotros algunos poemas de su libro inédito “Malvas”, cuya publicación esperamos con mucho entusiasmo. Poesía de las raíces y del viento, que permanece incólume frente a los excesos de la historia y los desbordes de la naturaleza.


La poeta ha cursado estudios superiores de cine y periodismo. Es guionista y asistente de produciones. Ha publicado los poemarios Alas del viento (2000) y Alas de la soledad (2005), en lenguas castellana, alemana y quechua. Ha sido publicada en las antologías poéticas Veinte para los dos de Alejandro Melgar Vásquez (Ediciones Altazor, Perú, 2004) y 21 poetas del siglo XXI (2005) de Manuel Pantigoso. Sus poemas han aparecido en diversas revistas impresas y digitales de literatura. Participó en la coordinación literaria del 1er Ciclo de Poesía Hispanoamericana y Española: Madrid: una ciudad, muchas voces (2009). En agosto del 2010 editó su libro Bellas y Suicidas (Sol Negro Editores).  Administra el blog http://malvitalucero.blogspot.com/



MALVAS


I

Eres una semilla esparcida y podrías echar raíces y ser elegía; pintar
la muerte y la vida de muchas maneras. Borrar los rostros que amaste
sin esperanza y ser disipada como la niebla.
Quedarte en Huari girando la distancia del desafío de lo imposible sin rumbo
o volver sobre tus pasos de malvas al borde del precipicio.


lI

Una grieta, un hechizo y tu mirada...barrida por los vientos y azotada por las tempestades.

No ves a la malva ni a la oscuridad en sus pétalos. Si nos espera el abismo renacemos en fuego.

Salvaje entre parajes, los ichus y tu melodía. Volverás invadido de palabras
por algún campo ecuestre a beber su piel, las copas de su ausencia
y su tormenta entre aroma de leños.


IlI

Fragmento de lo eterno  en orgasmos que iluminan el delirio en ráfagas  de luz
Reflejo que te fuiste   al puerto del ocaso, despertarás en otra estrella
sin la memoria de  este cáliz, sombras invadiendo nuestra piel
                                 témpano que aprieta tu pecho enredado por el duelo.

Existe el maguey donde tatuaste el olvido
Aleja el viento que nos conduce por un túnel al torbellino del adiós.

Malva de fuego renaces y cincelas hasta rescatar el amor que sembraste
Grabado en el mismo corazón de las rocas.


IV

Floreces en silencio rodeado de alysos o alguna tikanka atrapado
en los acordes de un  temple de guitarra morochuca.
No llegarás  a lo irreal  a la orilla  del  río Pampas. Tus procesiones son otras.
Llévate esta cruz y tu pecho de agujeros negros, las espinas nos han cerrado el camino.

Tu  amor es escuchar una música andina una y otra vez con el brujo de la guitarra entre campanarios de Ayacucho y sus adioses.

El dolor de mi poesía se ha extraviado en el ocaso y tus ojos inertes en el pasadizo
de la muerte que de tanto ilusión se fue convirtiendo en despedida.


V

Sales del infinito exilio  que es la indiferencia  de esa  prisión con rejas de acero
libre  de esa cárcel del alma de esa mente tirana que acecha esa lluvia de insomnios
 y  palabras con la  señal del viento  que evoca tus versos.

Regresas del abismo de un lago de la agonía donde nadaste sin fronteras.

Deja que las malvas fluyan  en tus venas en un conjuro de  fuego y  poesía
                                                              en una dimensión de violentas  por siempre


VI

Las malvas devastadas por el fuego de tu espada tamizan la luz

Sus lágrimas detienen tus estériles relámpagos.

Sus semillas en los roquedales de la noche o en el fondo de tus islas
Aparecen, lóbregas y aciagas, como el mar en un lienzo o en un prado que atraviesa un espejo.

El fuego, el relámpago, la semilla, desnuda al destino como el pétalo de un lirio acuchillado.
Es el tiempo de las malvas. El único que existe.


jueves, 7 de abril de 2011

Dos poemas de Rossella Di Paolo


La poeta Rossella de Paolo (Lima en 1960) publicó en 1985 Prueba de Galera, un libro impecable y transparente en su profundidad. Con este post queremos recordar dos textos de este primer poemario, pues el tiempo, gran escultor -como diría Marguerite Yourcenar-, le viene otorgando un brillo cada vez mayor.


