domingo, 27 de febrero de 2011

"Una mosca en la sopa" las memorias de Charles Simic, uno de los grandes poetas del mundo

En el estupendo blog Las razones del aviador encontramos fragmentos de Una mosca en la sopa, el libro de memorias de Charles Simic ((Belgrado, 1938), uno de los poetas estadounidenses más importantes de la actualidad. He aquí una muestra de la obra publicada recientemente en español por Vaso Roto Ediciones:


"Todas las artes tienen que ver con el callejón sin salida en el que nos encontramos. Es su atracción fatal. «Las palabras me fallan», suelen decir los poetas. Todo poema es un acto de desesperación o, si lo prefieren, una tirada de dados. Dios es el público ideal, sobre todo si no puedes dormir o si te encuentras en un agujero en el Amazonas. Si falta, peor todavía.


El poeta se sienta ante el papel en blanco con la necesidad de decir muchas cosas en el espacio limitado del poema. El mundo es enorme, el poeta está solo y el poema no es más que un fragmento de lengua, una pluma que rasga el silencio de la noche.


Puede darse el caso de que el poeta quiera hablarte de su vida. Un puñado de imágenes resultantes de un fugaz momento de felicidad o lucidez extremas. El anhelo secreto de la poesía es detener el tiempo. El poeta desea rescatar un rostro, un estado de ánimo, una nube en el cielo, un árbol en el viento y tomar una especie de fotografía mental de ese momento en que el lector se reconoce a sí mismo. Los poemas son instantáneas de otras personas en las que nos reconocemos a nosotros mismos.


Por otra parte, el poeta se ve empujado a decir la verdad. «¿Cómo debe expresarse la verdad?», se pregunta Gwendolyn Brooks. La verdad importa. Acertar importa. El consejo del realista es: abre los ojos y mira. Los defensores de la imaginación aconsejan: cierra los ojos para ver mejor. Hay una verdad que se percibe con los ojos abiertos y otra a la que se accede con los ojos cerrados, y a veces estas dos verdades no se reconocen cuando se cruzan por la calle.


Además, uno querría decir algo sobre los tiempos en los que vive. Toda época tiene sus injusticias y sus sufrimientos desmedidos, y la nuestra no es ni mucho menos una excepción. Hay que enfrentarse a la historia de la maldad humana, y todos los días encontramos nuevos ejemplos sobre los que reflexionar. Se puede pensar en ello todo lo que se quiera, pero comprenderlo ya es otra historia. Vivimos en una época en que hay cientos de formas de explicar el mundo. Se puede creer en cualquier cosa, en todas las religiones y en todas las variedades de cientificismo. Quizá la tarea de la poesía sea rescatar los vestigios de autenticidad que todavía se pueden encontrar en las ruinas de los sistemas religiosos, filosóficos y políticos."



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viernes, 25 de febrero de 2011

Publican novela inédita de mítica escritora argentina Silvina Ocampo



Una gran noticia nos viene desde Argentina: la publicación de La promesa, novela en la cual la mítica escritora bonaerense Silvina Ocampo (1903-1994) trabajó durante largos años de su vida y que hasta ahora había permanecido oculta a los ojos del público. En una semblanza titulada Una escritora contemporánea, el periodista Hugo Caligaris, señala hoy en el diario La Nación, lo siguiente:  


La obra de Silvina Ocampo fue durante mucho tiempo un enigma para críticos que no sabían dónde ubicarla, si en el anaquel de las rarezas literarias, en el de los caprichos, en el de las misceláneas o en el de los "secretos mejor guardados" de las letras argentinas. Siempre con un poco de desconcierto, se analizaron los ingredientes de sus textos: inocencia, crueldad, humor negro, nonsense, un estilo que fluctúa a veces en una misma frase entre la lírica y la prosa. Al principio, sólo un puñado de observadores inteligentes -Italo Calvino, entre ellos- eran capaces de ver el espectáculo completo. Hoy es más fácil: Silvina murió en 1994, hace ya bastante más de tres lustros, y ya no tiene sentido pensar en ella como en una rareza. Las 142 páginas de su novela La promesa -hasta ahora, inédita- convencerán a cualquier lector de que la autora es una escritora contemporánea: por su originalidad y su franqueza, por su naturalidad sin impostaciones y por la verdad de sus sentimientos. Este número incluye un buen aperitivo mientras se espera la publicación de esta obra maestra.


Este mismo diario publica hoy un fragmento de la novela. 

 

La promesa 
(Fragmento)

