jueves, 28 de enero de 2010

Poema de Bruno Di Benedetto: ganador del LI Premio Casa de las Américas 2010


El poeta argentino Bruno Di Benedetto ganó el prestigioso LI Premio Casa de las Américas de Poesía, según se anuncio hoy en La Habana, Cuba. Di Benedetto nació en Avellaneda en 1955 y reside en Puerto Madryn, desde 1979. Ha publicado los poemarios Palabra irregular, Complicidad de los náufragos, Dormir es un oficio inseguro y Vengan juntos (relatos). A continuación un poema del libro ganador Crónicas de Muertes Dudosas. También se puede hallar en la red textos de otro libro suyo aún inédito "Country".


Conrado Victorio Domingues de Souza

Costa del Chubut, 13 de noviembre de 1895


Conrado Victorio Domínguez De Souza
el Portugués
gusta pasear los sábados por la mañana
por el inmenso cangrejal
que festonea el lado sur de la estancia.
Por allá camina, por donde el mar
golpea el médano
con lonjazos que crujen
saturados de salitre viejo y amargo.
- Ésta tierra es mía – dice Conrado Victorio
y de un bastonazo la jarilla vuela
verde, brillante, breve.
- Ésta playa es mía – dice, y gira sobre su pierna sana
- Cada granito de arena es mío- dice, y escupe saliva, sangre o vinagre.
- Vos sos mío – le dice al mar
y de las tristes profundidades de su bragueta
hace surgir un chorrito enclenque
que se funde con la inmensidad.
El cangrejal se pierde hasta el norte y hasta el sur.
La playa de arena fina y barrosa
está como picada de la viruela:
un millón de hoyitos
un millón de cangrejos
saludando con sus tenazas al viejo sol.
- Los cangrejos y los hoyitos también son míos – dice Conrado Victorio
y con la punta de la bota insulta la boca de una de las cuevitas.
Unas tenazas airadas apartan la arena
con dos sacudidas
y tajan el aire.
- ¡Ah! ¡Querés pelear! – se ríe Don Conrado
y se agacha hasta la altura de un cangrejo.
Busca un palito, algún arma barata y eficaz:
en aquel peladero no hay nada.
En sus bolsillos sólo hay billetes nuevos
de ésos que le gusta sobar de tanto en tanto
sin sacar la mano del bolsillo.
Conrado Victorio Domínguez de Souza
arma un tubito con una sola mano
(de paso se recuerda, jinete, amo y señor,
pitando tabaco del más áspero)
y le tira una estocada juguetona
al feo rostro del animal.
-Vos me hacés acordar a alguien – dice entre dientes Don Conrado
- Alguien que debe estar enterrado por acá nomás – finta y estocada
- Pobre infeliz – finta y estocada.
- Pobre infeliz – finta y estocada.
- Pobre infeliz – finta y estocada.
Conrado Victorio Domínguez de Souza
siente que el tiempo es como cangrejo
yéndose de costado
por el costado más oscuro de la memoria.


Era una tarde de viento agrio
aquella en la que citó al Vasco Basaldúa
en la boca del cañadón
que era como una cicatriz conversando con el mar.
- Traé la platita ésa que me dijiste que tenés –
le había dicho al Vasco – Tengo un negocio para vos.
- ¿Trajiste la plata? – le preguntó al vasco
apenas lo vio asomar
entre las matas de espinillo –
- Vos estás loco. Que querés, Portugués.
- Quiero comprar estas tierras.
- ¿Este cangrejal?
- Todo esto, hasta aquellas lomadas:
hay un manantial allá,
por el lado de las cortaderas. Dame la plata y somos socios.
- Vos estás mamado, Portugués, esa plata es para irme de acá. Me quiero volver.-
y volteó hacia el mar, de donde venía
un olor rayado de algas y pescado muerto.
- Mamado tu abuela – gruñó el portugués
mientras descargaba el palazo.
- Pobre infeliz – rezó
mientras lo pisaba entre los omóplatos
le tiraba los pelos para atrás
y lo degollaba de un tajo.
Conrado Victorio Domínguez de Souza
se quedó mirando
el riachuelito rojo que bajaba apenas
hasta la línea de marea
y teñía la espuma de la liviana rompiente.
Como en medio de un sueño,
cavó entre los hoyos del cangrejal,
empujó adentro al Vasco Basaldúa, lo tapó bien
y después, tranquilo, fue a buscar la plata
que el vasco le había confesado tener
entre dos malos porrones de ginebra.