La huida

Ya está bueno, mar.
Te he visto recoger tus olas y mirarlas con largura.
Ya está bueno.
Y alzar tus olas sin volverte y por el aire
definitivo como el ángel
y mansamente
tenderse las orillas en la guarda.


Las montañas

       Las montañas azules como el aire
            ceñidas de altísima distancia
miran con nostalgia sus hombros vulnerados.

      Bajan sus ecos lentos. Ya no claman
se están quietas soñando las montañas
            en sus alas, en sus alas.


                                               

miércoles, 6 de abril de 2011

Joumana Haddad habla sobre la muerte de Sherezade y la resurrección del mito de Lilith



El diario El País en su edición de hoy publica Joumana Haddad, La luz feminista de Oriente, una entrevista de la periodista Ana Marcos donde la escritora habla de la aparición de su manifiesto Yo maté a Sherezade.


El tema es totalmente vigente y cobra mayor dinamismo en la actualidad, pues "La batalla culmina con la muerte de Sherezade y la resurrección del mito de Lilith, la primera mujer antes de Eva. 'No tuvo que negociar con los hombres para conseguir lo que quería" y abandonó el paraíso para no someterse a la voluntad de Adán. "Lilith es la esencia de la identidad de la mujer. Somos fuertes pero debemos creerlo de verdad?'", dice Haddad. A continuación el texto.

Yo Maté a Sherezade es un espejo que dispara como haces de luz los derechos de las mujeres en todas direcciones, también hacia Occidente. La escritora y periodista Joumana Haddad (Beirut, 1970) ha parido este ensayo (editorial Mondadori) con tanta "furia" que ha iluminado, incluso, a los que ella denomina "los oscurantistas retrógrados que pueblan los países árabes". 

"Es un manifiesto -ya se estudia como tal en la Universidad Americana de Beirut- de una mujer un poco loca, pero sobre todo convencida de sus ideas, que no quiere pasar fugazmente por la vida", cuenta en español esta mujer que habla otros seis idiomas. Haddad es responsable de las páginas culturales de An Nahar, uno de los periódicos más importantes de Líbano, además de redactora jefa de Jasad, única publicación erótica del mundo árabe aunque la autora la define como "revista cultural sobre el cuerpo". Se publica trimestralmente en Líbano, ya que "en el resto de los países árabes está censurada".

El ensayo aborda como un cuadernillo de estrategias militares las tácticas para superar la guerra por la que la autora cree que pasa cada mujer. "Un estado necesario para conseguir una vida más rica. No podemos creer que la lucha ha acabado y echarnos a descansar porque en ese justo momento volvería a empezar nuestro retroceso". Por eso ha pasado del entusiasmo al escepticismo con las revoluciones en Egipto y Túnez. "Las mujeres han desaparecido. Creen que sus demandas son importantes pero las han dejado en un segundo plano. No se dan cuenta de que no puede haber una democracia real si no se respetan los derechos de las mujeres", exhorta.

Y aunque la actualidad es la literatura de sus últimos artículos periodísticos, en Yo maté a Sherezade aborda con firmeza aspectos que, por derrochados en papel, no deja de acentuar con cada golpecito que da sobre la mesa. "Las mujeres son sus propias enemigas. Deben usar esa fuerza para cambiar su vida y no justificar contradicciones internas como el velo o el burka. Es la libertad de no ser libre". Haddad se toca el pelo y lo desposee de su aparente erotismo: "Es humillante también para el hombre, lo convierte en un animal incapaz de controlar sus instintos".

"No estamos asistiendo a un cambio que mejore la situación de las mujeres. Internet es rápido y eficiente pero superficial", argumenta sobre el papel que juegan las redes sociales. "La cultura, la educación y en especial la literatura pueden provocar el verdadero tsunami. Son una manera de independizarse, también económicamente". La esencia del libro está en su cubierta: un dibujo en espiral de la palabra libertad. "Si hay un título para mi vida es este".
"Yo maté a Sherezade" se puede revisar aquï.