"No tengo vida propia, tengo sentimientos. Mis experiencias no tuvieron importancia ni a lo largo de mi vida ni aun al borde de la muerte, en cambio la vida de los otros se vuelve mía"
Soy analfabeta. ¡Cómo podría publicar este texto! ¡Qué editorial lo recibiría! Creo que sería imposible, a menos que suceda un milagro. Creo en los milagros.
"Te quiero y prometo que seré buena", yo solía decirle para conmoverla en mi infancia y mucho tiempo después cuando le pedía algún favor, hasta que supe que era "abogada de lo imposible". Hay personas que no comprenden que uno hable a una santa como a cualquiera. Si hubieran conocido todas mis oraciones dirían que son blasfemias y que no soy devota de Santa Rita.
Las estatuas o las estatuitas representan habitualmente a esta santa con un libro de madera, misterioso, en la mano que apoya sobre su corazón. No olvidé el detalle de esta actitud cuando le hice la promesa, si me salvaba, de escribir este libro y de terminarlo para el día de mi próximo cumpleaños. Falta casi un año para esa fecha. Comencé a inquietarme. Pensé que costaría mucho sacrificio cumplir con mi promesa. Hacer este diccionario de recuerdos a veces vergonzosos, humillantes, significaría dar mi intimidad a cualquiera. (Tal vez esta inquietud resultó infundada.)
No tengo vida propia, tengo sentimientos. Mis experiencias no tuvieron importancia ni a lo largo de la vida ni aun al borde de la muerte, en cambio la vida de los otros se vuelve mía.
Copiar sus páginas a máquina, pues no dispongo de dinero para pagar las copias a una dactilógrafa, significaría hacer un trabajo ímprobo (no dispongo de amigas desinteresadas que sepan escribir a máquina). Presentar el manuscrito a editores, a cualquier editor del mundo, que tal vez me negaría la publicación del libro para tener ineludiblemente que pagarlo con la venta de objetos que aprecio o con algún trabajo subalterno, el único del que sería capaz, significaría sacrificar mi amor propio.
Qué lejos están los días felices en que comía con mis sobrinitos en Palermo, en las hamacas, en el tobogán los comisarios y los masticables de chocolate blanco; épocas aquellas en que me sentía desdichada, que ahora me parecen felices, en que mis sobrinitos se ensuciaban tanto las manos al jugar con tierra, que al volver a la casa de mi hermana en lugar de bañarme o de ir al cine tenía que limpiarles las uñas con jabón Carpincho como si hubieran estado en el Departamento Central de Policía después de dejar las fatídicas impresiones digitales.
Yo que siempre consideré que era inútil escribir un libro, me veo comprometida a hacerlo hoy para cumplir una promesa sagrada para mí.
Me embarqué rumbo a Ciudad del Cabo hace tres meses en el barco Anacreonte, para reunirme con la parte menos tediosa de mi familia: un cónsul y su mujer, primos que siempre me protegieron. Todo lo que se espera con demasiada ansiedad se cumple mal o no se cumple. Enferma, tuve que volverme en cuanto llegué, por culpa de un accidente que tuve en el viaje de ida. Caí al mar. Resbalé de la cubierta en el sitio donde están los botes de salvataje cuando me inclinaba sobre la baranda para alcanzar un broche que se me había caído y que pendía de mi bufanda. ¿Cómo? No lo sé. Nadie me vio caer. Tal vez tuve un desmayo. Me desperté en el agua atontada por el golpe. No me acordaba ni de mi nombre. El barco se alejaba imperturbablemente. Grité. Nadie me oyó. El barco me pareció más inmenso que el mar. Felizmente soy buena nadadora, aunque mi estilo sea bastante deficiente. Pasado el primer momento de frío y de terror me deslicé lentamente en el agua. El calor, el mediodía, la luz me acompañaban. Casi olvidé mi situación angustiosa porque amo los deportes y ensayé todos los estilos en mi natación. Simultáneamente pensé en los peligros que me depararía el agua: los tiburones, las serpientes de mar, las aguas vivas, las trombas marinas. Me tranquilicé con el vaivén de las olas. Nadé o hice la plancha ocho horas consecutivas, esperando que el barco volviera a buscarme. A veces me pregunto cómo pude alimentar esa esperanza. Tampoco lo sé. Al principio el miedo que sentía no me dejaba pensar, luego pensé desordenadamente: acudían a mi mente maestras, tallarines, films cinematográficos, precios, espectáculos teatrales, nombres de escritores, títulos de libros, edificios, jardines, un gato, un amor desdichado, una silla, una flor cuyo nombre no recordaba, un perfume, un dentífrico, etc. ¡Memoria, cuánto me hiciste sufrir! Sospeché que estaba por morir o muerta ya en la confusión de mi memoria. Luego advertí, al sentir un ardor agudo en mis ojos debido al agua salada, que estaba viva y lejos de la agonía puesto que los ahogados, es sabido, a punto de morir son dichosos y yo no lo era. Después de desvestirme o de haber sido desvestida por el mar, pues el mar desviste a las personas como si tuviese enamoradas manos, llegó un momento en que el sueño o el deseo de dormir se apoderó de mí. Para no dormirme, impuse un orden a mis pensamientos, una suerte de itinerario que ahora aconsejo seguir también a los presos, a los enfermos que no pueden moverse o a los desesperados que están por suicidarse.