- Pobre infeliz – finta y estocada – tu platita la invertí bien.
- Ahora todo esto y hasta detrás de las lomadas es mío – finta y estocada
- O nuestro... – finta risita y estocada – Pobre Vasco, pobre infeliz.
Veloz como un mal recuerdo
una pinza atrapa el billete y lo mete en la cueva.
- ¡Dame eso, carajo! y mete dos dedos.
El picotazo, más que dolerle, lo enfurece:
- Dame eso, cangrejo de mierda – y se pone a escarbar.
Por entre los arroyitos de arena
la cuevita sigue y sigue.
Furioso, Don Conrado Victorio hunde el bastón en la arena
como en el lomo de una ballena muerta.
Clava y clava y escupe hasta que la arena se desmorona
con un quejido de seda.
Conrado Victorio Domíngues de Souza
cae y cae aferrado a su bastón.
Golpea suave contra el fondo
y abre los ojos a una luz que no viene
ni del sol, ni del fuego ni del relámpago.
Son las paredes de roca las que exudan una luz verde y aceitosa.
Como en un nicho: un esqueleto
un cachivache desarmado.
Una calavera volteada de lado, mirándolo
como miran las calaveras:
vacíos los ojos
y todos los dientes
en una risa eterna
en la que brillaba, verdoso, un diente de oro barato.
- Sos vos, Vasco, pobre infeliz – lo reconoce Conrado Victorio.
En ese momento siente la mordida,
en la mano apoyada en el suelo.
Revolea la mano y el cangrejo vuela y estalla contra la pared.
Y ahí los ve.
Cien o trescientos o mil cangrejos
que se le vienen al humo.
El bastón comienza un tic tac de péndulo,
la puntera de plata brillando en la luz biliar.
Los cangrejos no se cansan de venir,
como olitas de un mar empecinadamente vivo.
Los cadáveres se apilan hasta entre las costillas
del Vasco Basaldúa
que parece mirar
y que parece reír.
Después de un rato los cangrejos se retiran,
pero no muy lejos.
Pasa una hora.
Pasan dos.
No hay forma de salir de ahí.
La tenaza del hambre muerde
en el esófago y en el estómago.
Distraído, Conrado Victorio le arranca la pata a uno de los cadáveres
y muerde. Y chupa.
- No está mal – le dice al vasco. ¿Vos querés?
Conrado Victorio Domíngues de Souza come y come.
Y cuando viene el segundo ataque
se siente fuerte y dichoso.
- El Portugués gana siempre, bichos de porquería, para que lo vayan sabiendo.
- Me los voy a comer a todos.
Una semana después, las cáscaras de los vencidos
se desparraman por toda la inmensa cueva.
De alguna manera misteriosa,
la carne que chupa de esas patas quebradas a bastonazos
lo mantiene fuerte y sin sed.
- El Portugués gana siempre, sabandijas - grita Conrado Victorio
escupiendo cáscaras y tenazas-
- Siempre.
- Siempre.

Dicen que en alguna noche oscura
se ve salir de algún hoyito del cangrejal
una luz verde, una luz enferma.
Dicen que cuando no hay viento
revientan golpes y risitas
contra los acantilados.
Dicen que uno escuchó, una vez, como desde muy lejos,
una voz que sonaba a piedra pómez
y a sulfuro
y a óxido fatal:
- Y vos de qué te reís, Vasco jetón.
- Infeliz.
- Pobre infeliz.


Más sobre los resultados.

Blog de Bruno Di Benedetto.


*La foto ha sido tomada de http://arteuna-newen.ning.com/.


lunes, 25 de enero de 2010

Presentan nuevo poemario de Karina Valcárcel




Este jueves 28 de enero, a las siete de la noche, en la Sala de Lectura Alberto Flórez Galindo de la histórica Casona de San Marcos (Nicolás de Piérola 1222), el poeta Arturo Corcuera presentará el poemario de Karina Valcárcel, Una mancha en el colchón.

Sobre esta obra el poeta Miiguel Ildefonso señala que nos inmersa en las copiosas batallas del amor y la muerte, y en el iridiscente charco de la memoria y que se trata de Poesía entre el desborde pasional del eros y la lúdica meditación: todo aquello enrarecido en una cotidianeidad que nos interpela y a veces nos exacerba, aun mucho más que la realidad. Una mancha en el colchón nos demuestra no solo que «Erótica es anagrama de teórica», sino que la poesía es el arte que mejor moldea el caos del tiempo, el caos gozoso del amor y la caótica incertidumbre de la muerte.