Exposición-homenaje a Carmen Luz Bejarano, en la Casa de la Literatura, se inaugurará el próximo 19 de abril


En el mes de abril, la Casa de la Literatura Peruana inicia sus exposiciones con un homenaje a la destacada poeta peruana Carmen Luz Bejarano,  a través de un viaje en el tiempo por su recorrido literario. Esta exhibición se da en el marco de los cincuenta años de la aparición de su primer poemario Abril y Lejanía

La inauguración, que se iba a realizar este jueves 7 de abril, a las once de la mañana, ha sido postergada hasta el 19 de abril, a las siete de la noche, siempre en la antigua Estación de Desamparados, ubicada en el Jr. Ancash 207, Centro histórico de Lima.

Debido a la poca difusión por parte de la crítica literaria peruana, en esta exposición se busca revalorar la singular poesía y el recorrido literario de la escritora, con la presentación de su universo poético lleno de versos inspirados en su Tanaka querido, pueblo de mar, gaviotas y aracantos. Este paisaje de su infancia marcó profundamente la obra de la poeta mediante metáforas, imágenes y versos sencillos, que le permitieron combinar la musicalidad de sus versos con la naturalidad de la vida cotidiana.

En la Mesa de Honor se harán presentes la Directora de la Casa de la Literatura, Karen Calderón, el poeta Arturo Corcuera, la socióloga y poeta Marita Troiano, además de Maritza Núñez, hija de la poeta en mención, cuyo apoyo ha sido medular para este merecido homenaje. Al finalizar la inauguración se presentará un espectáculo musical a cargo de la soprano Jacqueline Terry y el destacado pianista Pablo Sabat, quienes nos deleitarán con dos poemas musicalizados de Carmen Luz Bejarano: “Canción de otoño” y “Se nos van los sueños”, señala finalmente la nota de prensa.

Carmen Luz Bejarano Márquez (1933 – 2002) una de las más importantes poetas del Perú y América Latina estudió Derecho y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde obtuvo los títulos de Bachiller (1973) y Doctor (1974) en Literatura. Publicó 18 poemarios (la mayor parte reunidos en el libro Existencia en poesía) la novela El cuarto de los Trebejos (1989), la nouvelle La Ruta del Ciprés (2001) y la pieza teatral Los ojos de Lázaro (2001). 







martes, 5 de abril de 2011

Inaugurarán sala permanente “Vargas Llosa en San Marcos”


La Universidad Nacional Mayor de San Marcos inaugurará este 6 de abril, en La Casona, Centro Cultural de San Marcos, la sala permanente Vargas Llosa en San Marcos. En este espacio se podrá apreciar un recorrido fotográfico y documental de la vida universitaria de nuestro Premio Nobel de literatura 2010.

La muestra contó con la investigación del crítico literario Jorge Kishimoto Yoshimura y recoje valiosos documentos que acreditan el paso de Vargas Llosa por las aulas sanmarquinas. Documentos como matrículas, actas de notas y colaboraciones con medios donde publicó sus primeros textos el autor de Contra viento y marea.

También se encontrarán sus colaboraciones y el primer cuento que publicó en 1954 en la revista Turismo, cuando el Nobel cursaba Estudios Generales en la Facultad de Letras. El recorrido fotográfico recoge sus experiencias desde 1953 hasta 1958 en donde se inspiró y se nutrió de sus vivencias políticas universitarias y amistades con personajes que han sido relevantes para escribir sus novelas como Conversación en la Catedral y la Tía Julia y el Escribidor.

El acto contará con la presencia de Mario Vargas Llosa y será presidido por el rector de la Universidad Mayor de San Marcos, Luis Izquierdo Vásquez y las altas autoridades de la Decana de América.

domingo, 13 de marzo de 2011

Recital del barítono finlandés Juha Kotilainen en homenaje a Carmen Luz Bejarano BEJARANO


Una estupenda noticia nos llega a través de la escritora Atala Matellini. Se trata del recital en homenaje a la recordada poeta peruana Carmen Luz Bejarano (1933-2002), que ofrecerá este miércoles 16 de marzo, a las siete de la noche, el barítono finlandés Juha Kotilainen


En el auditorio Ccori Wuasi (Av. Arequipa 5198, Miraflores), Juha Kotilainen, además de interpretar obras de Sibelius, Ravel, Strauss, Madetoja, Kyllönen y Padilla, entre otros compositores, estrenará tres obras de autores finlandeses con poemas de Carmen Luz Bejarano.