Empecé mi itinerario de recuerdos con los nombres y la descripción minuciosa y a veces biográfica de las personas que en mi vida había conocido. Naturalmente que no acudían a mi memoria en un orden cronológico ni en un orden que respetara la jerarquía de mis afectos, acudían caprichosamente: los últimos eran los primeros y los primeros los últimos, como si mi pensamiento no pudiera obedecer los dictados de mi corazón. En mi memoria algunas personas aparecieron sin nombre, otras sin edad, otras sin fecha de presentación, otras sin la seguridad de que fueran personas y no fantasmas o inventos de mi imaginación. De algunas no recordaba los ojos, de otras las manos, de otras el pelo, la estatura, la voz. Como Shahrazad al rey Shahriar, en cierto modo conté cuentos a la muerte para que me perdonara la vida a mí y a mis imágenes, cuentos que parecía que no iban a terminar nunca. A menudo me da risa pensar ahora en ese ilusorio orden que yo me proponía y que me pareció tan severo en el momento de practicarlo. A veces me sorprendía la vívida presencia en mí de mi pensamiento formulado en una sola frase, era como una viñeta de esas que se intercalan al final del capítulo de un libro o que encabezan las páginas más importantes. Naturalmente que el orden se respeta de un modo diferente en la mente sola que en el papel cuando está escrito. Dentro de lo posible trataré de reconstruir en estas páginas el orden o desorden aquel que construí con tanta dificultad en mi mente, a partir del momento en que hallé en las aguas, como a través de un vidrio, una tortuga de mar parecida al sastre Aldo Bindo, que me hizo recordar por una caprichosa asociación de ideas a Marina Dongui (detrás del vidrio de una frutería), que, como él, tenía un lunar en la mejilla izquierda. Comencé a enumerar y a describir personas:
Marina Dongui
Marina Dongui, la vendedora de fruta, es la primera persona que se me presentó involuntariamente en el recuerdo. Rubia, blanca y nerviosa, se asomaba a la puerta de la frutería cuando yo pasaba con mi hermano, para guiñarle un ojo. Sus pechos parecidos a algunas frutas rebosaban de su escote y mi hermano se detenía para mirarla a ella: pero qué digo, no a ella, sino a sus pechos y no a las naranjas de ombligo, que costaban muy caras.
-Señorita Marina, ¿cuánto valen las naranjas? -decía mi hermano.
-Aquí está el precio -señalaba la etiqueta con su mano regordeta y tomando una naranja la mostraba acariciándola, con una sonrisa indecente para provocar sin duda a mi hermano, que es bárbaro.
Debajo de la falda azul se adivinaba la marca en los muslos de la faja que la ceñía demasiado. Las piernas sin medias tenían una piel muy lisa y blanca, roja como un damasco pecoso al acercarse a los zapatos, que eran siempre negros y con tacos finos como alfileres.
-Señorita Marina, deme media docena de naranjas.
-¿Por qué naranjas, si es la fruta que menos nos gusta? -protestaba yo, sintiendo el aguijón de los celos que me provocaba la infeliz de Marina.
La humillación de los celos es no poder elegir el objeto que los inspira.
Mi hermano Mingo se acercaba al mostrador sin escucharme y ahí, ostentando en su frente una vena que se marcaba sólo por la emoción, la arrinconaba contra los cajones; cuando ella sacaba la cuenta sobre el papel en que después envolvía las naranjas, él aprovechaba para tocarla. Era una relación de frutas, símbolo tal vez del sexo. Pero yo me salgo del tema que me he propuesto: describir personas y no situaciones ni relaciones.
La cara de mi hermano se me ha perdido; ni el color de sus ojos rayados como los bolones de vidrio azul y verdes se presenta a mi memoria.
Amar demasiado ciega el recuerdo, a veces.
¿Pero a quién amaba?
Aldo Bindo
Aldo Bindo era bajo, corpulento y blanco. Todos los domingos se dedicaba a la equitación. Sus anteojos brillaban en su cara como en un escaparate; tenía un mechón de pelo rizado y rubio y un mechón de pelo lacio y blanco en su cabeza alargada. No tenía edad. Con el centímetro puesto como una condecoración sobre los hombros, acudía corriendo de los fondos de la sastrería cuando le avisaban que yo lo esperaba. En el espejo, con el tailleur que yo ya tenía puesto, me miraba llena de alfileres, arrodillado a mis pies. Muchas veces volvía a tomar mis medidas como si no las conociera. Con un lápiz que era ya casi una uña anotaba las medidas en un papel madera que encontraba siempre en alguna silla. Cuando tomaba las medidas en mi pecho, con satisfacción tocaba ciertas protuberancias de la solapa sabiamente colocadas de un modo indecente, pero cuyos pormenores pertenecían a su profesión; cuando medía mis caderas, con cierta impaciencia hacía girar el centímetro para dejarlo caer con desencantado ademán, soltando una de las puntas que abarajaba con la otra mano para ponérselo de nuevo alrededor del cuello. Su mujer, junto al espejo, con una cara blanca y blanda como una informe miga de pan, le alcanzaba los alfileres y la tiza; a veces descosía una costura con enormes tijeras para que él con maestría tomara, como un cocinero una masa, el género descosido en sus manos y le aplicara alfileres para modificar un pliegue sin mejorarlo. Fruncía el entrecejo y, cuando estaba resfriado, el ruido de sus estornudos era contagioso hasta por teléfono. Sus manos parecían preferir la colocación de las mangas, todo lo que rodeaba el pecho de las clientas que no eran demasiado viejas, las solapas, los botones de la parte delantera del abrigo. Soplaba. Resoplaba. El ruedo, por el contrario, lo hacía sufrir. No bastaba que le aplicara unas rayas con tiza para que se sintiera libre de responsabilidad, medía con el centímetro los bordes hasta el suelo. Los zapatos que calzaba crujían siempre. Nunca pensé que tuviera pies con uñas o con dedos metidos adentro de esos impenetrables zapatos. Un día lo encontré en una playa y no lo reconocí de lejos, pero cuando le acomodó a su mujer la salida de baño en los hombros grité: "Ahí está Aldo Bindo", y corrí a saludarlo. Untada de aceite bronceador, su cara relucía con alegría, ¿pero el centímetro? ¿Cómo podía estar sin el centímetro? Unos minutos después vi que en la arena húmeda, con su dedo gordo del pie, mientras me hablaba, dibujaba un centímetro, hablándome con admiración de la señora de Cerunda.
En aquellos días yo me enamoré del mar como de una persona; llorando me arrodillaba para despedirme de él, para irme a Buenos Aires al concluir las vacaciones.