Karina Valcárcel (Lima, 1985) es estudiante de ciencias de la comunicación. Fue editora de la publicación de creación en formato fanzine Heridita hasta su último número impreso en 2008. Ha publicado Poemas cotidianos (Casatomada, 2008). Textos suyos han aparecido en distintos medios, impresos y virtuales, así como en la muestra colectiva Cuatro (Paracaídas, 2009). Ha organizado recitales en diversos espacios culturales de la capital y el festival de arte integrador Fusiona en su primera edición. Escribe como respira. No baila.







sábado, 16 de enero de 2010

SIMPLEMENTE, HAITÍ




El ángel del pobre

Por: Giuseppe Ungaretti


Ahora que invade las ofuscadas mentes
Una piedad más áspera que la sangre y la tierra,
Ahora que nos mide en cada latido
El silencio de tantas muertes injustas,

Que se despierte ahora el ángel del pobre,
Superviviente nobleza del alma...

Que con el gesto inextinguible de los siglos
Descienda a la cabeza de su viejo pueblo,
En medio de las sombras...

                                                      (De "El Dolor")


jueves, 7 de enero de 2010

Vídeo: Todo es poesía menos la poesía

Así se llama el espacio por internet del poeta español Gonzalo Escarpa. A continuación uno de los videos que busca mostrar que “la tecnología no está reñida con la poesía y mucho menos con el arte”. Veamos.



Les recomiendo visitar Letralia.


viernes, 1 de enero de 2010

El poeta Adonis cumple ochenta años



El poeta libanés de origen sirio Adonis (seudónimo de Alí Ahmad Said Esber) cumple 80 años, número mágico que nos remonta a las raíces del mundo. El diario El mundo ha publicado un interesante artículo sobre este notable artista escrito desde París por Sabine Glaubitz.

Adonis, siempre voceado para el Premio Nobel, es autor de un universo poético que logra la confluencia prodigiosa de dos de los ríos culturales más grandes de la humanidad: oriente y occidente. Leamos el texto.

"Su cautela es comprensible. Desde hace 50 años, este escritor y pensador ajeno al dogma participa en el debate político con tesis provocadoras. Cuando el poeta y el 'homo politicus'se convierta en Año Nuevo en octogenario podrá echar la vista atrás a una carrera de 60 años que lo convierten en uno de los renovadores más radicales del mundo árabe.

Adonis (...) forjó su poesía de su continua peregrinación entre las figuras del pensamiento orientales y occidentales.

Relaciona figuras como Ulises, Sísifo u Orfeo con la mística islámica y confronta la poesía árabe con la cosmovisión de Holderlin, René Chars o Nietzsche, pensadores de la modernidad que hasta la fecha han suscitado enérgicos debates.

El arte lírico de Adonis tiene en parte un aspecto profético, dado que su poemario 'Epitafio para Nueva York', publicado en los años 70, está considerado un vaticinio poético de los atentados del 11 de septiembre por la visión de hundimiento de la metrópolis por excelencia del mundo occidental.

Lo que Adonis consigue es plasmar negro sobre blanco en forma de verso, algo que va mucho más allá de una hermosa poesía. Es un "proyecto cultural civilizado para volver a reescribir la historia árabe y redefinirla..."

Lea el artículo completo.


DOS POEMAS DE ADONIS


IV (fragmento de Epitafio para Nueva York)

"¡Ah Nueva York, mujer sentada en el arco del viento!
Forma más difusa que el átomo.
Punto que se precipita en el vacío de los números.
Con una pierna en el cielo y otra en el agua.

Dime: ¿dónde está tu estrella? Comienza la lucha entre la hierba
y los cerebros electrónicos. Nuestra época está colgada de la
pared: desangrándose. Arriba, una cabeza une los dos Polos.
En el centro, Asia. Abajo, dos pies para un cuerpo invisible.
Te conozco, ah cadáver que te bañas en esencia de amapolas.
Te conozco, divertido juego de los senos de mujer. Te miro
y sueño en el hielo. Te miro y espero el otoño.

Tu hielo lleva en sí la noche, tu noche lleva en sí a la gente
como murciélagos muertos. Cada muro es en ti un
cementerio.
    Cada día es un sepulturero negro
    que lleva una hogaza negra, un plato negro.
    Y en ellos traza la historia de la Casa Blanca: (...)".


Paz

a los rostros que caminan en la soledad del desierto,
al oriente revestido de hierbas y de fuego.
Paz a la tierra lavada por el mar, la paz sea con su amor...
Tu desnudez fulgurante ha conseguido el don de la lluvia,
a mis pies se rinde el trueno y en mi pecho madura el tiempo
y avanza. Ésta es mi sangre, destello de Oriente.
Sírvela como alimento y vete. Derróchame en tus muslos,
eco y relámpago. Sírveme como alimento, revístete de mi cuerpo.
Astro y orientación es mi fuego, guía divina mi herida.
Deletreo...
Deletreo y dibujo una estrella que mi país dibuja
en las trazas de sus días vencidos.
Ay, ceniza del verbo,
¿tiene acaso mi historia un niño en tu noche?