Kotilainen ha actuado en prestigiosas Óperas de Europa, entre ellas, el Liceu de Barcelona, la Ópera de Essen, la Ópera de Bohn, el Théâtre Châtelet de París, el Théâtre Royal de la Monnaie en Bruselas, el Nederlandse Ópera en Amsterdam, y en numerosos festivales operísticos como el de Savonlinna y el de Saar.

Entre sus roles más importantes se encuentran los de Don Giovanni (Mozart: Don Giovanni), Guglielmo (Mozart: Cosi fan tutte), Conde Almaviva y Fígaro (Rossini: Las Bodas de Fígaro), Dandini (Rossini: La Cenerentola), Il Barone de Trombonok (Rossini: Viaje a Reims), Gunther (Wagner: El ocaso de los dioses), Boris Godunov (Mussorgsky: Boris Godunov), Conde Tomsky (Tchaikovsky: La Dama de Pique), Eugene Onegin (Tchaikovsky: Eugene Onegin), Marcello (Puccini: La Bohème), Faninal (Strauss: El Caballero de la Rosa), Tonio (Leoncavallo: I Pagliaci), Alfio (Mascagni: Cavalleria Rusticana), Duque Barba Azul (Bartók: El Castillo del Duque Barba Azul), Oficial de policía (Shostakovich: Lady Macbeth de Mirnsk) y los de Captain y Mamoud (Adams: La muerte de Klinghoffer).

En 2009, estrenó en el Gran Teatro Falla en Cádiz y después en Finlandia el rol principal en la ópera El Libro de los Reyes, con libreto de Maritza Núñez y música de Timo-Juhani Kyllönen.


domingo, 27 de febrero de 2011

"Una mosca en la sopa" las memorias de Charles Simic, uno de los grandes poetas del mundo

En el estupendo blog Las razones del aviador encontramos fragmentos de Una mosca en la sopa, el libro de memorias de Charles Simic ((Belgrado, 1938), uno de los poetas estadounidenses más importantes de la actualidad. He aquí una muestra de la obra publicada recientemente en español por Vaso Roto Ediciones:


"Todas las artes tienen que ver con el callejón sin salida en el que nos encontramos. Es su atracción fatal. «Las palabras me fallan», suelen decir los poetas. Todo poema es un acto de desesperación o, si lo prefieren, una tirada de dados. Dios es el público ideal, sobre todo si no puedes dormir o si te encuentras en un agujero en el Amazonas. Si falta, peor todavía.


El poeta se sienta ante el papel en blanco con la necesidad de decir muchas cosas en el espacio limitado del poema. El mundo es enorme, el poeta está solo y el poema no es más que un fragmento de lengua, una pluma que rasga el silencio de la noche.


Puede darse el caso de que el poeta quiera hablarte de su vida. Un puñado de imágenes resultantes de un fugaz momento de felicidad o lucidez extremas. El anhelo secreto de la poesía es detener el tiempo. El poeta desea rescatar un rostro, un estado de ánimo, una nube en el cielo, un árbol en el viento y tomar una especie de fotografía mental de ese momento en que el lector se reconoce a sí mismo. Los poemas son instantáneas de otras personas en las que nos reconocemos a nosotros mismos.


Por otra parte, el poeta se ve empujado a decir la verdad. «¿Cómo debe expresarse la verdad?», se pregunta Gwendolyn Brooks. La verdad importa. Acertar importa. El consejo del realista es: abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: cierra los ojos para ver mejor. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los ojos cerrados, y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle.