 

lunes, 21 de febrero de 2011

Poema de Carver a Antonio Machado


Un 22 de febrero como hoy -en 1939- murió en Francia el notable poeta Antonio Machado. Su presencia, din dudas, trasciende el tiempo y la distancia para acompañarnos en este viaje distinto del día a día. Me emocionó mucho cuando leí el poema que otro grande, Raymond Carver, le dedica al vate español. Sea este un homenaje y una nueva redención por medio del arte.


ONDAS DE RADIO

Para Antonio Machado

La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.
No entiendo nada de las ondas de radio.
Pero creo que se transmiten mejor justo
después de llover, cuando el aire está húmedo.
En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero,
o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo
ligeramente interesado por la política canadiense
y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente
lo que buscaba eran sus emisoras con música. Me siento
aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,
o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer
los periódicos. De noche pongo la radio.
Cuando escapé aquí trataba de alejarme
de todo. Especialmente de la literatura.
De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.
Hay en el alma un deseo de no pensar.
De estar quieto. Emparejado con éste,
un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.
Pero el alma también es una afable hija de puta
no siempre de fiar. Y olvidé eso.
Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido
y nunca volverá que a lo que aún sigue
con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.
Y si no, también está bien.
Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta.
Esa es la voz que escuché.
¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?
¡Qué absurdo!
Pero tengo estas estúpidas ideas de noche
cuando me siento en la butaca y oigo la radio.
Entonces, Machado, ¡su poesía!
Era como un hombrecillo mayor que se vuelve
a enamorar. Una cosa digna de observar,
y embarazoso, además.
Y llevo tu libro a la cama conmigo
y me duermo con él a mano. Un tren pasó
en mis sueños una noche y me despertó.
Y lo primero que pensé, el corazón acelerado
allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:
Todo es perfecto, Machado está aquí.
Entonces me volví a dormir.
Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí
a dar mi paseo. "¡Presta atención!" -decías,
cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.
Conque miré alrededor y tomé nota de todo.
Luego me senté al sol, en mi sitio
de junto al río desde donde puedo ver las montañas.
Y cerré los ojos y escuché el sonido
del agua. Luego los abrí y me puse a leer
"Abel Martín".
Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.
Espero, a pesar de lo que sé de la muerte,
que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.
Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.
Descansa. Antes o después espero que nos veamos.
Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.

sábado, 19 de febrero de 2011

Poemas inéditos de Juan Ramón Jiménez



El suplemento Babelia del diario El País  publica hoy inéditos de Juan Ramón Jiménez, a raíz de la aparición del libro Arte Menor (Ediciones Linteo), que recoge la primera etapa de la producción del Premio Nóbel español. Antes de los poemas, va un minucioso texto, "El sueño de JRJ", escrito por el poeta José Manuel Caballero Bonald.

La periódica aparición de textos inéditos de Juan Ramón Jiménez ha pasado a convertirse en una peculiar costumbre que favorece de algún modo la evaluación general de la poesía española contemporánea. Nada más acorde con la insaciable, vehemente voluntad creadora del poeta que ese cómputo consecutivamente acrecentado de su "Obra". Es lo que viene a refrendar de nuevo este Arte menor (Ediciones Linteo), preparado y editado por José Antonio Expósito Hernández con puntual solvencia crítica. El libro puede considerarse en puridad inédito, al menos nunca fue publicado como tal volumen independiente, y en él se reúnen 142 poemas breves, de los que 43 se publican ahora por primera vez, con lo que la edición adquiere un manifiesto rango de primicia. Sin duda que este nuevo incremento del caudal poético juanramoniano corrobora una vez más lo consabido: esa dedicación sacral, ese obstinado, exaltado, incesante trabajo creador que hizo posible que sigan sumándose -todavía- nuevas aportaciones al poco menos que abrumador registro de poemas que van de Rimas (1902) a Espacio (1954), dando por preteridos -como arbitró el autor- Ninfeas y Almas de violeta (1900). Dentro de esa laberíntica red de ríos y afluentes que suele agobiar a los investigadores de la poesía juanramoniana, la presente edición también reclama por eso la gratitud. Resultan de veras meritorios los esfuerzos llevados a cabo por esa media docena de expertos en Juan Ramón Jiménez, entre los que José Antonio Expósito Hernández ocupa un lugar eminente, para normalizar tan extraordinario corpus poético, siempre sujeto a ordenaciones y reordenaciones consecutivamente sometidas a nuevos planteamientos parciales o generales. "¡Qué lucha, en mí, entre lo completo y lo perfecto!". Resulta también de lo más llamativo que un poeta que afirmó, con singular pedagogía estética, que "escribir poesía es aprender a llegar a no escribirla", se dedicara con excluyente avidez a una elaboración tan sistemáticamente inabarcable de su "Obra".