Además, uno querría decir algo sobre los tiempos en los que vive. Toda época tiene sus injusticias y sus sufrimientos desmedidos, y la nuestra no es ni mucho menos una excepción. Hay que enfrentarse a la historia de la maldad humana, y todos los días encontramos nuevos ejemplos sobre los que reflexionar. Se puede pensar en ello todo lo que se quiera, pero comprenderlo ya es otra historia. Vivimos en una época en que hay cientos de formas de explicar el mundo. Se puede creer en cualquier cosa, en todas las religiones y en todas las variedades de cientificismo. Quizá la tarea de la poesía sea rescatar los vestigios de autenticidad que todavía se pueden encontrar en las ruinas de los sistemas religiosos, filosóficos y políticos."



Para seguir leyendo hacer click aquí.




viernes, 25 de febrero de 2011

Publican novela inédita de mítica escritora argentina Silvina Ocampo



Una gran noticia nos viene desde Argentina: la publicación de La promesa, novela en la cual la mítica escritora bonaerense Silvina Ocampo (1903-1994) trabajó durante largos años de su vida y que hasta ahora había permanecido oculta a los ojos del público. En una semblanza titulada Una escritora contemporánea, el periodista Hugo Caligaris, señala hoy en el diario La Nación, lo siguiente:  


La obra de Silvina Ocampo fue durante mucho tiempo un enigma para críticos que no sabían dónde ubicarla, si en el anaquel de las rarezas literarias, en el de los caprichos, en el de las misceláneas o en el de los "secretos mejor guardados" de las letras argentinas. Siempre con un poco de desconcierto, se analizaron los ingredientes de sus textos: inocencia, crueldad, humor negro, nonsense, un estilo que fluctúa a veces en una misma frase entre la lírica y la prosa. Al principio, sólo un puñado de observadores inteligentes -Italo Calvino, entre ellos- eran capaces de ver el espectáculo completo. Hoy es más fácil: Silvina murió en 1994, hace ya bastante más de tres lustros, y ya no tiene sentido pensar en ella como en una rareza. Las 142 páginas de su novela La promesa -hasta ahora, inédita- convencerán a cualquier lector de que la autora es una escritora contemporánea: por su originalidad y su franqueza, por su naturalidad sin impostaciones y por la verdad de sus sentimientos. Este número incluye un buen aperitivo mientras se espera la publicación de esta obra maestra.


Este mismo diario publica hoy un fragmento de la novela. 

 

La promesa 
(Fragmento)

"No tengo vida propia, tengo sentimientos. Mis experiencias no tuvieron importancia ni a lo largo de mi vida ni aun al borde de la muerte, en cambio la vida de los otros se vuelve mía"
Soy analfabeta. ¡Cómo podría publicar este texto! ¡Qué editorial lo recibiría! Creo que sería imposible, a menos que suceda un milagro. Creo en los milagros.
"Te quiero y prometo que seré buena", yo solía decirle para conmoverla en mi infancia y mucho tiempo después cuando le pedía algún favor, hasta que supe que era "abogada de lo imposible". Hay personas que no comprenden que uno hable a una santa como a cualquiera. Si hubieran conocido todas mis oraciones dirían que son blasfemias y que no soy devota de Santa Rita.
Las estatuas o las estatuitas representan habitualmente a esta santa con un libro de madera, misterioso, en la mano que apoya sobre su corazón. No olvidé el detalle de esta actitud cuando le hice la promesa, si me salvaba, de escribir este libro y de terminarlo para el día de mi próximo cumpleaños. Falta casi un año para esa fecha. Comencé a inquietarme. Pensé que costaría mucho sacrificio cumplir con mi promesa. Hacer este diccionario de recuerdos a veces vergonzosos, humillantes, significaría dar mi intimidad a cualquiera. (Tal vez esta inquietud resultó infundada.)
No tengo vida propia, tengo sentimientos. Mis experiencias no tuvieron importancia ni a lo largo de la vida ni aun al borde de la muerte, en cambio la vida de los otros se vuelve mía.
Copiar sus páginas a máquina, pues no dispongo de dinero para pagar las copias a una dactilógrafa, significaría hacer un trabajo ímprobo (no dispongo de amigas desinteresadas que sepan escribir a máquina). Presentar el manuscrito a editores, a cualquier editor del mundo, que tal vez me negaría la publicación del libro para tener ineludiblemente que pagarlo con la venta de objetos que aprecio o con algún trabajo subalterno, el único del que sería capaz, significaría sacrificar mi amor propio.
Qué lejos están los días felices en que comía con mis sobrinitos en Palermo, en las hamacas, en el tobogán los comisarios y los masticables de chocolate blanco; épocas aquellas en que me sentía desdichada, que ahora me parecen felices, en que mis sobrinitos se ensuciaban tanto las manos al jugar con tierra, que al volver a la casa de mi hermana en lugar de bañarme o de ir al cine tenía que limpiarles las uñas con jabón Carpincho como si hubieran estado en el Departamento Central de Policía después de dejar las fatídicas impresiones digitales.
Yo que siempre consideré que era inútil escribir un libro, me veo comprometida a hacerlo hoy para cumplir una promesa sagrada para mí.
Me embarqué rumbo a Ciudad del Cabo hace tres meses en el barco Anacreonte, para reunirme con la parte menos tediosa de mi familia: un cónsul y su mujer, primos que siempre me protegieron. Todo lo que se espera con demasiada ansiedad se cumple mal o no se cumple. Enferma, tuve que volverme en cuanto llegué, por culpa de un accidente que tuve en el viaje de ida. Caí al mar. Resbalé de la cubierta en el sitio donde están los botes de salvataje cuando me inclinaba sobre la baranda para alcanzar un broche que se me había caído y que pendía de mi bufanda. ¿Cómo? No lo sé. Nadie me vio caer. Tal vez tuve un desmayo. Me desperté en el agua atontada por el golpe. No me acordaba ni de mi nombre. El barco se alejaba imperturbablemente. Grité. Nadie me oyó. El barco me pareció más inmenso que el mar. Felizmente soy buena nadadora, aunque mi estilo sea bastante deficiente. Pasado el primer momento de frío y de terror me deslicé lentamente en el agua. El calor, el mediodía, la luz me acompañaban. Casi olvidé mi situación angustiosa porque amo los deportes y ensayé todos los estilos en mi natación. Simultáneamente pensé en los peligros que me depararía el agua: los tiburones, las serpientes de mar, las aguas vivas, las trombas marinas. Me tranquilicé con el vaivén de las olas. Nadé o hice la plancha ocho horas consecutivas, esperando que el barco volviera a buscarme. A veces me pregunto cómo pude alimentar esa esperanza. Tampoco lo sé. Al principio el miedo que sentía no me dejaba pensar, luego pensé desordenadamente: acudían a mi mente maestras, tallarines, films cinematográficos, precios, espectáculos teatrales, nombres de escritores, títulos de libros, edificios, jardines, un gato, un amor desdichado, una silla, una flor cuyo nombre no recordaba, un perfume, un dentífrico, etc. ¡Memoria, cuánto me hiciste sufrir! Sospeché que estaba por morir o muerta ya en la confusión de mi memoria. Luego advertí, al sentir un ardor agudo en mis ojos debido al agua salada, que estaba viva y lejos de la agonía puesto que los ahogados, es sabido, a punto de morir son dichosos y yo no lo era. Después de desvestirme o de haber sido desvestida por el mar, pues el mar desviste a las personas como si tuviese enamoradas manos, llegó un momento en que el sueño o el deseo de dormir se apoderó de mí. Para no dormirme, impuse un orden a mis pensamientos, una suerte de itinerario que ahora aconsejo seguir también a los presos, a los enfermos que no pueden moverse o a los desesperados que están por suicidarse.