Arte menor, datado en 1909, se sitúa cronológicamente en el ámbito inicial de la obra poética de Juan Ramón Jiménez, allí donde se acentúa un lirismo de claro linaje popular, como desglosado de algún cancionero anónimo andaluz, oriundo en sus mejores momentos de cierto modernismo aún contaminado de seducciones románticas. Dentro de los mismos nutrientes sentimentales que comparecen, por ejemplo, enLas hojas verdes (1906) o Baladas de primavera(1907), Arte menor prolonga una idéntica estrategia retórica, pero también anuncia ocasionalmente ese designio poético esencial que va a ir acrecentando su potencia reflexiva a partir de Diario de un poeta recién casado (1916). A medio camino entre la canción de cuño tradicional y una depurada interiorización de la naturaleza,Arte menor se integra en una de las más canónicas fases de la poesía de Juan Ramón, que también fue, con toda probabilidad, la que más notoriamente afectó a los modales neopopularistas del 27, en particular a los de Lorca y Alberti. Junto a canciones de sencilla tonalidad descriptiva, no faltan lo que podrían ser atisbos, perfiles aún inciertos de esa conciencia de penetración en lo absoluto que regula la más visionaria ruta poética de Juan Ramón. Todavía estaba lejos lo que constituye su normativa magistral: la subordinación del pensamiento lógico a la intuición iluminadora. En todo caso, lo que más abundan aquí son las composiciones de común aire popular, tan livianas a veces que dudo que su autor las hubiese salvado de un escrutinio de pocos años después. Siempre se tiene la sospecha de que los textos -los "borradores silvestres"- que por una u otra razón permanecieron inéditos se debe a que su autor no deseaba verlos publicados.

José Antonio Expósito Hernández, avezado especialista en la obra juanramoniana, ha indagado en aquellos archivos documentales que mejor podían acreditar que este libro alcanzara la condición de impecable. Y, en efecto, la estructura de la presente versión de Arte menor coincide rigurosamente con la que su autor previó, de acuerdo con los borradores ahora desempolvados. La fijación de los textos y la enumeración minuciosa de variantes, así como los apéndices de documentos, álbumes y notas, enriquecen de manera notable la edición, que mantiene las cinco secciones en que dividió el propio Juan Ramón el libro y figuran en distintas antologías, esto es: 1: Cancioncillas, 2: El jardinero sentimental, 3: Quinta cuerda, 4: Música en la sombra y 5: Los rincones plácidos.Entiendo que la más completa edición de este libro publicada con anterioridad a la que ahora comento es la de Francisco Garfias (Libros inéditos de poesía, 1, Aguilar, 1964). He cotejado ambas ediciones y las diferencias son notorias, no sólo por la ordenación general de los textos -algunos de dudosa pertenencia a Arte menor- sino por el número de poemas incluidos, que en el caso de Garfias son justamente 59, esto es, 83 menos, contando con los inéditos, que los reunidos por Expósito Hernández.

La lectura -o relectura- de este libro nos devuelve a un tramo de la poesía de Juan Ramón que acaso pudo quedar un poco desvanecido por el poderoso aparejo intelectual que determina la plenitud "ética-estética" de Animal de fondo, Dios deseado y deseanteEn el otro costado, donde figura Espacio, uno de los grandes poemas de las literaturas europeas medioseculares. Nada de eso debe restringir, sin embargo, el placer del reencuentro con unas canciones y romances donde se articula un modelo lírico de exacerbada delicadeza, de espontánea desnudez, conectado con ese "idealismo krausista" a que se refiere sagazmente Expósito Hernández en su 'Introducción' y que el propio Juan Ramón no tardó en dar por extinguido. En esas composiciones de "arte menor" hay versos muy hábiles -muy sutiles- de sólo una, dos o tres sílabas, aunque a veces se ensanchen hasta el eneasílabo o el endecasílabo, una peculiaridad que, según dictamina el poeta en la nota que encabeza el libro, "no creo que rompan con su rápida aparición el ritmo fugitivo y entrecortado de una cancioncilla". Yo creo que incluso lo mejoran.

Juan Ramón Jiménez fue elaborando las canciones de Arte menor a su regreso a Moguer, hacia 1905, después de haber superado en parte la hiperestesia tras su paso por sendos sanatorios de Burdeos y Madrid. Tenía entonces 25, 26 años. El retorno a aquellos escenarios nativos que nunca dejarían de alojarse en su memoria estimula en el poeta el gusto por las identificaciones campesinas. Es el mundo expresivo, aunque con otros ecos, que se afianza en Pastorales (1905), en Poemas mágicos y dolientes (1908), y es también la manifestación de una sensibilidad, por momentos quejumbrosa, superpoblada de vagos registros melancólicos, de jardines y penumbras, lunas y fuentes. La experiencia del poeta se centra de modo absorbente en ese recuento de la intimidad cotidiana de Moguer, valiéndose para ello de una decidida vinculación con los reflujos de los cancioneros populares.

Considero de lo más significativo el hecho de que Arte menor esté dedicado "a la memoria permanente de don Luis de Góngora y Argote, único ético estético de nuestro pasado, señor y dueño de las Piérides". En las fechas en que se escribió este libro -primeros ocho o nueve años del siglo XX- los poemas mayores de Góngora aún continuaban siendo vituperados por la crítica literaria al uso, con Menéndez Pelayo erigido en el más virulento denostador del "ángel de las tinieblas". Juan Ramón se anticipa en este sentido a la rehabilitación del autor de las Soledades promovida por Dámaso Alonso y secundada por los restantes poetas del 27. Que veinte años antes de ese rescate se pronunciara el autor de Arte menor reafirmando su devoción por Góngora, es desde luego un episodio ciertamente revelador. Supone al menos una evidencia más de la perseverante asimilación de las avanzadas estéticas que trasmitió Juan Ramón Jiménez al contínuum de su poesía.

Seducciones románticas


IV
Lamentos del débil
¡Para nada sirven / mis piernas!
¿A qué rosas de oro / me llevan?
¡El cielo está azul, / y yerran
esencias de pri- / mavera!
Caminos dorados / se alejan,
hay ríos, con naves / que sueñan,
hay pájaros verdes / que vuelan,
hay brisas de música / y seda...
Existe ya todo, / se acercan
los mundos, ¡a todo / se llega!
... Ni rosas, ni carnes, / ni estrellas...
¡Para nada sirven / mis piernas!
X
¡Luna en el día, / pluma de seda, /
pecho de diosa, / mano de reina!
¡Oh, luna blanca!, / que en la turquesa / del cielo claro, / dormida, sueñas;
que, tras los parques / con sol, esperas / la brisa malva / que te despierta
-silencio vago, / violeta fresca / que abre el crepúsculo / sobre la tierra-
...
Luna sonámbula, / princesa de pena, / casi sin luz, / casi deshecha;
¡Oh, vida mía! / ciega azucena, /
luna sin luz, / ninfa viajera...


Poemas de linaje popular


V
Pensando en una mujer malsana de Leo Putz.
Böcklin
¡Piernas redondas, / culebras blancas, / bajo la seda / gris de la falda!
Os enroscáis, / crudas y blandas, /
en frías fiebres / de olas malsanas.
Sois un redondo / montón de ansias, / sirenas verdes / de sangre pálida.
¡Oh, piernas frías, / carne de agua, / muslos marinos / llenos de algas...!
¡Piernas de lago, / culebras blancas / bajo la seda / gris de la falda!
X
¡Aguas serenas / del azul puro, /
en el encanto/ del plenilunio!
¡Finos diamantes / sobre el difuso /
jardín doliente! / ¡brisas de mundos!
¡Jazmines pálidos, / que al oscuro /
viento, soñáis / vuestros nocturnos!
¡Playas sin nombre, / viajes confusos / por rosas granas, / entre petunios!
Ritmos de seda, / hervores únicos, /
arrobamientos... / los ojos húmedos...
Calma... silencio... / sólo lo músico, / lo perfumado, / o lo errabundo...
¡Ondas eternas / del azul puro, /
en la nostalgia / del plenilunio!
Arte menor. Juan Ramón Jiménez. Edición crítica, introducción y notas de José Antonio Expósito Hernández. Ediciones Linteo. Ourense, 2011. 372 páginas. 25 euros.




jueves, 17 de febrero de 2011

Feria de libro objeto y gran concierto en fin de fiesta de Festival Poéticas Plurales



Hemos recibido una nota de prensa de escuelab.org sobre las actividades que se realizarán este viernes 18, en el marco de la clausura del Festival Poéticas Plurales y la muestra Música Posible. Estas comprenden una exhibición venta de libros objeto y libros de poesía experimental peruana, además de la presentación estelar de las agrupaciones Pentapolar Birds y Cocaína. La cita es en el Centro Fundación Telefónica, ubicado en la Avenida Arequipa 1155, Santa Beatriz, Cercado de Lima.

A continuación el programa:


SOBRE LA EXHIBICIÓN VENTA DE LIBROS OBJETO Y LIBROS DE POESIA EXPERIMENTAL (De 3 a 10 p.m.)

Participarán:

ONG World visión / con libros y poemas visuales realizados por niños.

POLIFONIA EDITORES / con los libros "El Bosque que silba" escrito por Cristina Sono e ilustrado por Abel Bentín, "El Mundo Invisible" escrito e ilustrado Fito Espinosa, "En Forma de palabras" escrito por Micaela Chirif e ilustrado por Gabriel Alayza.

TILSA OTTA / con los libros “50 años de la era espacial” y “El pequeño libro viviente”.

EFELANTE / con trabajos de Ricardo Maurtua y Marielena Z Pro.

LUISA FERNANDA LINDO / con los libros "Postizas", Postpop" y "Simulacro" y las plaquetas "Manténgase fuera del alcance de los niños", "Busco Emple-O°" e "Instrucciones antes de irse a Berlín".
TRANVIA EDITORES / con “El libro de dios y de los húngaros” de Antonio Cisneros, Dorada Apocalypsis” de Domingo de Ramos, “Estudios sobre un cuerpo” de Jorge Frisancho, “Las barcas que se despiden del sol” de Juan de la Fuente, “Tubular Bells” de Manuel Liendo Seminario, “Desvelo Blanco” de Ana María Falconí, La Distancia de Octavio Vinces, Catorce formas de melancolía de Eduardo Chirinos, “Morir es un arte” Mariela Dreyfus, “Sagrado Corazón” de César Ángeles, “Callejón del olvido” de Leopoldo Chariarse, “Las flores del Mall”, de José Antonio Mazzotti, “Garfirio”, de Álvaro Guzmán Catanzaro, “Fotografías escritas” de Cecilia Podestá.

ELIANA OTTA / con el libro “Necesidades”.

LUSTRA EDITORES / con todo su catálogo y en especial su último libro "Me he resignado a quedarme aquí" del importante poeta norteamericano John Giorno, además plaquetas de edición limitada (7 por ejemplar) de "La canción de amor de Alfred Prufrock" de T. S. Eliot, "Muerte sin fin" de Jose Gorostiza, "Poesía Vertical 12, selección", de Roberto Juarroz, "Campidoglio" de Jorge Eduardo Eielson, "Sonetos a Chopin" de Martín Adán.