Empecé mi itinerario de recuerdos con los nombres y la descripción minuciosa y a veces biográfica de las personas que en mi vida había conocido. Naturalmente que no acudían a mi memoria en un orden cronológico ni en un orden que respetara la jerarquía de mis afectos, acudían caprichosamente: los últimos eran los primeros y los primeros los últimos, como si mi pensamiento no pudiera obedecer los dictados de mi corazón. En mi memoria algunas personas aparecieron sin nombre, otras sin edad, otras sin fecha de presentación, otras sin la seguridad de que fueran personas y no fantasmas o inventos de mi imaginación. De algunas no recordaba los ojos, de otras las manos, de otras el pelo, la estatura, la voz. Como Shahrazad al rey Shahriar, en cierto modo conté cuentos a la muerte para que me perdonara la vida a mí y a mis imágenes, cuentos que parecía que no iban a terminar nunca. A menudo me da risa pensar ahora en ese ilusorio orden que yo me proponía y que me pareció tan severo en el momento de practicarlo. A veces me sorprendía la vívida presencia en mí de mi pensamiento formulado en una sola frase, era como una viñeta de esas que se intercalan al final del capítulo de un libro o que encabezan las páginas más importantes. Naturalmente que el orden se respeta de un modo diferente en la mente sola que en el papel cuando está escrito. Dentro de lo posible trataré de reconstruir en estas páginas el orden o desorden aquel que construí con tanta dificultad en mi mente, a partir del momento en que hallé en las aguas, como a través de un vidrio, una tortuga de mar parecida al sastre Aldo Bindo, que me hizo recordar por una caprichosa asociación de ideas a Marina Dongui (detrás del vidrio de una frutería), que, como él, tenía un lunar en la mejilla izquierda. Comencé a enumerar y a describir personas:
Marina Dongui
Marina Dongui, la vendedora de fruta, es la primera persona que se me presentó involuntariamente en el recuerdo. Rubia, blanca y nerviosa, se asomaba a la puerta de la frutería cuando yo pasaba con mi hermano, para guiñarle un ojo. Sus pechos parecidos a algunas frutas rebosaban de su escote y mi hermano se detenía para mirarla a ella: pero qué digo, no a ella, sino a sus pechos y no a las naranjas de ombligo, que costaban muy caras.
-Señorita Marina, ¿cuánto valen las naranjas? -decía mi hermano.
-Aquí está el precio -señalaba la etiqueta con su mano regordeta y tomando una naranja la mostraba acariciándola, con una sonrisa indecente para provocar sin duda a mi hermano, que es bárbaro.
Debajo de la falda azul se adivinaba la marca en los muslos de la faja que la ceñía demasiado. Las piernas sin medias tenían una piel muy lisa y blanca, roja como un damasco pecoso al acercarse a los zapatos, que eran siempre negros y con tacos finos como alfileres.
-Señorita Marina, deme media docena de naranjas.
-¿Por qué naranjas, si es la fruta que menos nos gusta? -protestaba yo, sintiendo el aguijón de los celos que me provocaba la infeliz de Marina.
La humillación de los celos es no poder elegir el objeto que los inspira.
Mi hermano Mingo se acercaba al mostrador sin escucharme y ahí, ostentando en su frente una vena que se marcaba sólo por la emoción, la arrinconaba contra los cajones; cuando ella sacaba la cuenta sobre el papel en que después envolvía las naranjas, él aprovechaba para tocarla. Era una relación de frutas, símbolo tal vez del sexo. Pero yo me salgo del tema que me he propuesto: describir personas y no situaciones ni relaciones.
La cara de mi hermano se me ha perdido; ni el color de sus ojos rayados como los bolones de vidrio azul y verdes se presenta a mi memoria.
Amar demasiado ciega el recuerdo, a veces.
¿Pero a quién amaba?
Aldo Bindo
Aldo Bindo era bajo, corpulento y blanco. Todos los domingos se dedicaba a la equitación. Sus anteojos brillaban en su cara como en un escaparate; tenía un mechón de pelo rizado y rubio y un mechón de pelo lacio y blanco en su cabeza alargada. No tenía edad. Con el centímetro puesto como una condecoración sobre los hombros, acudía corriendo de los fondos de la sastrería cuando le avisaban que yo lo esperaba. En el espejo, con el tailleur que yo ya tenía puesto, me miraba llena de alfileres, arrodillado a mis pies. Muchas veces volvía a tomar mis medidas como si no las conociera. Con un lápiz que era ya casi una uña anotaba las medidas en un papel madera que encontraba siempre en alguna silla. Cuando tomaba las medidas en mi pecho, con satisfacción tocaba ciertas protuberancias de la solapa sabiamente colocadas de un modo indecente, pero cuyos pormenores pertenecían a su profesión; cuando medía mis caderas, con cierta impaciencia hacía girar el centímetro para dejarlo caer con desencantado ademán, soltando una de las puntas que abarajaba con la otra mano para ponérselo de nuevo alrededor del cuello. Su mujer, junto al espejo, con una cara blanca y blanda como una informe miga de pan, le alcanzaba los alfileres y la tiza; a veces descosía una costura con enormes tijeras para que él con maestría tomara, como un cocinero una masa, el género descosido en sus manos y le aplicara alfileres para modificar un pliegue sin mejorarlo. Fruncía el entrecejo y, cuando estaba resfriado, el ruido de sus estornudos era contagioso hasta por teléfono. Sus manos parecían preferir la colocación de las mangas, todo lo que rodeaba el pecho de las clientas que no eran demasiado viejas, las solapas, los botones de la parte delantera del abrigo. Soplaba. Resoplaba. El ruedo, por el contrario, lo hacía sufrir. No bastaba que le aplicara unas rayas con tiza para que se sintiera libre de responsabilidad, medía con el centímetro los bordes hasta el suelo. Los zapatos que calzaba crujían siempre. Nunca pensé que tuviera pies con uñas o con dedos metidos adentro de esos impenetrables zapatos. Un día lo encontré en una playa y no lo reconocí de lejos, pero cuando le acomodó a su mujer la salida de baño en los hombros grité: "Ahí está Aldo Bindo", y corrí a saludarlo. Untada de aceite bronceador, su cara relucía con alegría, ¿pero el centímetro? ¿Cómo podía estar sin el centímetro? Unos minutos después vi que en la arena húmeda, con su dedo gordo del pie, mientras me hablaba, dibujaba un centímetro, hablándome con admiración de la señora de Cerunda.
En aquellos días yo me enamoré del mar como de una persona; llorando me arrodillaba para despedirme de él, para irme a Buenos Aires al concluir las vacaciones.