SANDRA SUAZO / con su poemario "Papiroflexia", además de libros en exhibición de José Luis Ayala.
PAOLA TORRES / con libro objeto de la autora.

EDICIONES DE YUGGOTH / con el libro “Indivisible” de Luis Alvarado, poesía sonora “La voz de Jgruu”, y discos y dvds de Enzo Minarelli, entre otras sorpresas.

JUAN SALAS / con libros objeto esculturas del autor.

MANO FALSA / con libros de Miguel Colleti, Edgar Saavedra, Rocío Fuentes, No Revista Mano Falsa.

LIBRERÍA INESTABLE / con los libros "Mónadas" de Carlos M. Luis (cubano), "Juan Hidalgo” de Juan Hidalgo (español), "Clemente Padín" de Clemente Padín (uruguayo), "Boingo Bong" de Carlos Elliff (argentino), "Las Armas Molidas" de Juan Ramírez Ruiz (peruano), "Antología Poética" de Héctor Piccoli (argentino), "Poemas Visuales" de Clemente Padín (uruguayo), "Destellos" de Beatriz Sara Sedler (Argentina), "I Tu" de Cecilia Vicuña (chilena), "Sabor a Mi" de Cecilia Vicuña (chilena), "Mas Intimas Mistura" de Andrés Ajens (chileno), "No Insista Carajo" de Andrés Ajens (chileno), "El Arte Correo en Argentina", "Codex Mumndi. Escritura Fractal II" de Ramón Dachs (español), entre muchos cientos de libros más.

SOBRE PENTAPOLAR BIRDS (7 p.m.)
http://www.myspace.com/pentapolarbirds

En la que puede ser su última presentación en Lima, el proyecto solista de Trini Carrillo, nos ofrecerá una variada selección de piezas de piano y voz, acompañada además por algunas de las más destacadas instrumentistas del medio (próximamente más información).

SOBRE COCAÍNA (8 p.m.)
http://www.myspace.com/cocainarock

El trío conformado por Ignacio Briceño, Juan Francisco Ortega y Jorge Ramirez, realizarán una presentación especial en dos partes:

1) La musicalización de la poesía de Jorge Pimentel, específicamente un poema de su libro “Ave Soul”, llamado "14 entregas breves de amor y desarraigo para un musiquero con guitarra". Esas 14 entregas componen 14 canciones de formato breve (como los mismos textos) donde la banda busca plasmar la cautivamente simplicidad y colorido del lenguaje de Pimentel.

2) Seguidamente el grupo deleitará al respetable con su ya clásico y entrañable repertorio.

Y además habrá un taller relámpago de escritura creativa con Mano Falsa.

¡Todo esto y mucho más en este fin de fiesta de Poéticas Plurales!

domingo, 6 de febrero de 2011

John Giorno en la semana de autor del Centro Cultural de España en Lima


El martes 8 y el jueves 10 de febrero, a las siete y treinta de la noche en el Centro Cultural de España en Lima se presentará John Giorno (Nueva York, 1936), "figura crucial de la contracultura estadounidense, iniciador contemporáneo de la poesía como performance y el exponente máximo del llamado Spoken Word (arte de la palabra hablada), propuestas que vinculan a la literatura con otros lenguajes artísticos", según la nota de prensa.

Giorno fundó en 1968 un colectivo de artistas que recibió el nombre de Giorno Poetry Systems (Sistemas de Poesía Giorno): el propósito de este colectivo era difundir las nuevas formas poéticas, usando las nuevas tecnologías y los más variados medios y estilos, además del Spoken Word, el poetry slam (competición de declamaciones de poesía) y toda clase de actuaciones, que a menudo eran grabadas por el colectivo.

Algunos de los artistas que colaboraron con los Giorno Poetry Systems fueron William Burroughs, John Ashbery, Ted Berrigan, Patti Smith, Laurie Anderson, Philip Glass, Robert Rauschenberg y Robert Mapplethorpe.

Martes 8: Conferencia de John Giorno sobre Giorno Poetry Systems.
Jueves 10: Performance poética de John Giorno.



Como señana el poeta Paul Guillén en su reconocido blog Sol Negro, en el marco de la presentación, Lustra editores anunciará su primera publicación del año: Me he resignado a quedarme aquí de John Giorno, libro editado y traducido por Martín Rodríguez-Gaona que describe la extensa trayectoria de uno de los poetas experimentales más importantes de la actualidad, y que estará a disposición del público en las fechas señaladas. El libro trae un detallado prólogo, una selección de poemas (bilingüe), poemas inéditos, una entrevista y dossier fotográfico.



jueves, 3 de febrero de 2011

Vladimír Holan, el ángel negro de Praga



El diario El País de España nos ofrece hoy un estupendo artículo del periodista Manuel de la Fuente sobre la publicación por Galaxia Gutemberg/ Círculo de Lectores de «La gruta de las palabras», obra selecta del poeta checo Vladimir Holán, traducida y prologada por su gran amiga Clara Janés.


Sintió un golpe tan fuerte como Vallejo. Pero no era París, ni había aguaceros. Era una noche gélida en Praga, 1948. Y Holan, poeta, ex comunista, nacido bajo la constelación de Virgo, el 16 de septiembre cuarenta y tres años antes, condenado al ostracismo por sus ex camaradas (por su «formalismo decadente», le señalaron) tomó la decisión de su vida: jamás volvería a salir de su casa en la isla de Kampa, sobre el río Moldava a su paso por la capital bohemia. Dicho y hecho, y así durante más de cuatro décadas, hasta su muerte en 1980, viviendo tras el ocaso, descansando por el día, Holan se sumergió en la oscuridad. Pero noche tras noche, la pluma se deslizaba sobre el papel y daba vida a una obra poética capital del siglo XX.


El silencio de aquella casa apenas era interrumpido cuando el futuro Nobel Jaroslaf Seifert, íntimo amigo, le visitaba. O cuando una joven poeta española (que lo había descubierto al leer su libro «Una noche con Hamlet») rompió todos los hielos de Holan y se ganó su corazón. La escritora era Clara Janés.

La primera visita, marcada por el silencio del poeta, acabó con puntos suspensivos...«Vuelva cuando sepa usted checo». Y durante dos años, Clara lo aprendió y volvió, aunque por lo bajini él debía chapurrear algo de español aprendido en sus traducciones de Góngora.

Quién sabe si hubo más que palabras, pero hubo desde luego una intensa pasión literaria de Clara por Holan, pasión que arde ahora con la edición de «La gruta de las palabras» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), la obra selecta del poeta checo («el ángel negro», según Seifert) con traducción y prólogo de la propia Janés. «Una gruta es como un corazón, y Holan simplificó su estilo hasta dejar vernos el corazón, el lugar donde se halla la poesía, como pensaban los sufís. Este libro es como una cajita de música que recoge toda la música de las palabras de Holan», explica Janés.

«Me atañe el hombre»

La invasión nazi hizo cambiar los versos de Holan, para, como dice su traductora, «llegar al ánimo de los que sufrían»: «Siempre he sentido que me atañe el hombre. El poeta y el artista digno de ese nombre —manifestó el escritor en 1946— cambia el mundo y lo crea de nuevo, sea con la fuerza de la humildad, sea con la fuerza de la rebelión, pero siempre encaminando su esfuerzo hacia un fin: liberar... ¿cómo no desearía el poeta cambiar el rostro de este egoísta, brutal y catastrófico mundo, cambiarlo en vistas a una finalidad primordial: llegar por fin al hombre?, ya que millones de entre nosotros no son todavía hombres». Palabras que pueden resolver muchas incógnitas sobre la obra del praguense. No en vano, subraya Clara Janés, «siempre he creído que la poesía se resuelve como una ecuación, y en Holan el resultado al despejar la incógnita es siempre una sorpresa. El concepto en él es más importante que la palabra y puede decirse que su poesía estalla en una sucesión de conceptos».

Una traducción con la mano puesta en el corazón. El de Clara y el de Holan.

POEMAS DE VLADIMIR HOLAN


Detenido por una mujer...

Detenido por una mujer a las puertas de una ciudad desconocida
le supliqué: Déjeme pasar, sólo entraré
para salir de nuevo y volveré a entrar sólo para salir,
porque la oscuridad me da miedo como a todos los hombres.

Pero ella me dijo:
«¡Pues yo he dejado allí la luz encendida!».


Encuentro en el ascensor

Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.
Nos miramos sin hacer otra cosa.
Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad...
En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,
comprendí que nunca más la vería,
que era un encuentro de una vez para siempre
y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,
y que si ella se hubiera vuelto hacia mí
sólo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.

Versión de Clara Janés



Eva

A Maria Tomasova

Fue cuando el vino nuevo... El otoño
había tejido ya el mimbre en torno a las botellas,
y la serpiente, no encima de la piedra, sino debajo del brezo,
yacía sobre el vientre cubriéndose con su dorso.

"La belleza destruye el amor, el amor la belleza ", me dijo
y del mismo modo que antaño se sacrificaba a las diosas de
                        aquí y allá
un número impar de víctimas,
ella pensaba entonces nada más en sí misma,
imaginando con indiferencia
la eternidad sin inmortalidad...

Era tan hermosa que si alguien me hubiera preguntado
por dónde había ido con ella, no hubiera, sin duda, hablado
                        de paisajes
( a no ser que sintiera la impotencia de las palabras
y que sólo hiciera posible deletrear el silencio
la lluvia que cae en los presidios).
Era tan hermosa que quise
vivir de nuevo, pero de un modo distinto.
Era tan hermosa que en el fondo de mi delirante amor
me esperaba todavía íntegra toda la locura...
Versión de Clara Janés


Junto a la fuente, junto al estanque

Toda mujer hermosa es cruel
y humilla sin parecerlo precisamente a los hombres que,
                    desnudos,
arden por beber de la roca misma.

Pero es la muerte quien se les acerca, familiar,
se diría un gorrión de estación de ferrocarril,
en el momento en que ellos, junto al andén, sacan el pan
                     de su envoltorio...

Voy a tener un hijo, dijo la muerte.
Versión de Clara Janés

Noche de insomnio

Estaba solo, completamente solo,
incluso el sueño nocturno me había abandonado...
De pronto me pareció oír no unas palabras sino unos sonidos,
unos sonidos siempre en tres suspiros
Como viento y harina...
"¿Qué puede ser eso? ¡No hay tiempo que perder!",
mascullé, y enderezándome el cabello con un trago de vino
me puse en pie y, desnudo, palpé en la oscuridad
y un momento después la negra fiebre de mi mano
abría el armario... En su interior las polillas agitaban los trajes...
Soy más mortal que mi cuerpo...

Versión de Clara Janés