 

martes, 22 de febrero de 2011

Poema de Carver a Antonio Machado


Un 22 de febrero como hoy -en 1939- murió en Francia el notable poeta Antonio Machado. Su presencia, din dudas, trasciende el tiempo y la distancia para acompañarnos en este viaje distinto del día a día. Me emocionó mucho cuando leí el poema que otro grande, Raymond Carver, le dedica al vate español. Sea este un homenaje y una nueva redención por medio del arte.


ONDAS DE RADIO

Para Antonio Machado

La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.
No entiendo nada de las ondas de radio.
Pero creo que se transmiten mejor justo
después de llover, cuando el aire está húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero,
o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo
ligeramente interesado por la política canadiense
y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente
lo que buscaba eran sus emisoras con música. Me siento
aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,
o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer
los periódicos. De noche pongo la radio.
Cuando escapé aquí trataba de alejarme
de todo. Especialmente de la literatura.
De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.
Hay en el alma un deseo de no pensar.
De estar quieto. Emparejado con éste,
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también es una afable hija de puta
no siempre de fiar. Y olvidé eso.
Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y nunca volverá que a lo que aún sigue
con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.
Y si no, también está bien.
Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta.
Esa es la voz que escuché.
¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?
¡Qué absurdo!
Pero tengo estas estúpidas ideas de noche
cuando me siento en la butaca y oigo la radio.
Entonces, Machado, ¡su poesía!
Era como un hombrecillo mayor que se vuelve
a enamorar. Una cosa digna de observar,
y embarazoso, además.
Y llevo tu libro a la cama conmigo
y me duermo con él a mano. Un tren pasó
en mis sueños una noche y me despertó.
Y lo primero que pensé, el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
Todo es perfecto, Machado está aquí.
Entonces me volví a dormir.
Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí
a dar mi paseo. "¡Presta atención!" -decías,
cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.
Conque miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté al sol, en mi sitio
de junto al río desde donde puedo ver las montañas.
Y cerré los ojos y escuché el sonido
del agua. Luego los abrí y me puse a leer
"Abel Martín".
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
Espero, a pesar de lo que sé de la muerte,
que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.
Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.
Descansa. Antes o después espero que nos veamos.
Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.